Análisis de Dying Light 2: Stay Human. Parkour con zombies toma dos

  • Dying Light 2: Stay Human llega tras muchos retrasos, pero vuelve con su propuesta de parkour y zombies en mundo abierto

  • Un juego con muchas cosas que hacer y una historia que nos ha cautivado

  • Nuevas mecánicas, nuevos zombies y muchas armas y habilidades para dominar

Han pasado siete años desde que Dying Light viera la -tenue- luz en nuestras pantallas. Aquel juego, que sin ser una gran revolución, aportó lo suficiente a un género tan trillado como el de matar zombis y se convirtió muy rápido en uno de los favoritos de los jugadores. Ahora, más de un lustro después, su secuela llega para continuar el legado y calmar el ansia jugona de aquellos que nos quedamos con ganas de más parkour, más zombis y más acción. Dying Light 2: Stay Human nos vuelve a llevar a un mundo abierto donde las calles serán nuestro parque de recreo, y las criaturas que ahí nos encontremos nuestras víctimas propiciatorias.

Porque, como no podía ser de otra forma, la base que convirtió a Dying Light de videojuego a franquicia sigue intacta. Nos encontramos con una historia narrada en primera persona en una ciudad enorme, por la que podemos vagar con toda libertad, con la única restricción de las zonas que se van desbloqueando. Esta fórmula, que ya hemos visto innumerables veces, funciona bien por sí sola. Juegos como Dead Island lo han demostrado en repetidas ocasiones, pero lo que hace grande a un juego es su personalidad. Y en eso destacó la primera entrega de esta serie, mezclando la ciudad y la forma de acabar con nuestros enemigos más clásica con elementos de parkour que convertían recorrer las calles y tejados en pura delicia. Además, le añadió otro elemento, que aunque no fuera novedoso, sí supo hacerlo propio. El día y la noche.

Ya habíamos visto, por ejemplo en Dead Rising, que los ciclos de día y noche podían afectar al comportamiento de las criaturas. En este caso, no es tanto así si no que modifican más a la ubicación y cantidad de enemigos que nos vamos a encontrar dependiendo del momento del día. Hay ciertos eventos y misiones secundarias que solo podremos realizar bajo el amparo de la luna, y ciertas criaturas que solo aparecen cuando llega la noche. La sensación, que ya tuvimos en la primera parte, de que al ponerse el sol el mundo es mucho más peligroso -y hablamos de un mundo que ya durante el día está plagado de criaturas abominables- se acentúa en esta segunda entrega, por dos interesantes novedades.

Luz ultravioleta y persecuciones

La primera novedad, sin querer desvelar mucho de la trama, es la que nos convierte en una persona especial, con más fortalezas pero con algunas debilidades. Una de estas es nuestra necesidad de depender de la luz ultravioleta para poder subsistir. Sin ella, en muy pocos minutos, nuestra inmunidad descenderá hasta el mínimo y después de ello nuestra salud. La forma más natural de recibirla es, por supuesto, la luz del sol. El problema es que esta luz no llega a los interiores de los edificios y por supuesto, no podemos contar con ella durante la noche. Para remediarlo, esparcidos por la ciudad hay varios puntos de luz artificial que, o bien están activos o tendremos que instalar nosotros, y que se convertirán en nuestro pequeño oasis, nuestra zona segura y donde podremos poner a tope de nuevo nuestro marcador de inmunidad. Esta novedad le añade al juego una capa de tensión, obligándonos a controlar cuánto tiempo estamos fuera de la luz protectora, a aprovisionarnos con inhaladores o setas mágicas que ayudan a nuestro sistema inmunitario, y controlando en todo momento a qué distancia está la luz ultravioleta más cercana, así que además de esa tensión añadida nos obliga a planificar nuestras incursiones nocturnas mucho más de lo que lo hacíamos en la anterior entrega.

La segunda novedad que hace la noche más peligrosa son las persecuciones. Como ya puedes suponer, hay varios tipos de zombis, uno de ellos son los alentadores ya vistos en Left 4 Dead o State of Decay, por poner un par de ejemplos, cuya misión es alertar a hordas de enemigos cercanos. En esta entrega, lo que ocurre cuando esto pasa es que comienza una persecución cuya intensidad va en aumento, al más puro estilo de las persecuciones policiales en GTA. Para finalizarlas deberemos llegar a una zona segura y quedarnos ahí hasta que se disuelva la manifestación ilegal de zombis a la puerta de nuestro refugio o bien escondernos en alguno de los puntos que encontraremos en nuestra carrera, con el peligro que conlleva tanto que nos descubran como quedarnos sin inmunidad por la falta de luz. Así que un consejo claro, si comienza una persecución, toma tu papel de perseguido y corre sin mirar atrás.

De todo se aprende

A lo largo del texto hemos mencionado varias referencias, con la intención de ayudarte a situar Dying Light 2: Stay Human en tu imaginario. Además de las ya nombradas, hay dos juegos que podría decirse son la base sobre la que se sustenta este. Mirror’s Edge y la saga Far Cry. Si hemos jugado lo suficiente a ambos, tendremos la sensación de estar ante un spin-off de cualquiera de ellos en muchos momentos. El primero por su aportación al mundo de las plataformas en primera persona, algo de lo que haremos intenso uso en este juego, especialmente cuando lleguemos a la zona centro de la ciudad, y el segundo por muchas de sus mecánicas, el uso de las crucetas para armas y curaciones y por algunas misiones de toma de fortalezas que podrían venir directamente de la saga de Ubisoft.

