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¿Está roto el ascensor social? La generación de la PAU se enfrenta a una carrera de obstáculos para estudiar y prosperar

¿Está roto el ascensor social? La generación de la PAU se enfrenta a una carrera de obstáculos para estudiar y prosperar
Noticias Cuatro analiza la situación a la que se enfrentan los estudiantes en la actualidad.. Noticias Cuatro
  • Cada vez se exigen notas más altas para acceder a carreras públicas

  • Las escuelas profesionales públicas para ser piloto, controlar, maquinista ya no existen

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Más de 250.000 estudiantes afrontan estos días una de las semanas más decisivas de su vida académica. La Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), la antigua Selectividad, vuelve a convertirse en la gran puerta de entrada al futuro. Durante horas se juegan una nota que puede determinar si entrarán o no en la carrera soñada y, en muchos casos, si podrán hacerlo en una universidad pública. Si tienen dinero podrán permitírselo.

Sin embargo, cada vez más jóvenes descubren que ni siquiera obtener buenas calificaciones garantiza el acceso a los estudios deseados. Las notas de corte se disparan, las plazas públicas siguen sin crecer al mismo ritmo que la demanda y el coste de continuar la formación aumenta. La pregunta aparece inevitablemente en plena temporada de exámenes: ¿sigue funcionando el ascensor social en España?

La sensación de deterioro de la movilidad social ha ganado espacio en el debate público.

El vínculo entre estudios y oportunidades laborales sigue siendo evidente. El informe de BBVA “A mayor nivel de estudios, mayor salario” recuerda que «los trabajadores con niveles educativos superiores presentan mayores tasas de empleo y mejores salarios».

Notas imposibles y plazas insuficientes

El primer obstáculo aparece antes incluso de entrar en la universidad. Las plazas públicas permanecen prácticamente estancadas mientras aumenta el número de aspirantes. En algunos grados sanitarios o de alta demanda llegan a competir decenas de estudiantes por una sola plaza.

Miles de jóvenes con expedientes sobresalientes quedan fuera de la titulación deseada. El resultado es que muchos terminan buscando alternativas en universidades privadas para poder continuar la formación elegida.

Estudiar a crédito para seguir una vocación

La universidad privada gana peso y, paralelamente, aumentan los préstamos destinados a pagar estudios superiores.

Es el caso de Nataly Amagua, estudiante de quinto curso de Odontología en una universidad privada. Pese a contar con notas cercanas al sobresaliente, no consiguió acceder a la pública y tuvo que matricularse en una privada para seguir su vocación.

Compagina los estudios con trabajo en el sector del taxi para ayudar a costear una formación especialmente cara. Además, critica las diferencias en la PAU entre comunidades autónomas: considera que la dificultad no es homogénea y que eso puede influir en el acceso.

El título universitario ya no basta

Pero la carrera de obstáculos continúa incluso después de graduarse.

Para ejercer en profesiones como abogacía, determinadas ingenierías o psicología es obligatorio cursar un máster habilitante. El grado universitario ya no garantiza por sí solo la entrada al mercado laboral.

A ello se suma la desaparición o privatización de antiguas escuelas públicas especializadas. Profesiones como piloto comercial, controlador o maquinista requieren hoy inversiones económicas muy superiores a las de generaciones anteriores.

El ascensor social se sostenía sobre una idea sencilla: el esfuerzo debía pesar más que el origen familiar. Sacar una buena nota, entrar en la universidad pública y progresar gracias al mérito.

Pero para muchos estudiantes ese recorrido se complica. La excelencia académica sigue siendo necesaria, aunque el factor económico parece adquirir cada vez más peso.

Mientras miles de jóvenes se preparan para la PAU, el mensaje parece claro: sacar una nota excelente sigue siendo imprescindible. La duda es si seguirá siendo suficiente para no quedarse atrapado en el ascensor social.