Salud

Los factores emocionales y relacionales pueden afectar a la salud del corazón

El estrés crónico o la ansiedad tienen influencia en la salud cardiovascular
El estrés crónico o la ansiedad tienen influencia en la salud cardiovascular. Freepik
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Cuando se piensa en proteger el corazón, lo primero que viene a la mente son conceptos como dieta saludable, ejercicio regular o control de la presión arterial. No obstante, la ciencia nos recuerda cada vez con más claridad que nuestros sentimientos, relaciones y estado emocional también “laten” junto al corazón. Efectivamente, el corazón no solo responde a lo que se come o al esfuerzo físico; también escucha cómo nos sentimos, cómo nos relacionamos con otros y cómo se gestionan las emociones cotidianas.

Un nuevo estudio del Instituto de Cardiología de la Universidad de Ottawa (Canadá), publicado en el Canadian Journal of Cardiology, pone en el centro de la conversación no solo al paciente que tenga la enfermedad cardíaca, sino también a su entorno relacional y emocional. La investigación sugiere que los vínculos afectivos, el apoyo mutuo y la calidad de las relaciones pueden influir en la recuperación y en los resultados de salud cardiovascular a largo plazo, no solo de la persona que padece la enfermedad, sino también de sus parejas y allegados.

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Esta visión más integral de la salud cardiaca no surge de la nada. Cada vez son más los estudios que demuestran que el estrés crónico, la ansiedad, la depresión y las relaciones sociales tensas están asociados a un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, mientras que las conexiones afectivas sólidas pueden reducirlo. Comprender cómo se entrelazan mente, entorno y corazón no solo va a cambiar la manera de cuidar la salud física, sino que puede transformar también la práctica clínica.

El estrés crónico: un enemigo silencioso

La evidencia científica respalda que el estrés psicológico, especialmente si es crónico, afecta directamente al sistema cardiovascular. Cuando estamos estresados de manera persistente, el cuerpo libera hormonas como el cortisol y la adrenalina, que aumentan la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Con el tiempo, este estado de alerta constante puede favorecer la aparición de hipertensión e inflamación.

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Asimismo, revisiones clínicas señalan que trastornos emocionales como la ansiedad y la depresión no solo impactan la salud mental, sino que están asociados con un mayor riesgo de eventos cardiacos y mortalidad cardiovascular. Estas emociones negativas pueden alterar la función endotelial, es decir, la capa interna de los vasos sanguíneos, también pueden promover inflamación sistémica y aumentar la probabilidad de coágulos, todo ello contribuyendo a procesos patológicos cardiovasculares.

Esto no quiere decir que un corazón vaya a fallar por una mala racha emocional ocasional, pero sí que señala que las experiencias emocionales sostenidas como el estrés laboral o los conflictos familiares prolongados no son inofensivos. No es casualidad que la investigación clínica moderna considere la salud psicológica como un factor de riesgo emergente en el desarrollo y progresión de la enfermedad cardíaca.

Relaciones sociales: un escudo invisible

Del otro lado de la balanza están las relaciones afectivas y sociales positivas. Tener apoyo social sólido puede tener efectos protectores sobre la salud cardíaca. Según los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, las conexiones sociales ayudan a reducir el estrés y mejoran la capacidad del organismo para hacer frente a desafíos biológicos y psicológicos.

Este efecto no es meramente subjetivo. El contacto social que puede ir desde una charla de apoyo hasta cualquier gesto físico como tomarse la mano, puede liberar hormonas como oxitocina y dopamina, que reducen los niveles de cortisol y modulan respuestas fisiológicas beneficiosas para el corazón. Un entorno relacional saludable está asociado con una mejor presión arterial, menor inflamación y una respuesta más eficaz al estrés.

Este estudio canadiense resalta que estas influencias no se limitan a aspectos emocionales abstractos, sino que se ven en comportamientos concretos vinculados a la salud: las parejas comprometidas y con apoyo mutuo tienden a adoptar hábitos más saludables, como una alimentación equilibrada, actividad física regular y mejor adherencia a tratamientos médicos.

El corazón roto: algo más que una simple metáfora

Este puede ser uno de los ejemplos más llamativos de cómo las emociones impactan el corazón es la miocardiopatía de takotsubo, conocida popularmente como “síndrome del corazón roto”. Esta condición se desencadena por estrés emocional intenso, como puede ser la pérdida de un ser querido o una ruptura abrupta, y puede provocar un debilitamiento temporal del músculo cardíaco, con síntomas similares a los de un infarto.

Aunque afortunadamente suele ser reversible, este fenómeno ilustra cómo emociones intensas pueden convertirse en respuestas físicas muy reales en el corazón. De esta manera se confirma que los vínculos afectivos y las experiencias profundas también moldean nuestra biología.

La red social como factor de salud más allá de la pareja

Aunque hablar de relaciones suele llevarnos primero a pensar en la pareja, la influencia relacional en la salud cardíaca no se limita a este vínculo. Diversos estudios epidemiológicos han demostrado que la sociedad, el aislamiento social y la falta de apoyo aumentan el riesgo de eventos cardiovasculares, mientras que personas con redes sociales amplias y de calidad tienden a tener menores tasas de mortalidad por enfermedad cardíaca.

Estos efectos están mediados por mecanismos psicológicos y fisiológicos: las relaciones positivas reducen el estrés crónico, fomentan conductas de cuidado personal y generan entornos donde es más fácil adherirse a tratamientos médicos. Por el contrario, los entornos relacionales conflictivos pueden prolongar estados de alerta y activación fisiológica y el estrés que provocan puede terminar impactando sobre el corazón.