Pero hay más referencias, algunas menores, como la forma de abrir contenedores y puertas usando ganzúas como hacíamos en Skyrim, sin ir más lejos. Todo ello conforma un cóctel que lejos de hacernos sentir que copia, nos da la sensación de que ha tomado lo necesario de cada uno para formar un juego con mucha personalidad.

No todo es bueno

Dying Light, luz tenue, es un buen nombre para el juego. Por la influencia que tiene la luz en él, como ya hemos contado. Pero toda luz, por muy pálida que sea, proyecta sombras, y en este caso no estamos ante una excepción. Es cada vez más habitual que los juegos salgan al mercado sin la preocupación de que estén totalmente pulidos, y este Dying Light 2 no es una excepción. A lo largo de nuestra aventura nos encontraremos con diversos fallos, esos inevitables bugs que a veces son divertidos y otras irritantes. Desde algunos de los más clásicos, como personajes secundarios con los brazos en cruz, como si no atendieran las órdenes que les da el programador después de pasar por el modelado, o partes de la historia que no están traducidas, hasta otros no tan divertidos y con mucha más incidencia en el juego, como misiones que desaparecen o enemigos especiales que deberían estar en un punto marcado en el mapa y no hacen acto de presencia. Por suerte, muchos de estos fallos se corrigen al reiniciar el juego, pero no deja de ser una molestia grave, que aunque no te va a hacer que dejes de jugar al juego, no deberían estar ahí.

Su historia

Y no vas a dejar de jugar porque vas a querer saber qué le pasa a Aiden. La historia que nos van desgranando desde el principio y que sirve como excusa para todo lo que viene después hará que queramos hacer siempre una misión más, nos va a poner en modo portero para enterarnos de qué pasó con aquel personaje que nombran. Además, a medida que avanzas en el juego tendrás que tomar decisiones, decantarte por alguna de las facciones que componen este nuevo mundo al estilo de lo que sucedía en Fallout, pero quizá con algo menos de profundidad. Y aunque tenemos la certeza de que la historia va a fluir por donde los guionistas quieren, la sensación que nos deja la toma de estas decisiones es la de que lo estamos cambiando todo. Si ayudamos a unos o a otros veremos como la interacción con los grupos cambia. De ser amables a serlo algo menos, e incluso a convertirse en elementos completamente hostiles. Además, el ayudar a unos u otros nos proporcionará ventajas por la ciudad, como tirolinas instaladas en los edificios para facilitarnos el acceso a ciertas zonas o trampas por las calles que nos pondrán las cosas más fáciles a la hora de enfrentarnos a los enemigos. Es nuestra decisión elegir hacia donde nos decantamos, y muchas veces estas decisiones serán complicadas de tomar, proponiendo dilemas morales que nos van a dejar pensativos por un rato.

Por supuesto, no solo la ciudad evoluciona. A lo largo de nuestras horas de juego iremos adquiriendo más habilidades en dos campos diferenciados: la lucha y la agilidad. Ir desbloqueando beneficios en uno u otro definirá nuestro estilo de juego, aunque dada la naturaleza del mismo lo mejor es centrarse primero en las habilidades de escalada y resistencia para poder llegar a más zonas y conseguir así más mejoras para invertir en nuestro personaje.

También cambian las armas y las ropas que llevamos, que además se reflejan personaje que vemos en la pantalla de título en un buen detalle del juego. Las armas en concreto tienen la cualidad de no durar para siempre, lo que nos va a obligar a ir cambiando constantemente de una a otra. Nada de lo que preocuparse. Entre las tiendas donde podremos encontrar las mejores y los saqueos que haremos por la ciudad nos aprovisionaremos con armas más que de sobra para enseñar a esos cabeza hueca quién manda aquí. Las armas no se pueden reparar como tal, aunque se les puede añadir modificaciones que otorgarán a cada una unos cuantos puntos de duración extra. Estas modificaciones son fuego, electricidad o veneno por ejemplo, para hacer de nuestra katana una espada de fuego que siembre el terror por donde vayamos.

En definitiva…

…y sumando todos los factores, Dying Light 2: Stay Human es un juego sobresaliente. Imprescindible si te gusta el género y muy disfrutable si los juegos de acción en primera persona te hacen pasar horas frente a la pantalla. Sin contar con el factor sorpresa del primero, pero avalado por este, y perdonando los fallos que estamos seguros se corregirán en futuros parches, estamos ante un juego que coge elementos de aquí y de allá y los hace propios, un juego que nos va a mantener en tensión durante el día intentando profundizar más en la historia, y durante la noche para no acabar siendo la comida de esos monstruos, un juego que nos va a querer buscar un cofre más con el que mejorar a nuestro querido Aiden y un juego que nos va a dar muchas horas de diversión saltando de la azotea de un edificio a otra a ver que es aquella interrogación que nos marca el mapa. Siempre querremos jugar un rato más, reventar un par de craneos más y descubrir uno más de esos secretos que esconde una ciudad a la que cogeremos tanto cariño que querremos modificarla a nuestro antojo.

*Hemos realizado esta review con un código de Dying Light: Stay Human de PS5 proporcionado por Techland.