Invertir por imitación suele acabar mal, sobre todo en épocas de cambio o tras un ciclo alcista, ya que se reacciona emocionalmente a estos movimientos del mercado
Por qué te cuesta tanto invertir tu dinero: así puedes combatir la parálisis financiera y tomar decisiones
Invertir es el nuevo “debería” financiero. Si se tienen ahorros y no se mueven, parece que se está haciendo algo mal. Las redes sociales, los titulares económicos y hasta en conversaciones informales se repite el mismo mensaje: hay que invertir. El problema es que muchos acaban cayendo justo en la peor forma de invertir su dinero.
No se trata de escoger mal una acción concreta ni de equivocarse de fondo. Según advierten varios expertos financieros, el error más común, y también el más peligroso, es invertir sin entender qué se está haciendo, siguiendo modas, recomendaciones virales o lo que está funcionando ahora. Una manera de invertir que se repite generación tras generación y que suele acabar igual: entrando tarde, asumiendo riesgos que no se entienden y saliendo con pérdidas.
El error más grande: invertir por “todo el mundo lo hace”
Cada vez son más las personas que están en búsqueda de fórmulas que les ayuden a hacer crecer sus ahorros: acciones, criptomonedas o productos financieros tradicionales. El interés por la inversión se ha disparado en los últimos años por el temor a que el dinero pierda valor con el tiempo.
El error más grande según el consultor financiero conocido en redes sociales como Seven Finanzas es imitar lo que hacen familiares, amigos o conocidos sin tener un criterio propio, sin entender porque suben o bajan, ya que eso puede hacer que se termine perdiendo dinero. Este fenómeno es conocido como efecto rebaño, y suele repetirse cuando un activo gana popularidad y los principiantes se lanzan a invertir sin entender qué están haciendo realmente.
En la mayoría de ocasiones, como hemos mencionado, ninguno de los involucrados tiene una experiencia real en el mercado, y cuando la tendencia se da la vuelta, es fácil perder buena parte de lo que se ha invertido.
En este caso, el consultor propone que, o bien se aprenda para tener los conocimientos necesarios o se cuente con asesores especializados que ayuden a entender el funcionamiento de los mercados. La mejor fórmula para invertir es una que combine formación, rentabilidad y que reduzca riesgos innecesarios.
El problema real de invertir sin entender no es solo la posible pérdida: es la reacción posterior. Cuando el inversor no entiende el producto puede entrar en pánico ante caídas completamente normales del mercado, vender en el peor momento, comprar más cuando ya está caro y también tomar decisiones impulsivas.
Este comportamiento es especialmente peligroso en productos complejos o muy volátiles donde las oscilaciones son muy frecuentes.
La ilusión del dinero rápido: rentabilidad sin riesgo no existe
Uno de los mensajes más claros que lanzan los expertos financieros es que buscar una rentabilidad rápida sin asumir riesgos es una contradicción. Pero, esta promesa es la que atrae a muchos pequeños inversores a que cometan errores. Muchas personas mueven sus ahorros de productos seguros a otros más arriesgados sin ser conscientes de que el capital puede fluctuar, las pérdidas temporales son algo normal y que no todas las inversiones suben siempre.
El problema llega cuando el inversor no está preparado psicológicamente para perder, ni siquiera de manera puntual. Es entonces cuando la inversión deja de ser una herramienta de crecimiento para convertirse en una fuente de ansiedad.
El pequeño inversor suele entrar cuando el mercado está en máximos y salir cuando cae, justo al revés de lo que sería racional. Este comportamiento, está muy influido por titulares y ruido mediático que despiertan esa sensación de miedo y pérdida, y que es una de las peores formas de invertir. La inversión no debería ser una reacción a los titulares diarios, es una decisión meditada y coherente con el perfil de riesgo que asume el inversor.
Otra mala inversión: dejar el dinero parado y no tener estrategia
Aunque pueda parecer algo contradictorio, no mover el dinero también puede ser una mala decisión, sobre todo en la situación en la que nos encontramos ahora con una inflación elevada. Los expertos advierten de que mantener grandes cantidades de dinero inmóvil en cuentas sin rentabilidad implica una pérdida de poder adquisitivo.
Eso sí, hay que aclarar un matiz importante: tener liquidez no es el problema. El error está en confundir liquidez con inversión. El dinero que está destinado a gastos próximos o emergencias debe estar disponible, pero los ahorros que estén destinados al largo plazo necesitan una estrategia.
La ausencia de esta estrategia es otro error muy común. Muchas personas invierten de manera desordenada: un poco aquí, otro poco allá, no hay horizonte temporal ni tampoco objetivos concretos. Esta falta de planificación es una de las principales causas de resultados mediocres. No es elegir “la mejor inversión”, es que cada inversión tiene que tener un sentido dentro de un plan global: corto, medio o largo plazo. Invertir sin tener una estrategia es como conducir sin destino.


