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El hombre que encontró el cuerpo de Elisa Abruñedo confiesa cómo fue vivir bajo las sospechas de sus vecinos: "Tenía miedo de que llegasen a mis hijos"

La versión de Delfín Feal. 'En guardia'
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El 2 de septiembre del 2013, en la aldea coruñesa de Lavandeira, un hombre denuncia la desaparición involuntaria de su esposa ante la Guardia Civil. Elisa Abruñedo, quien había salido a pasear sola la tarde del 1 de septiembre, alarmó a su familia al no dar señales y no responder a las 50 llamadas que le hizo su hijo Adrián.

Su familia decidió ir en su búsqueda, pasando toda la noche recorriendo las proximidades de su casa, hasta que amanece y deciden acudir a las dependencias policiales: "Ya intuían que algo malo le tenía que haber ocurrido". Las primeras hipótesis que barajan, según cuentan los agentes en este entrega de 'En guardia', es que sufriera algún accidente, por lo que deciden establecer un dispositivo de búsqueda donde también participan Policía Local, Protección Civil, los vecinos y la propia familia.

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Tras caer la noche, los agentes suspenden la búsqueda. Momentos después, Delfín Feal se acerca a la puerta de la casa para comunicarles que había encontrado por su cuenta el cuerpo sin vida de Elisa Abruñedo: El vecino comparte su versión de los hechos en 'En guardia'.

Así encontró Delfín Feal el cuerpo sin vida de Elisa Abruñedo

Al enterarse al día siguiente de la desaparición del Elisa Abruñedo, Delfín Feal cae en que le había visto alrededor de las nueve de la noche caminando: "La vi a 50 metros de mi casa". "Me crucé con ella y el coche y casi le doy un golpe. Tuve que hacer un quiebro porque iba caminando sobre la carretera, no sobre el arcén", añade el testigo.

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Fue entonces cuando acude junto a su primo a casa de la desaparecida, lugar en el que se encuentran con el dispositivo de búsqueda. Ellos le comentan que hasta la mañana siguiente no se reanuda la investigación, pero Delfín Feal no se queda tranquilo: "Salimos de ahí y al llegar al cruce le dije 'Vamos a buscar ya que estamos aquí'. Recorrimos todo el trayecto hasta donde yo la vi, no vimos nada. Al regresar subimos los dos por el margen derecho y me doy cuenta de que hay una maleza movida, no era normal".

"Entras por intuición o porque ves algo raro pero sin ánimo de encontrar nada. Con el foco tienes el haz central muy potente y un halo difuminado. Con el halo en el rabillo del ojo ves que hay algo", recuerda el vecino, quien se dijo cuenta en ese preciso instante de que se encontraba allí. "Estaba desnuda y tenía unas manchas de sangre por el pecho. No dejé a mi primo que se acercara a ver nada", añade Delfín Feal, quien dio aviso acto seguido a los agentes. "Lo único que se me vino a la cabeza fue: '¿Qué fue lo que pudo haber pasado?'", comenta.

La reacción de los vecinos de Lavandeira

Las habladurías generaron una gran desconfianza en los vecinos de Lavandeira, quienes se señalaban unos a otros. Sin embargo, el mayor perjudicado fue Delfín Feal: "Yo lo notaba. Si yo me cruzaba, la gente paraba de hablar, bajaban la cabeza. Eso era directamente conmigo, pero luego estaban los comentarios que me llegaban de forma indirecta".

"Yo soy consciente de que era el primer sospechoso", confiesa. De hecho, se le tomó una muestra de ADN para descartar su involucración en el caso. No obstante, "los vecinos sacan las conclusiones que le parecen y de homicidios entiende todo el mundo. Lo culpaban a él y el pobre aguantó ahí como pudo esa presión", comenta la agente Begoña Rodríguez.

"Hubo muchos comentarios que me dolieron muchísimo. Yo el miedo que tenía era que esos comentarios llegasen a mis hijos. Mi máxima preocupación era que mis hijos no se enterasen de nada: tenían siete y 11 años. Hacia mi persona me dolía pero moralmente yo estaba tranquilo", se sincera el vecino.

Cuando se descubrió finalmente quién era el asesino de Elisa Abrueño, la actitud de los vecinos con Delfín Feal cambió por completo: "Esa gente sí está avergonzada y bajaban la cabeza cuando me cruzaban".