Expedición a la Isla de Los Muertos: el viaje de 'Cuarto Milenio' al fin del mundo

Viaje a la Isla de los Muertos: la expedición de 'Cuarto Milenio'
La trágica historia de la isla de Los Muertos.. cuatro.com
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En palabras de Iker Jiménez, esta historia “parece de novela”. Un lugar ubicado casi en el infinito y hasta allí ha viajado un equipo de ‘Cuarto Milenio’. Se trata de la desembocadura del río Baker, situada en la Patagonia chilena, donde muchos dicen que se encuentra ‘el fin del mundo’. En este lugar se encuentran 33 sepulturas que susurran a la muerte.

¿Por qué 33 cruces en el fin del mundo? Podrían ser más, pero muchas ya desaparecieron. Nos adentramos en la isla de Los Muertos, un lugar al que no es nada fácil llegar. ¿Qué sucedió en esta isla de Las Cruces? ‘Cuarto Milenio’ no solo muestra el viaje hasta allí de Pablo Cañarte (experto en difusión de patrimonio), si no que recrea lo que sucedió en aquel misterioso lugar.

La historia de la isla de Los Muertos

A este paraje llegaron un grupo de trabajadores para trabajar con la madera. En estas tierras, murieron abandonados 59 leñeros de los que no se supo nada durante más de cien años. Acompañamos al antropólogo Mauricio Osorio, que aún busca los vestigios de esta triste y misteriosa historia.

Qué sucedió en la Isla de los Muertos: la recreación de 'Cuarto Milenio'
Qué sucedió en la Isla de los Muertos: la recreación de 'Cuarto Milenio'

Esta es la tragedia de los obreros olvidados en uno de los lugares más extremos del mundo. Entramos al cementerio, situado bastante alejado de la zona del campamento porque el lugar del campamento era bastante rocoso y allí no se podía sepultar. Las muertes podrían haber sido provocadas por alguna peste contagiosa, aunque no se sabe con seguridad.

Solo una de las cruces del cementerio guarda un epitafio y está dedicado a un tal Melchor Navarro Sánchez, que falleció con 35 años el 2 de agosto de 1906. El caso es que estos trabajadores fueron abandonados allí una vez fallecidos. Curiosamente, bajo cada una de las cruces, no hay cuerpos ni esqueletos, los ha desintegrado la humedad y la acidez de la tierra.

Solo quedan 33 cruces mudas confeccionadas con la misma madera perfumada y fueron a buscar para ganarse la vida. Hay nietros que han llegado a viajar hasta el lugar para visitar el lugar en el que fallecieron sus familiares. La trágica historia es que estas familias estuvieron sin saber nada de los fallecidos durante más de cien años.

“Estar aquí, en un lugar donde la dignidad ante el sufrimiento del abandono pudo más que las condiciones trágicas de la muerte. Es un lugar increíble”, son las palabras de Pablo Cañarte antes de abandonar el lugar.