Bienestar

Dormir con mascotas: lo que han descubierto varios estudios sobre el descanso

Este impacto va a depender de la mascota
Este impacto va a depender de la mascota. Freepik
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Para muchas personas, irse a la cama no significa hacerlo solos. Perros y gatos que se acurrucan a los pies o incluso animales que ocupan su propio espacio en la habitación forman parte de una escena cada vez más común en los hogares. Dormir con mascotas se ha convertido en un hábito tan extendido como natural, asociado a la compañía, el cariño y una sensación de calma difícil de explicar.

Lo que parece un gesto habitual ha empezado a analizarse con lupa desde la ciencia. En los últimos años, varios estudios han tratado de responder a una pregunta que divide a expertos y dueños por igual: ¿compartir el descanso con un animal mejora realmente el sueño o puede perjudicarlo sin que lo notemos?

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Dormir con mascotas influye en el bienestar emocional

Compartir el descanso con una mascota va mucho más allá de un simple gesto de cariño. Desde un punto de vista científico, implica una interacción emocional y fisiológica que tiene efectos reales en el organismo.

Distintos estudios han observado que el contacto con animales, sobre todo durante momentos de calma como la noche, pueden reducir los niveles de cortisol y aumentar la oxitocina, asociada al vínculo, la confianza y el bienestar. Este cambio hormonal no es algo anecdótico: el cuerpo interpreta la presencia del animal como una señal de seguridad, lo que favorece un estado más relajado antes de dormir.

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Este efecto tiene una traducción directa en cómo nos sentimos al acostarnos. Dormir con una mascota puede ayudar a disminuir la ansiedad, facilitar la desconexión mental después de todo el día y generar una sensación de calma más estable. En algunos casos, la rutina de acostarse junto al animal se convierte en un ritual que prepara al cerebro para el descanso, reduciendo la activación emocional y favoreciendo un estado más propicio para conciliar el sueño.

Pero también hay un componente psicológico clave: la percepción de compañía y protección. Algunas investigaciones señalan que dormir con una mascota puede generar una sensación de seguridad similar a la de compartir cama con otra persona. Este factor es especialmente relevante en personas que viven solas o que tienen ansiedad nocturna, ya que la presencia del animal reduce esa sensación de vulnerabilidad durante la noche.

Además, el vínculo emocional con la mascota potencia ese efecto. Es compartir el descanso con alguien con el que existe apego. Esta conexión activa mecanismos emocionales profundos que ayudan a regular el estado de ánimo y a crear un entorno de descanso más reconfortante.

¿Cómo puede afectar al descanso?

A pesar de todos los beneficios emocionales, la evidencia científica también introduce matices importantes: dormir con mascotas no siempre mejora el descanso, y en ciertos casos puede incluso empeorarlo sin que seamos plenamente conscientes. El principal motivo es que los animales tienen patrones de sueño diferentes a los humanos. Perros y gatos suelen moverse por la noche, cambiar de postura, despertarse con mayor frecuencia o reaccionar a estímulos que nosotros no percibimos, como ruidos leves o cambios en el entorno.

Estas pequeñas interrupciones pueden provocar lo que se conoce como microdespertares: breves activaciones del cerebro que fragmentan el sueño sin que lleguemos a recordarlas al día siguiente. Aunque puedan parecer insignificantes, acumuladas a lo largo de la noche pueden reducir la calidad del descanso, afectando especialmente a las fases más profundas, que son las más reparadoras. Esto daría explicación a por qué algunas personas que duermen con mascotas dicen sentirse más cansadas aunque hayan dormido las mismas horas.

Además, compartir cama implica un contacto físico constante que, aunque sea agradable, puede resultar incómodo si el animal se mueve, ocupa espacio o cambia de temperatura corporal. En el caso de los gatos, por ejemplo, su mayor actividad nocturna puede aumentar las interrupciones, mientras que los perros grandes pueden influir en la postura y el confort durante el sueño.

Por otro lado, hay que destacar un factor indirecto que también señalan los expertos: la percepción del descanso. Algunas investigaciones han observado que las personas que duermen con mascotas tienden a valorar su sueño como menos reparador, incluso cuando los datos objetivos no muestran grandes diferencias. Por tanto, no importa tanto cómo dormimos, sino cómo sentimos que dormimos.

Por último, aunque en general el riesgo es muy bajo si el animal está bien cuidado, también existen consideraciones relacionadas con la higiene o las alergias, que pueden influir también en la calidad del sueño.

Entonces, ¿es bueno o malo dormir con mascotas?

La clave está en el equilibrio. Dormir con mascotas puede aportar beneficios emocionales claros, como una mayor sensación de calma, compañía y seguridad, pero también puede interferir en la calidad del descanso si provoca interrupciones durante la noche. Por eso, más que una práctica buena o mala, se trata de un hábito cuyo impacto depende de cada persona, del tipo de animal y de cómo se desarrolle esa convivencia nocturna.

En este sentido, hay que encontrar ése equilibrio entre bienestar emocional y calidad del sueño, si la presencia de la mascota favorece la relajación y no altera el descanso, no hay motivos para evitarlo. Pero si comienzan a aparecer signos de sueño fragmentado, cansancio o incomodidad, puede ser útil replantear la dinámica, por ejemplo, dejando que duerma en la habitación pero no en la cama.