Turismo

El Parque Natural que tiene el último bosque subtropical de Europa está en Andalucía

Parque Natural de los Alcornocales
Parque Natural de los Alcornocales. Cuatro.com
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Basta salir de la autopista, dejar atrás el brillo de la Costa de la Luz y adentrarse unos kilómetros hacia el interior para que el paisaje cambie de golpe. La luz se apaga, el aire se vuelve húmedo y la carretera se mete en un túnel de árboles que casi no dejan ver el cielo. Ese pasillo natural anuncia la entrada al Parque Natural de los Alcornocales, el espacio protegido andaluz que conserva el último bosque subtropical auténtico de Europa, conocido ya como “la selva virgen de la Península Ibérica”. 

Los Alcornocales se extienden entre las provincias de Cádiz y Málaga, en una franja serrana que va desde el Estrecho de Gibraltar hasta las sierras del interior, con unas 167.767 hectáreas protegidas desde 1989, lo que lo convierte en uno de los parques naturales más grandes de España. 

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La clave de su singularidad está en el clima. La combinación de la influencia atlántica, lluvias muy abundantes (que pueden estar por encima de 1.400 l/m² al año) y las nieblas de levante, las famosas “barbas del levante”, genera un microclima extremadamente húmedo, muy similar al de regiones subtropicales y macronésicas. Ese exceso de agua en un entorno mediterráneo permite que sobrevivan especies de épocas mucho más húmedas de la historia de Europa. Un reducto climático que no tiene equivalente en el continente

Canutos y laurisilva: la “selva” escondida en los valles

A simple vista, el parque impresiona por la masa de alcornoques, la mayor de España y una de las más extensas de Europa, que da nombre al espacio natural y sustenta aún una importante economía del corcho. Pero el tesoro que justifica el calificativo de subtropical se esconde en la parte más baja del relieve, en los valles profundos y estrechos que los lugareños llaman canutos.

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En estos barrancos encajados, por donde corren arroyos permanentes y se acumula la niebla casi todo el año, crecen bosques de galería de tipo laurisilva, con laurel, rododendro, durillo, avellanillo, alisos, acebos y una colección de helechos tan inusual que la botánica los considera una auténtica reliquia de la Era Terciaria. Se trata del mismo tipo de formación vegetal que domina en Garajonay o en las Azores, pero aquí en versión mínima, alojada en corredores con sombra.

No se trata de un bosque tropical al uso, pero sí un ecosistema de origen subtropical que sobrevivió a las glaciaciones y se ha mantenido aquí como un fósil vivo de la vegetación europea.

Parque natural de Los Alcornocales (Cádiz, España)

Senderos entre nieblas: cómo asomarse a este “último bosque”

Pese a su carácter casi selvático, el parque está preparado para ser recorrido con calma. La red de uso público incluye varios centros de visitantes (El Aljibe, Huerta Grande, Cortes de la Frontera) y una buena selección de senderos señalizados que permiten asomarse a los canutos sin salirse de las normas de conservación. 

Las rutas más conocidas discurren por barrancos como el Canuto de los Gaitanes, el Canuto del Risco Blanco o el río de la Miel, donde el caminante se mueve literalmente bajo una bóveda de ramas, musgos y lianas, con pasos de agua, pequeñas cascadas y paredes cubiertas de helechos. La mejor época del año para hacer la visita sería durante el otoño y la primavera, cuando el suelo está menos encharcado y la humedad mantiene el bosque en su máximo esplendor. 

La otra gran experiencia es levantar la vista al cielo: su localización, en pleno corredor migratorio del Estrecho, convierte a Los Alcornocales en uno de los mejores lugares de Europa para ver cigüeñas, buitres, águilas calzadas, milanos y otras aves planeadoras que utilizan estas sierras como plataforma de descanso antes o después de cruzar a África. 

Un tesoro climático que también es un reto

Tener al alcance de nuestro coche el último bosque subtropical auténtico de Europa es un privilegio… y una responsabilidad. Este ecosistema depende críticamente de la humedad constante y de la calidad del agua, que son factores amenazados por el cambio climático, los usos del suelo y las presiones sobre el territorio (infraestructuras, parques eólicos, embalses). 

Caminar por un canuto de Los Alcornocales es, en realidad, hacer turismo en el tiempo: avanzar por un fragmento de selva que cuenta cómo pudo ser buena parte del sur de Europa antes de que el clima se volviera más seco. Que esa experiencia siga viva dependerá de que se mantenga el delicado equilibrio que hoy hace posible que, en pleno sur andaluz, exista todavía un bosque que se siente mucho más cerca de las nubes de la Macronesia que de las postales de sol y playa.