La inesperada sorpresa de Raquel Salazar en la inauguración de su churrería desata la carcajada de su hija Noemí: "Es demasiado ilógico"
Las Salazar se divierten en el día de la inauguración de la churrería, sobre todo por una sorpresa "surrealista" que tiene preparada Raquel
Raquel Salazar se prepara para sus próximos eventos con un tratamiento para tener la piel radiante: "Me sentí como la momia de Tutankamon"
¡Ha llegado el día! Madre e hija se dirigen con una marabunta de globos hasta el puesto de churros de Raquel Salazar para su inauguración. "Mama, que es tu negocio. ¿Por qué tengo que estar siempre yo contigo?", le replica Noemí.
Y es que la matriarca necesita de su ayuda para decorar el puesto, pero entre unas cosas y otras, su hija parece no tener más manos para sujetarle las cosas. Mario, el "churrero impasible", también colabora en pegar la guirnalda de globos que Raquel ha traído para el primer día del negocio.
Sin embargo, todos pecan de confianza y al soltarla, se descuelga produciéndose un accidente: "¡Mario, los churros!". A la mayor de las Salazar se le ocurre una idea: "Si no tiene nada que hacer en las dos horas próximas, yo creo que con aguantarlo se va a ahorrar el gimnasio porque se fortalece el bíceps". Noemí Salazar va a recoger el churro caído al suelo y su madre quiere volver a colocarlo porque "la mierd* que no mata, engorda".
Por otra parte, madre e hija tratan de colocar el cartel pegándolo en el techo del puesto lanzándolo contra él aunque sin mucho éxito: "¡Me has escalabrado!". "Yo sentí un dolor que me dio vergüenza llorar. Me mató", confiesa al equipo Noemí Salazar, quien les enseña las secuelas que le dejó ese mal golpe.
Al final decide pegarlo con cinta de carrocero ante la negativa de su hija: "Lo puso guarramente con la cinta americana. A mí eso me estaba poniendo nerviosa porque yo no puedo con eso. Un negocio así no se puede hacer". Pero no todo termina aquí...
La "ilógica" sorpresa para la inauguración
Un joven aparece por el puesto mientras madre e hija discutían. Al darse cuenta de lo que se trataba, Noemí le pregunta incrédula: "Mama, ¿cómo has contratado a un saxofonista?". A la hija de Raquel Salazar le da un ataque incontrolable de risa mítico de su abuela Trini con el que se pone a llorar: "Esto me está pareciendo ya demasiado ilógico. ¿Qué pega? Es que no pega nada".
Además, del himno de España, el música sabe tocar canciones como 'La morocha' o 'La potra salvaje'. Sin embargo, las Salazar no dan ni una pero se las bailan todas, incluyendo el himno: "Qué pulmones tiene el tío".
Las Salazar inauguran la churrería
Madre e hija invitan al barrio a churros al son de la música del saxofonista. "Empezó a venir gente y dije 'Ahora vamos a dar de qué hablar'". También acuden sus fieles amigos, formando una fiesta de inauguración digna de recordar.
"Por fin tengo mi churrería. Todo trabajo tiene su recompensa, yo me siento muy contenta y con muchas ganas de trabajar y darlo todo", afirma al equipo Raquel Salazar.
Raquel da una clase a su socio antes de la inauguración: "Creo que se ha dado cuenta de que no sé"
Uno de los preparativos para la inauguración fue pasear por las calles para repartir flyers siguiendo el método que le gusta a Raquel Salazar: el de "la vieja escuela". Otro de ellos es asegurarse de que Mario, su socio, sabe hacer los churros tan bien como la mayor de las Salazar.
Él les da su receta y, aunque Raquel le pregunta qué es lo que la hace especial con respecto a otras ya que la suya propia se diferencia de las demás, lo cierto es que la emprendedora se niega a compartirla: "Si, para que me hagas la competencia".
Pero eso es por un motivo oculto: "Yo muchas veces me paso de lista porque como se me da bien la cocina... Y la verdad, yo no sé hacer churros aunque le haya dicho que sí".
Raquel coge la pala y le da una clase maestra sobre cómo mezclar la masa de los churros, pero se le complica: "¿Qué estás haciendo? ¿Pegamento? Los míos van a estar mejor". Un detalle que quizás la descubrió: "Se dio cuenta desde el momento que removí la masa que no tengo ni idea".
"Mi madre una vez más se mete en un negocio sin tener ni idea del negocio. A la fuerza quiere ser churrera sin saber hacer un churro", confiesa al equipo Noemí Salazar antes de recordar junto a su madre todos los negocios que han abierto a lo largo de estos años, los cuales han fracasado los cuatro. ¿Triunfará este? Quien sabe, si quitamos el incidente que sufren con la primera persona a la que Raquel Salazar le regala unos churros...
