La reacción de una soltera al conocer el duro pasado de su cita: "Me ha gustado que fuese sincero desde el primer momento"

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Kike, de 41 años, llega desde Aldaia (Valencia). Se define como un hombre simpático, agradable, extrovertido y muy sincero. “Soy un diamante en bruto”, dice con orgullo. Su historia personal marca quién es hoy: estuvo muchos años atrapado en el mundo de las adicciones y tocó fondo en 2016, justo después de su divorcio. “A partir de ahí empecé a consumir diariamente”, confiesa. Pero lleva ya tres años rehabilitado y su prioridad es clara: seguir limpio y ayudar a otras personas a recuperarse, su verdadero propósito de vida. Padre de dos hijos, Kike solo pide una cosa a su cita en 'First Dates': “una chica normal, tranquila… solo pido paz mental”.
Pamela, también de 41 años, vive en Sagunto y trabaja como dependienta. Se presenta como “una rumana españolizada”, ya que lleva 34 años viviendo en España. Cuando ve a Kike, su primera impresión es sincera: “Físicamente me hubiera gustado que tuviera pelo, pero no es un impedimento”. A Kike ella le parece una chica guapa, aunque admite: “No es que digas wow. Me ha parecido un pelín más alta de lo que me hubiera gustado, pero es que llevaba tacones”.
Durante la conversación, Kike le explica a Pamela que no toma alcohol. Ella le responde que normalmente tampoco bebe, aunque en ocasiones especiales sí toma una copa. Él decide entonces compartir algo mucho más profundo: sus problemas pasados con las adicciones. Pamela: “Si me lo hubiese escondido, está claro que cuando me lo hubiese contado ahí se habría quedado. Me ha gustado que haya sido sincero desde el primer momento”.
Descubren que ambos comparten una visión de vida parecida: les gusta cuidarse, comer sano y hacer deporte. Para Kike, el ejercicio ha sido clave: “Mi rehabilitación ha sido a base de deporte”. Pamela nota que tienen algo más en común: “Somos muy carismáticos, nos gusta hablar, somos independientes. Somos muy compatibles… demasiado, creo yo”.
La decisión final
La conversación fluye con naturalidad y se adentran en temas más íntimos, como el amor. Kike confiesa: “Si me enamoro me pongo muy tontín, pero cuando he sido más blando he sido más manipulado”.
Cuando llega el momento de decidir si quieren una segunda cita, Pamela juega un poco al despiste y hace creer a Kike que no la quiere. Él se sorprende, ella se ríe y confiesa que sí: quiere volver a verlo. Kike también dice que sí.

