El dispositivo de seguimiento a Joaquín Ferrandiz que permitió a la Guardia Civil descubrir cómo abordaba a sus víctimas: "Era un cazador"

El dispositivo de seguimiento a Joaquín Ferrandiz que permitió a la Guardia Civil descubrir cómo abordaba a sus víctimas: "Era un cazador"
Recreación del seguimiento policial a Joaquín Ferrandiz. 'En guardia'
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Cuando los testigos de la agresión a una víctima superviviente del depredador de Castellón dieron la clave a los agentes para saber que se trataba de Joaquín Ferrándiz Ventura, la Guardia Civil no quiso dejarlo solo ni un segundo con ninguna chica: "Teníamos miedo de que pasaba algo". Y es que policialmente estaban seguros de que este era su hombre. No obstante, judicialmente no tenían las pruebas para demostrarlo.

Aunque a diario "llevaba una vida muy normal", lo cierto es que en el fin de semana "salía con los amigos y nos llamaba la atención que los amigos se iban y él se quedaba solo en las discotecas": "Se ponía en la barra, se bebía su vodka con naranja y observaba hasta que se fijaba en alguien que le llamaba la atención". De hecho, "cuando se quedaba solo le cambiaba hasta la cara", asegura un agente: "No era cara de voy a ligar, era cara de estoy cazando. Era un cazador de mujeres".

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Por esta razón, pidieron ayuda a la UCO, quienes cuentan con un departamento que se encarga de vigilarte las 24 horas sin que el investigado se entere: "Son muy, muy, muy buenos". Sin embargo, no fue hasta cuatro meses después de iniciar el seguimiento que Joaquín Ferrándiz actuó.

Este era el método del depredador de Castellón

Un 12 de julio, al despedirse de sus amigos, Joaquín Ferrándiz continuó en la discoteca hasta que se fijó en una chica y, al ver que ella salía, el sospechoso se fue detrás de ella: "Estábamos todos muy nerviosos a ver qué pasaba". Mientras ella entra en un chiringuito, él aprovechaba para quitarle el aire a una de las ruedas de su coche, consiguiendo de esta manera que diese vueltas de campana cuando se introdujo con el mismo en una zona de gravilla.

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Él se detuvo para recogerla y llevársela en brazos pero, cuando los agentes encubiertos le preguntaron si necesitaba ayuda, este decidió negársela y conducir hasta el hospital general. "Nosotros nos quedamos súper tranquilos pero con la incertidumbre de que podía hacerlo con otra chica. Fue cuando fuimos a hablar con el juez", recuerda Antonio García.