El arzobispo de Nueva York se convierte en Bad Bunny en una homilía sorprendente

Ronald Hicks llegó a la Gran Manzana con una homilía en la que se atrevió con la letra del puertorriqueño menos querido por Trump.
En su homilía hizo un llamamiento a la defensa de los migrantes y la “dignidad humana”.
No es exactamente una celebridad mundial. Pero no se pierdan lo que hizo el viernes el nuevo arzobispo de NuevaYork, Ronald Hicks , durante su homilía. Hasta él se ha sumado a la ola de Bad Bunny. "Si te quieres divertir con encanto y con primor, solo tienes que vivir un verano en Nueva York", recordando el inicio del famoso tema Un verano en Nueva York, una canción de la década de 1970 de El Gran Combo de Puerto Rico, emblemática orquesta de la salsa mundial. En concreto, las líneas citadas por el Arzobispo de Nueva York son el inicio de la canción NUEVAYol, de Bad Bunny.
Ronald Hicks llegó a la Gran Manzana con una homilía en la que se atrevió con la letra del puertorriqueño menos querido por Trump. “Me encanta la música. Y me encantan todos los tipos de música. Y si sabes algo sobre mí, casi siempre tengo una canción sonando en mi cabeza”, afirma el nuevo Arzobispo de Nueva York.
El arzbispo no se quedó ahí. Recitó fragmentos de New York State of Mind, de Billy Joel («Some folks like to get away, take a holiday from the neighborhood») y de Empire State of Mind, de Jay-Z con Alicia Keys («Concrete jungles where dreams are made of. There’s nothing you can’t do»).
El sucesor del cardenal Timothy Dolan tomó posesión de su cátedra el pasado 6 de febrero en la seo de San Patricio, una ceremonia en la que hizo un llamamiento a la defensa de los migrantes y la “dignidad humana” en rito cargado de un fuerte mensaje social más allá de la homilía, ya que muchas veces alternó el español de la comunidad latina con el inglés oficial.
“La Iglesia no es un hotel para santos, ni un club de campo para los perfectos. La Iglesia es un hospital de campaña para los heridos”, reivindicó proclamando que “aquí hay espacio para todos. Si te sientes roto, eres bienvenido. Si te sientes indigno, este es tu hogar”.
A sus 58 años, Hicks era hasta ahora el obispo de Joliet (Illinois) y llega a una de las diócesis más amplias y diversas de los Estados Unidos. En su primer intervención defendió una Iglesia “misionera” y defensora de los vulnerables. Misionero en El Salvador durante cinco años, dio dotes de su español fluido e incluso citó la canción religiosa ‘Alma Misionera’ que proclama: “Señor, toma mi vida antes de que la espera desgaste años de mí. Estoy dispuesto a lo que quieras, no importa lo que sea. Tú, llévame a servir”.
El escudo de armas del religioso tiene como lema "paz y bien", frase atribuida a San Francisco de Asís, y eligió los colores verde y azul para éste. Entre otros emblemas, incluye un corazón rojo sobre una pluma y espada que se cruzan, y que resalta el amor del obispo por su servicio misionero en El Salvador así como el sincero amor de los feligreses que le han enseñado que "el amor crece aquí", según la descripción.
Sobre el clima político, el nuevo prelado apeló a la protección de los inmigrantes, pidiendo no ceder ante el miedo a las deportaciones y a tratarse “como verdaderos hermanos”, subrayando que la Iglesia tiene el deber de “defender la dignidad humana en todas sus formas posibles”. Y mirando a la cara a los migrantes señaló: “En esta Iglesia, nadie es un extraño, nadie es un ‘ilegal’ a los ojos de Dios. Todos somos hijos e hijas” y, añadió: “¡No tengáis miedo! La justicia divina es más grande que cualquier frontera humana”. Finalmente dirigiéndose a su predecesor, que celebraba ese día su cumpleaños, agradeció “su magnánimo liderazgo”.
El nuevo arzobispo proviene de los suburbios de Chicago, que sigue siendo su ciudad favorita. Desde el púlpito ha apelado a la unidad en sus primeros encuentros con la prensa y los sacerdotes de la Gran Manzana. Ha asegurado que entre sus prioridades está continuar los esfuerzos de “sanación para los sobrevivientes de abusos sexuales”, hacer de los pastores “discípulos misioneros” que salgan a las calles alejándose de una Iglesia estática y redoblar los gestos de cercanía con la comunidad latina de Nueva York.
En sus primeros movimientos ha dado cuenta de su pasado en la organización “Nuestros Pequeños Hermanos” de hogares para niños huérfanos y abandonados que supervisó en nueve países de América Latina y donde fijó su empeño por construir una “Iglesia pobre para los pobres”.
De hecho, en su escudo episcopal ha querido que una ramita de romero le recordara siempre a san Óscar Romero como modelo de obispo. Por ello, en la toma de posesión, la primera lectura de la misa la hizo Samuel Jiménez Coreas, un salvadoreño que creció en uno de los orfanatos de la entidad de Hicks. Muchos son los retos que tiene, pero se los ha tomado con humor: “Sé que la pizza aquí es diferente. Sé que el béisbol es una religión. Pero les prometo esto: no vengo a enseñaros cómo ser neoyorquinos, vengo a caminar con cosotros para que juntos seamos mejores cristianos”, prometió desde el púlpito.
El arzobispo quiere que sus liturgias "sean de oración, santas y dignas; también quiero que sean alegres, pero no triunfantes". Y que el español esté presente.
Hicks aún no ha tenido la oportunidad de hablar con el alcalde, Zohran Mamdani, pero espera con interés hacerlo. "Quiero asegurarme de que prestemos atención a los aspectos en los que podemos trabajar juntos por el bien común", afirmó.
El cambio en el liderazgo de Dolan a Hicks indica que la Iglesia estadounidense podría estar entrando en una nueva era con el papa León XIV. Hicks, considerado un obispo al estilo del nuevo Papa, podría unirse a los líderes de la Iglesia que ya están oponiéndose a la administración Trump en cuestiones como la inmigración.
El mensaje del arzobispo marca una nueva era que no debería ser ajena a las raíces de la iglesia y que en los tiempos que corren puede sonar revolucionario. Esta Iglesia "cuida de los pobres y de los vulnerables", "respeta la vida, desde la concepción hasta la muerte natural", "se preocupa por la creación, construye puentes, escucha sinodalmente" y "respeta a todos". Asimismo, "protege a los niños, promueve la sanación de los supervivientes y de todos los que han sido heridos" por ella misma.
"La misión está ante nosotros", señala como reto el nuevo arzobispo de Nueva York. "El mundo espera con esperanza. Y mirad, Dios está con nosotros siempre".

