El frío no solo baja las temperaturas, afecta directamente al cuerpo estrechando los vasos sanguíneos y aumentando la presión arterial, elevando el riesgo de infarto
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Cuando llegan los meses fríos, el pensamiento general es abrigarse, evitar la humedad y mantenerse activo. Pero hay un aspecto menos visible pero muy realista que merece nuestra atención: el invierno incrementa el riesgo de problemas cardiovasculares, sobre todo en personas con factores de riesgo como hipertensión, diabetes, obesidad o antecedentes de enfermedades del corazón.
Tanto la ciencia como la práctica clínica muestran que las bajas temperaturas no solo hacen temblar al cuerpo, sino que también ponen tensiones extra sobre el sistema cardiovascular. Saber por qué pasa esto y cómo se puede proteger el corazón durante el frío puede marcar la diferencia en la salud de miles de personas.
Cómo proteger el corazón durante el invierno
Proteger el corazón durante los meses fríos implica algo más que abrigarse bien. El primer paso es reducir la exposición al frío intenso, sobre todo en personas con factores de riesgo cardiovascular.
Vestirse por capas, cubrir cabeza, cuello y extremidades y evitar salir en las horas más frías del día ayuda a mantener estable la temperatura corporal y a minimizar la vasoconstricción, ése estrechamiento de los vasos sanguíneos que obliga al corazón a trabajar más. También es recomendable mantener una temperatura adecuada en el hogar, evitando ambientes demasiado fríos, ya que pasar muchas horas en interiores mal climatizados también puede aumentar el estrés cardiovascular.
La actividad física sigue siendo esencial en invierno, pero conviene adaptarla a las condiciones climáticas. Hacer ejercicio moderado de manera regular protege el sistema cardiovascular, mejora la circulación y ayuda a controlar el peso, la tensión y el colesterol.
No obstante, los expertos aconsejan evitar esfuerzos bruscos al aire libre en temperaturas muy bajas, como salir a correr sin calentamiento o realizar tareas exigentes como cargar peso o quitar nieve, que pueden suponer una sobrecarga repentina para el corazón. Escoger caminar, nadar en piscinas cubiertas o hacer ejercicio en casa puede ser una alternativa más segura.
Otro pilar fundamental es mantener una alimentación equilibrada también en invierno, a pesar de que la temporada invita a comidas más copiosas y calóricas. Priorizar frutas, verduras, legumbres, pescado azul y aceite de oliva ayuda a mantener bajo control los niveles de colesterol e inflamación, dos factores directamente relacionados con el riesgo cardiovascular.
Además, una dieta adecuada ayuda a reforzar el sistema inmunitario, algo especialmente importante en invierno, cuando las infecciones respiratorias son más frecuentes y pueden suponer un estrés añadido para el corazón.
El control médico adquiere un papel aún más relevante en esta época. Las personas con hipertensión, diabetes, colesterol elevado o antecedentes cardíacos deberían vigilar especialmente sus parámetros de salud durante los meses fríos. Medirse la tensión de manera regular, cumplir correctamente los tratamientos y consultar ante cualquier síntoma anómalo como dolor de pecho o fatiga inusual es esencial para prevenir cualquier complicación.
También conviene prestar atención al descanso y al manejo del estrés, dos factores que suelen alternarse en invierno. Los cambios de luz y el menor tiempo al aire libre pueden afectar al sueño, lo que repercute en la salud cardiovascular. Dormir mal eleva la presión arterial, favorece la inflamación y dificulta la recuperación del organismo.
Por último, hay gestos sencillos pero muy eficaces como mantenerse bien hidratado, evitar el tabaco y moderar el consumo de alcohol. En invierno, aunque se tenga una menor sensación de sed, una buena hidratación va a mantener la sangre menos viscosa y facilita la circulación.
El tabaco potencia los efectos vasoconstrictores del frío y multiplica el riesgo de eventos cardiovasculares. Y el alcohol, aunque pueda dar sensación de calor, en realidad favorece la pérdida de temperatura corporal y puede interferir en la regulación de la presión arterial.
Momentos y actividades de mayor riesgo cardiovascular en invierno
No se trata simplemente de estar al aire libre, ciertas situaciones y actividades cotidianas durante el invierno pueden elevar el riesgo:
- Las mañanas frías al salir de casa, cuando el cuerpo todavía no se ha “calentado” y la vasoconstricción es más intensa.
- Actividades físicas intensas en frío, como hacer ejercicio vigoroso sin calentamiento adecuado, que puede ser equivalente a una prueba de esfuerzo para el corazón.
- Cambios bruscos de temperatura cuando se pasan de ambientes muy fríos a cálidos en interiores y viceversa, lo que obliga al sistema cardiovascular a readaptarse constantemente.
Estos factores pueden ser especialmente peligrosos en personas mayormente sedentarias, con antecedentes de cardiopatía o con factores de riesgo como tabaquismo o hipertensión.
¿Quiénes tienen mayor riesgo?
Aunque realmente todos pueden verse afectados por el frío intenso del invierno, hay grupos que se enfrentan a riesgos mucho mayores:
- Personas con enfermedades cardíacas previas, como insuficiencia cardíaca o antecedentes de infarto.
- Hipertensos y quienes tienen presión arterial elevada, porque el frío tiende a subir aún más la presión.
- Adultos mayores de 65 años, ya que la adaptación al frío es menos eficiente y la incidencia de eventos cardiovasculares en invierno es mayor.
- Personas con diabetes, obesidad o fumadores, cuyas respuestas fisiológicas y vasculares ya están comprometidas.
Estos grupos no solo presentan una mayor probabilidad de que el frío desencadene un evento, sino que las consecuencias tienden a ser más severas.


