Ronquidos irregulares, cansancio y somnolencia diurna son algunas de las señales de un trastorno común pero infradiagnosticado como es la apnea del sueño
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Dormir es una de las funciones más básicas y reparadoras del cuerpo humano. Sin embargo, millones de personas en el mundo se levantan cada día con la sensación de no haber descansado nada, aunque hayan pasado ocho horas en la cama. Les cuesta concentrarse, bostezan constantemente, tienen dolores de cabeza por la mañana e incluso se llegan a quedar dormidos en situaciones inapropiadas. Para muchos, esta fatiga crónica tiene una explicación: la apnea del sueño, un trastorno que altera la respiración mientras dormimos y que afecta tanto al descanso como a la salud en general.
Lo más llamativo es que la apnea del sueño es más común de lo que pensamos, pero a la vez, una de las condiciones menos diagnosticadas. Un porcentaje importante de quienes la padecen ni siquiera lo saben, porque los síntomas más evidentes como son las pausas en la respiración, ronquidos irregulares o jadeos nocturnos, son detectados por la pareja o familiares y no por el paciente.
Muchas personas conviven con la apnea durante años sin buscar ayuda porque no saben que la padecen, simplemente asumen que han dormido mal o achacan sus síntomas al estrés o al cansancio acumulado. Pero, ignorarla es algo peligroso: este trastorno está relacionado con la hipertensión, problemas cardíacos, diabetes, aumento de peso e incluso, deterioro cognitivo. Por eso, es esencial tanto saber qué es la apnea como conocer cómo se puede manifestar y cuándo consultarlo con un especialista.
¿Qué es la apnea del sueño?
La apnea del sueño es un trastorno en el que la respiración se interrumpe repetidamente mientras se duerme, pueden ser unos segundos o más tiempo. Cada “pausa” se denomina apnea, un término de origen griego que significa literalmente “sin respiración”. En el sueño, puede pasar cuando las vías respiratorias se estrechan u obstruyen, o cuando el cerebro no envía correctamente la señal de respirar.
Cuando esas interrupciones se repiten muchas veces por hora, el sueño se fragmenta. La persona puede no despertarse conscientemente, pero nunca llega a las fases profundas de descanso. El oxígeno en sangre puede bajar, el corazón y el cuerpo trabajan a marchas forzadas, y poco a poco, el rendimiento físico, emocional o incluso mental se puede ver resentido.
Existen varios tipos, pero el más común es la apnea obstructiva del sueño (AOS), en la que el problema es físico: los músculos de la garganta se relajan demasiado y bloquean la vía aérea. De manera menos habitual existe la apnea central del sueño (ACS), en la que el cerebro deja de mandar la señal de respiración de forma temporal.
Cuál es la importancia de su detección
Puede que se piense que roncar fuerte es solo algo molesto o que estar cansado al levantarse es algo “normal”. Pero la apnea del sueño puede tener efectos mucho más profundos:
- Fatiga, somnolencia e irritabilidad diurna: aunque se duerma muchas horas, no se descansa de verdad. La somnolencia aumenta el riesgo de accidentes de conducir, en el trabajo y también, afecta a la concentración.
- Problemas cardiovasculares: las bajadas de oxígeno, los microdespertares y la tensión repetida ejercen presión sobre el corazón y la circulación. Con el paso del tiempo, pueden aumentar la tensión arterial, favorecer enfermedades cardiacas o empeorar condiciones preexistentes.
- Impacto sobre la salud general: el sueño fragmentado interfiere con la recuperación del cuerpo, el metabolismo, el sistema nervioso e incluso el estado de ánimo. De la misma forma, la apnea puede coexistir con otras enfermedades como la obesidad o la diabetes, multiplicando sus efectos negativos.
Señales que pueden alertar de apnea de sueño
Detectar la apnea no es algo fácil porque muchas veces la persona que la padece no se da cuenta. No obstante, hay pistas, algunas más obvias y otras más sutiles, que conviene conocer. Por un lado están los típicos ronquidos fuertes o con pausas. Esta secuencia repetida puede ser un signo de apnea.
También pueden aparecer somnolencia o cansancio diurnos aunque se hayan dormido muchas horas, ya que se vive con la sensación de no haber dormido. Además, se pueden dar despertares frecuentes, boca seca o sensación de asfixia al dormir, dolores de cabeza matutinos, irritabilidad o baja memoria.
También hay que tener en cuenta los factores de riesgo conocidos que son la obesidad o aumento de peso, especialmente en el cuello o cara, la edad, ya que el riesgo aumenta al envejecer, la anatomía de las vías respiratorias estrechas, consumo de alcohol, tabaco, congestión nasal crónica, antecedentes familiares, entre otros. No todas las personas con apnea roncan, y no todo ronquido significa apnea. Pero, si se tienen varios de estos signos, sí que merece la pena prestarle atención.
Para diagnosticar la apnea del sueño se deben hacer pruebas específicas mientras se duerme:
- Estudio del sueño (“polisomnografía”): es la prueba de referencia. Se realiza en un laboratorio de sueño, donde se monitoriza respiración, niveles de oxígeno, fase del sueño, frecuencia cardíaca, entre otros parámetros. Permite determinar cuántas apneas/hipopneas existen por hora.
- Pruebas simplificadas en casa: en casos de sospecha, el médico puede recomendar un estudio en casa con equipo portátil que mide flujo de aire, saturación de oxígeno y patrones respiratorios. Si los resultados indican alteraciones, puede derivarse a un centro especializado para confirmarlo con el estudio del sueño.
- En otros casos, el diagnóstico se basa en síntomas y factores de riesgo.


