¿Engordamos simplemente por respirar aire contaminado?
Ahora, una nueva investigación revela que, además de enfermarnos, las toxinas también son las culpables de que engordemos, explica el doctor Michael Mosley en un artículo en DailyMail.com.
Los investigadores de la Universidad de California siguieron a más de 2.300 niños estadounidenses desde la infancia y descubrieron que, a la edad de diez años, los jóvenes expuestos a la mayor cantidad de contaminación del tráfico eran, en promedio, más gordos que los niños que respiraban un aire más limpio.
Fundamentalmente, las exploraciones de los pulmones de los niños mostraron que los niños que pesaban más, que viven en áreas más contaminadas, tenían significativamente más signos de daño físico en los pulmones.
Los científicos creen que respirar partículas irritantes, desde los vapores del tráfico hasta el humo del cigarrillo, provoca una cascada de reacciones inflamatorias en el cuerpo. Primero, los contaminantes irritan los pequeños sacos de aire en los pulmones, provocando una respuesta de estrés que implica la liberación de hormonas. Estos reducen la capacidad del cuerpo para absorber energía (o glucosa) de los alimentos, dejando los niveles de azúcar en la sangre sin control.
Cuando los niveles de azúcar en la sangre son inestables, las fluctuaciones en el apetito aumentan, haciéndonos más propensos a comer en exceso, destaca el doctor Mosley.
Los contaminantes también desencadenan la liberación de moléculas llamadas ‘citoquinas’, que envían el sistema inmunitario una sobrecarga, causando inflamación en el cerebro y el cuerpo. Los estudios en ratones han demostrado que esta inflamación cerebral también puede llevar a comer en exceso.
Los camiones, autobuses y vehículos diésel son especialmente dañinos debido a la cantidad de óxidos de nitrógeno que emiten. Los óxidos de nitrógeno pueden convertirse en moléculas microscópicas conocidas como materia particulada (MPA) que irritan aún más los pulmones.
Están cubiertos de químicos, por lo que cuando los inhalas llevas una serie de irritantes a los pulmones. Una vez en el torrente sanguíneo, estos provocan daños en las paredes de los vasos sanguíneos, lo que lleva a enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares.
Y permanecer dentro del coche no te protegerá. Podría pensarse que la mayor exposición a los humos nocivos proviene de estar afuera en áreas urbanas ocupadas. Pero de acuerdo con estudios científicos, es precisamente dentro de los coches con las ventanas cerradas donde la contaminación es mayor, explica el doctor Mosley.
Una serie de estudios holandeses mostraron que los conductores que se encontraban dentro de los vehículos estaban expuestos a niveles mucho más altos de contaminación del aire que aquellos que caminaban o pedaleaban por las mismas rutas urbanas.
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