El enigma de lanza de Longinos: la obsesión de Hitler y el lugar donde se conserva la sangre de Jesucristo

'Cuarto Milenio' analiza los misterios en torno a la muerte de Jesucristo junto a José María Zabala
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Monte Gólgota. Año 33. Una escena fundamental para la historia de Cristianismo. Iker Jiménez cuenta en ‘La Nave del Misterio’ con el periodista y escritor José María Zavala para hablar de Longinos, el soldado romano que le clavó la lanza a Jesucristo. Un testigo, Juan Evangelista, lo ve todo con sus propios ojos al situarse a los pies de la cruz.
Juan describe esta escena del calvario, ve anochecer y presencia el terremoto cuando Jesús expira en la cruz y ver cómo hay dos soldados romanos que se acercan con mazas a los dos ladrones que hay junto a Jesús en la cruz. Cuando llegan donde está Jesús, descubren que ha muerto.
Hay prisa porque al día siguiente es fiesta y tienen que sepultarlo. Y como ven que Jesús está muerto, no le quiebran las piernas, algo que ya advertía una profecía: “No le quebrarán ni un hueso”. Zabala trae consigo una réplica de la lanza de Longinos de dos metros de largo, una punta de hierro y un hasta de madera.
¿Dónde se guarda la sangre de Jesucristo?
Al clavar la lanza, del cuerpo de Jesús brotó sangre y agua: “María de Nazaret, la madre, y Juan, el evangelista, recogen gotas de sangre que hoy se conservarían en Mantua, en la Basílica de San Andrés. También, en esta basílica italiana, se conserva el Sacri Vasi, donde hay tierra del calvario impregnada con la sangre y agua de Jesús.
Hay otro detalle importante en este enigma y es que Longino tenía una lesión en la vista y, cuando la sangre de Jesucristo tocó sus ojos, recuperó la visión, vio con absoluta nitidez, cayó de rodillas ante la cruz y experimenta una transformación: abandona la milicia y se marcha a predicar.

La obsesión de Hitler por la lanza de Longinos
Zabala cuenta también que Hitler perseguía la lanza de Longinos. Estaba convencido que quien tuviera la lanza “dominaría el mundo”. Pero no sería la única obsesión de Hitler, sino que también se interesó por el Santo Grial. En su lugar, consiguió ‘la lanza de Viena’, que pasó por Carlomagno. Murió sin saber que era una falsa reliquia. La lanza de Longinos estaría en el Vaticano.

