Tres reglas de oro para conquistar a la suegra

cuatro.com 25/01/2012 18:47

Regla número 1: La primera impresión es lo que cuenta

Transmitir buenas vibraciones, ‘dar buen rollo’, ‘entrar por los ojos’. Llámalo cómo quieras y no te engañes, el interior no es lo que cuenta y no todo el mundo merece una segunda oportunidad. Una suegra no deja de ser una madre y, como tal, todo le parecerá poco. Tu imagen será lo primero en lo que se fije tu futura según cruces el umbral de la puerta.

Procura no ser demasiado ligera a la hora de enseñar carne, ni demasiado atrevida. Trata de buscar un equilibrio entre lo decoroso y lo moderno, y aplícalo a tu personalidad. No se trata de disfrazarse, pero sí de suavizar el impacto, sobre todo si te va lo gótico, o vas de ‘Barbie Malibú’ por la vida. Recuerda esta máxima: menos no es más, si se aplica al largo de la falda.

Una mujer siempre se fija en los detalles, así que juega la baza de los complementos. Un reloj de tu madre, tu medallita de la comunión o si es necesario, un escapulario de la virgen. Entendemos que si llegas al momento crucial de conocer a tu suegra, será porque tu relación va viento en popa con tu chico. No te cortes en preguntar, sonsácale información del enemigo y diseña un plan de ataque que ni el mismísimo MacArthur.

Regla número 2: ser dueña de tu propia vida

‘Esta te quiere cazar’, ‘quiere que la coloques’ o ‘es una mantenida’. Tópicos que una madre se sabe al dedillo, porque cómo ya hemos dicho, ‘nada será suficiente’. Cualquier cosa a la que te dediques, le parecerá poco e inapropiado, así que redecora un poco tu vida, añade un título a tus estudios y un cargo de responsabilidad en tu trabajo. Si con ello impides el sufrimiento de una madre, tu mentira será justificada por el bien de la humanidad. Tu plaza en el paraíso está asegurada.

Regla número 3: no te quedes sin tema de conversación

No hay nada más peligroso que un silencio incómodo, ¡la de cosas que pueden pasar por la cabeza de una suegra en 10 segundos!. Intenta manejar la conversación, llévala a tu terreno y, si te quedas sin tema, recurre a lo básico: habla de las mil y una virtudes de tu pareja, no falla.

Si sigues nuestro manual, y por designios de la vida, te hueles el odio extremo que te procesa tu suegra, (aún habiéndote tatuado todas y cada una de las reglas, y habiéndolas seguido como rata al sonido de la flauta de Amelín), no te deprimas. Apréndete de una vez que ‘nada en el mundo será suficiente’.