La obesidad infantil puede desembocar en depresión y ansiedad

cuatro.com 26/05/2017 09:55

En la edad escolar, ser diferente supone una gran traba social, ya que aumentan las probabilidades de que los niños con alguna singularidad sean víctimas del acoso y las burlas de sus compañeros de clase.

La obesidad es un ejemplo de ello. Los estereotipos asociados a las personas con sobrepeso han instaurado la idea de que son más débiles, vagos, consentidos o, simplemente, diferentes. Aunque esto se está intentando cambiar a través de la educación y la empatía en las aulas, los niños, muchas veces, no son conscientes de las consecuencias que puede tener la presión a la que someten a los compañeros que tienen alguna particularidad.

Sin embargo, los ataques emocionales a los que son sometidos los jóvenes con obesidad se cobran caros, desembocando en una serie de desórdenes psicológicos con graves efectos que marcarán negativamente la vida del individuo.

Los niños que sufren sobrepeso suelen tener una baja autoestima, un problema que suele agravarse conforme se acercan a la adolescencia. Nueve de cada diez niños obesos desarrollan una percepción negativa de su imagen corporal que les hace avergonzarse de su aspecto, afectando a las relaciones que establecen con los demás al sentirse rechazados o excluidos del grupo social.

Según los datos del análisis extraído de 15 estudios que publicó la revista 'Archives of General Psychiatry' en 2010, el riesgo de padecer depresión es un 55% mayor en las personas obesas, mientras que el riesgo de obesidad aumenta en un 58% entre quienes tienen depresión. Es una pescadilla que se muerde la cola: la depresión es una consecuencia de la obesidad y el hecho de estar obeso, deprime. Las consecuencias psicológicas del sobrepeso son devastadoras, ya que afectan a numerosos aspectos de la vida de una persona.

España, con un 17% de la población obesa y un 53,7% de habitantes con sobrepeso, ocupa actualmente el segundo puesto en el estudio sobre obesidad en Europa elaborado por 'The Economist Intelligence Unit', sólo por detrás de Reino Unido.

Pero los datos de obesidad son aún más preocupantes en Canarias, donde los datos registrados apuntan a que la tasa de obesidad infantil supera el 44% (frente a los 26% en el resto de España). Ya hay casos de niños de 12 años con hipertensión y diabetes. El número de obesos se ha duplicado en los últimos 25 años. Teniendo en cuenta estas cifras, según la Organización Mundial de la Salud, Canarias es el lugar con más índice de obesidad mórbida de toda Europa.

El último estudio ALADINO concluye que el hecho de que los niños dediquen cada vez más horas al ocio sedentario (una media de tres horas diarias) hace que la obesidad predomine.

Además, en cuanto a los hábitos alimenticios de los más pequeños, destaca el riesgo de consumir con frecuencia alimentos procesados y bollería industrial. Según este estudio, un 7,8% de los niños consume bollería industrial a diario, un 39% afirman hacerlo entre una y tres veces por semana.

La alimentación también requiere una educación permanente. Si tenemos en cuenta que una cuarta parte de los niños españoles sufre sobrepeso, entenderemos que esto aumenta el riesgo de una buena parte de la población de sufrir obesidad durante la edad adulta.

Si a esto le sumamos que este factor puede influir directamente en el desarrollo psicológico y afectivo de la persona, entenderemos que el peligro de sufrir depresión es aún mayor.

Este es el motivo por el que hay que prestar atención a las señales de alarma que puedan alertarnos ante un posible caso de depresión infantil, como la tristeza, el aislamiento social, el llanto frecuente o el bajo rendimiento escolar.

Es importante comenzar a actuar para ponerle remedio a esta epidemia mundial de países desarrollados y en vías de desarrollo que es el aumento generalizado de la obesidad.

Mejorar la educación en los hábitos alimentarios es fundamental. Fomentar los desayunos saludables es una de las estrategias más eficaces, ya que de lo que se consuma en la primera comida del día puede depender la calidad de los menús que se ingieran durante el resto del día.

Todo esto se consigue con educación, variando nuestra rutina y la de nuestros hijos para lograr que aprendamos a comer de forma equilibrada. El objetivo es llegar a dominar la armonía de nutrientes en nuestros platos de forma natural, para así mejorar nuestra salud, tanto a nivel físico como psíquico.