El 21 de diciembre se podrá ver la conjunción planetaria que vieron los Reyes Magos en su camino a Belén
No se ve por la noche desde hace 800 años
Este 21 de diciembre tendrá la mejor y al mismo tiempo la última oportunidad de presenciar a simple vista un fenómeno que no se veía de noche, desde hace 800 años: la estrella de Belén. Respecto a ese fenómeno astronómico hay mucha discusión porque las referencias en la Biblia son muy pocas. Como leyenda, seguramente la que más ha influenciado en el mundo, lo que describe la Biblia hay que tomarla con cierta distancia.
Aún así, siempre se puede rebuscar en su maravillosa narración hechos que podrían haber sucedido realmente. Algunos astrónomos actuales rehúyen hablar de “estrella de Belén” quizá por un temor a abordar fenómenos popularizados y basados en hipótesis. Sin embargo, otros que van desde Isaac Asimov en su ensayo 'La estrella de Belén', pasando por Patrick Moore y Mark Kidger del Centro Científico de la Agencia Espacial Europea o Grant Mathews, profesor de Astrofísica Teórica y Cosmología en la Universidad de Notre Dame (EE. UU.) no han tenido reparos en abordar esa leyenda.
Las hipótesis de la estrella van desde que era un cometa, una supernova, lluvias de estrellas. Sin embargo, como señala Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional y autor del libro “El universo improbable” (Ed. La esfera de los libros), “con la dificultad que entraña un estudio de este tipo por la falta de datos, podríamos decir que los Reyes Magos de los que habla la Biblia, podrían haber visto la conjunción planetaria de Júpiter y Saturno”.
La conjunción, es un fenómeno óptico que se produce cuando los planetas, en este caso la de Saturno y Júpiter, quedan alineados. Así, ante nuestra mirada desde la Tierra tendríamos la sensación de encontrarnos ante una estrella muy brillante y que se mueve. Como saben las estrellas no se mueven, mientras que los planetas sí. Estos brillan básicamente porque reflejan la luz del sol. A mayor tamaño de planeta, como es el caso de Júpiter y Saturno, pues mayor brillo.
Para encontrar una conjunción como esta, habría que remontarse a 1623. Pero, en aquella ocasión, la conjunción no resultó visible porque era de día, así que hay que ir al año 1223 para haberla visto a simple vista de noche.
La distancia de la Tierra a Júpiter se acerca a los 900 millones de kilómetros y a Saturno más de 1600 millones. Para darnos cuenta de las dimensiones en las que nos movemos nada mejor que hablar con César González, astrónomo y divulgador del Planetario de Madrid. Con él hacemos un experimento clarificador.
Reducimos la tierra al tamaño de una canica, con lo cual el de Júpiter y Saturno sería el de una manzana. Así que la distancia de la “canica” Tierra a la “manzana” Júpiter sería más de un kilómetro 113 metros y si nos vamos a “manzana” Saturno sería de 2 kilómetros 33 metros. Es decir, que esa escala en la que aparecía dibujado nuestro sistema solar y que cabía en media página es contraer demasiado la realidad.
Por eso, a lo mejor no ha sido para tanto denominar a esta conjunción de Júpiter y Saturno como la estrella de Bélen.
