Muchas personas notan dolor de cabeza o migraña antes de que llueva, y la ciencia apunta a los cambios de presión atmosférica como un posible desencadenante
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Hay personas que no necesitan mirar la previsión meteorológica para saber que va a llover: lo notan en la cabeza. Es un dolor sordo que aparece de repente, una presión incómoda en las sienes o una migraña que se activa horas antes de que caigan las primeras gotas. Durante años, la relación entre el dolor de cabeza y los cambios de tiempo se ha atribuido o bien a la intuición o a la casualidad, pero la ciencia lleva tiempo observando que en ciertos casos, no es una coincidencia.
Los cambios en la presión atmosférica, especialmente cuando se acerca una borrasca o una tormenta, pueden desencadenar cefaleas y migrañas en personas sensibles. No pasa en todo el mundo, ni tampoco de la misma manera, pero cada vez hay más estudios que apuntan a que el cuerpo responde a las variaciones del entorno antes incluso de que el clima cambie visiblemente.
Entender por qué a algunas personas les duele la cabeza cuando va a llover no solo ayuda a desmontar mitos, sino también a identificar patrones, anticiparse a esos episodios de dolor y mejorar la calidad de vida.
¿Qué es la presión atmosférica y cómo cambia el clima?
La presión atmosférica es simplemente el peso del aire que se ejerce sobre la superficie terrestre. No es algo fijo, va cambiando cuando se acercan sistemas meteorológicos como anticiclones o borrascas y tormentas. Antes de que comience a llover, la presión atmosférica suele bajar, a medida que el aire se vuelve más cálido y menos denso.
Estos cambios no se perciben conscientemente, pero sí que alteran el equilibrio del aire en nuestros distintos “espacios llenos de aire”, como los senos paranasales o incluso las pequeñas cavidades alrededor del cráneo. Debido a que estos espacios están conectados con el resto del cuerpo a través de nervios y vasos sanguíneos, cualquier desequilibrio de presión podría estimular terminaciones nerviosas implicadas en el dolor y alterar la dinámica de los vasos sanguíneos cerebrales.
¿Por qué los cambios de presión pueden doler?
Aunque los mecanismos precisos aún están siendo estudiados, hay varias teorías que intentan explicar por qué muchas personas sienten dolor de cabeza con la lluvia o antes de una tormenta:
- Vasodilatación y presión vascular: cuando la presión barométrica cae, una respuesta del cuerpo puede ser que los vasos sanguíneos se dilaten para compensar el cambio. Esta dilatación puede provocar dolor, especialmente en personas con migraña o susceptibilidad vascular.
- Equilibrio de presión en los senos nasales: los senos paranasales están llenos de aire y normalmente equilibran su presión con la del exterior. Cuando la presión barométrica desciende rápidamente, ese equilibrio se altera, lo que puede irritar tejidos sensibles y nervios, desencadenando dolor.
- Cambios en las sustancias químicas cerebrales: los cambios de clima pueden influir en ciertas sustancias químicas en el cerebro, como la serotonina, que está implicada en la regulación del dolor y las migrañas. Estos desequilibrios pueden favorecer la aparición de crisis en personas susceptibles.
A grandes rasgos, la evidencia científica sugiere que sí que existe una asociación entre los cambios meteorológicos, incluidos los de presión atmosférica, y las migrañas y otros tipos de cefaleas.
Una revisión meta-analítica reciente encontró que los cambios climáticos, especialmente de temperatura y presión, son factores importantes asociados con la aparición de migrañas. Otro estudio basado en big data demostró que la baja presión barométrica, alta humedad y lluvia se asocian con un aumento de episodios de dolor de cabeza tanto migrañosos como no migrañosos.
Investigaciones en Japón observaron que ciertos rasgos de presión ligeramente por debajo de lo habitual estaban correlacionados con una mayor tasa de migrañas en pacientes susceptibles. Por otro lado, varias encuestas clínicas reportan que entre un 30% y un 50% de personas con migraña identifican cambios de clima como desencadenante frecuente de sus crisis.
No obstante, los resultados no son uniformes en todos los estudios y varían según la población y los métodos utilizados: algunos trabajos han señalado que los efectos pueden ser molestos o inconsistentes, aunque la tendencia general apoya una asociación significativa para grupos específicos.
Estrategias para anticipar y manejar estos dolores
Evidentemente, controlar el clima no es una opción, pero sí que se puede aprender a anticipar los dolores de cabeza asociados a los cambios de presión atmosférica. Llevar un pequeño registro de los episodios puede ayudar a identificar patrones personales. Muchas personas descubren que sus cefaleas se repiten bruscamente cuando baja la presión o aumenta la humedad, incluso antes de que empiece a llorar, lo que permite estar alerta y actuar con antelación.
Cuando se prevé un cambio de tiempo, los especialistas recomiendan cuidar especialmente los factores que sí están bajo control: mantener una buena hidratación, dormir lo suficiente, reducir el estrés y evitar otros desencadenantes habituales como el ayuno prolongado o el exceso de pantallas. En personas con migraña, estos ajustes pueden marcar la diferencia entre un dolor leve y una crisis intensa, ya que el clima suele actuar como un desencadenante añadido, no como el único responsable.
Si los dolores son frecuentes, intensos o interfieren con la vida diaria, lo más adecuado es consultar con un profesional sanitario. Un médico o neurólogo puede valorar si se trata de migraña, cefalea tensional u otro tipo de dolor y recomendar tratamientos preventivos o pautas personalizadas. Anticiparse, conocerse y no normalizar el dolor son pasos fundamentales para convivir mejor con este tipo de cefaleas.


