Bienestar

¿Cómo afectan al intestino los alimentos ultraprocesados y qué consecuencias médicas tiene?

Se recomienda reducir estos ultraprocesados y apostar por alimentos reales
Se recomienda reducir ultraprocesados y apostar por alimentos reales. Freepik
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No todos los alimentos pesan igual sobre nuestra salud. Esta es una advertencia que cada vez suena más fuerte. Los llamados alimentos ultraprocesados no solo son capaces de aumentar el riesgo de obesidad, diabetes o enfermedad cardiovascular. También tienen influencia sobre un actor clave que vive dentro de nosotros: el intestino.

El intestino no es solo un tubo digestivo: se trata de un ecosistema complejo donde conviven billones de bacterias, virus y hongos que influyen en la digestión, la inmunidad, el metabolismo, el estado de ánimo e incluso en la prevención de enfermedades. Numerosos estudios recientes han demostrado que un consumo elevado y habitual de ultraprocesados puede alterar ese equilibrio, dañar la barrera intestinal y desencadenar inflamación, con consecuencias serias a medio y largo plazo.

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¿Qué son los ultraprocesados y por qué no son “comida real”?

Antes de entrar en materia, conviene aclarar qué entendemos por alimentos ultraprocesados. No se trata simplemente de “comida lista para consumir”, sino de productos industrializados que han sufrido múltiples modificaciones: contienen ingredientes extraídos o derivados de alimentos, además de aditivos y han sido diseñados para ser hiperpalatables, duraderos y fáciles de producir en masa.

Este procesamiento con frecuencia elimina casi por completo la fibra, reduce notablemente su valor nutricional (vitaminas, minerales o compuestos naturales) y añade sustancias que no existen en la naturaleza, o lo hacen en proporciones muy diferentes. Esa combinación: pobreza nutricional, exceso de azúcar, sal o grasas poco saludables y presencia de aditivos artificiales, es lo que convierte a los ultraprocesados en algo más que una elección “poco sana”. Se trata de un desafío para el intestino.

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Qué le hace la comida ultraprocesada al intestino

Disbiosis: pérdida del equilibrio microbiano

Uno de los efectos más documentados del consumo habitual de ultraprocesados es la alteración de la microbiota intestinal, una condición que los científicos denominan disbiosis. Diversos artículos y revisiones recientes señalan que dietas ricas en ultraprocesados están asociadas con la disminución de la diversidad bacteriana, con pérdida de especies beneficiosas como Faecalibacterium prausnitzii o Akkermansia muciniphila, y un aumento relativo de bacterias potencialmente “dañinas”.

Este desequilibrio microbiano altera la producción habitual de compuestos claves para salud intestinal, como los ácidos grasos de cadena corta (SCFA) que las bacterias generan a partir de la fibra, los cuales son importantes para nutrir las células del colon, modular la inflamación y mantener la salud de la mucosa.

Barrera intestinal debilitada e “intestino permeable”

Los ultraprocesados, además, parece que afectan a la integridad de la barrera intestinal, el revestimiento que separa el contenido intestinal del resto del cuerpo. Estudios recientes muestran que algunos aditivos comunes como los emulsionantes, conservantes o aditivos de textura pueden alterar la mucosa intestinal, dañar las células del moco y reducir la eficacia del revestimiento.

Cuando la barrera se debilita, sustancias que normalmente estarían confinadas en el intestino como pueden ser toxinas, bacterias, productos de su metabolismo pueden “filtrarse” al torrente sanguíneo, un fenómeno a veces llamado “leaky gut” (intestino permeable). Esto puede desencadenar respuestas inflamatorias crónicas, activar el sistema inmune y contribuir a enfermedades más allá del intestino.

Inflamación crónica y riesgo de enfermedades digestivas

La combinación de disbiosis, barrera alterada y estímulos inflamatorios recurrentes puede favorecer el desarrollo o agravamiento de enfermedades digestivas importantes. De hecho, dietas ricas en ultraprocesados han sido señaladas como un factor de riesgo para enfermedades inflamatorias intestinales, como la colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn, así como para el cáncer de colon y el síndrome de intestino irritable.

Además, la inflamación intestinal puede tener efectos sistémicos: hay evidencias crecientes de su vínculo con problemas metabólicos, enfermedades hepáticas, alteraciones del sistema inmune e incluso riesgos cardiovasculares.

¿Cómo proteger el intestino?

La primera clave para proteger el intestino es reducir al mínimo al consumo habitual de ultraprocesados, ya que no solo van a aportar pocos nutrientes, sino que pueden alterar la microbiota, dañar la barrera intestinal y favorecer la inflamación. Se recomienda sustituirlos por alimentos reales como frutas, verduras, legumbres, tubérculos, frutos secos, proteínas de calidad y cereales integrales para ayudar a recuperar la diversidad microbiana y favorecer la producción de compuestos beneficiosos como los ácidos grasos de cadena corta. También se aconseja aumentar la presencia de fibra y prebióticos naturales, ya que es el combustible que utilizan las bacterias buenas para mantener un intestino fuerte y equilibrado.

Además, es recomendable incorporar alimentos fermentados como yogur natural, kéfir o vegetales fermentados, que pueden contribuir a restaurar o mantener una microbiota saludable. Junto a ello, un estilo de vida equilibrado donde haya una buena hidratación, dormir suficiente, manejar el estrés y hacer ejercicio de manera regular puede potenciar el efecto protector de la alimentación. No hay que prohibir alimentos de manera radical, sino que entender que la base de la dieta debe construirse con productos frescos y mínimamente procesados: es ahí donde el intestino encuentra su mejor defensa.