Milagros entre los escombros en Venezuela: del "ay que bello" de una anciana al ver la luz, a la resistencia de Moisés por mantenerse despierto

2.300 rescatistas de 25 paises, entre ellos España, lo están dando a todo
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En medio de la catástrofe, los rescates de supervivientes siguen siendo la prioridad. Como el milagro del rescate de un niño que llevaba cuatro días sepultado. Los topos de México, junto con los Bomberos de Caracas, lograron salvarle la vida. Primero consiguen sacarle a él, después al rescatista que se metió bajo los escombros. La esperanza de encontrar a personas con vida cada vez es menor. Son horas decisivas. Cientos de rescatistas tratan de meterse en cada rincón, entre los escombros, para localizar a supervivientes.
A Moisés, tras 76 horas atrapado le piden que no se duerma. Le insisten en que se mantenga despiero mientras le aseguran en esa camilla. Con gafas, manta rérmica, le relajan antes de bajarle.
Otros rescatistas, en un escenario de pesadilla, escuchan ruidos. El sonido aunque sea leve, puede anunciar resquicios de vida entre los escombros. Se esmeran en escuchar con la oreja pegada a las piedras, pero el bullicio lejano de la ciudad se convierte en una molestia. La comunicación con los encerrados en túneles amorfos de hierros y piedras es muy complicada. Un señor llamado Hernán le dice a una chica que le caen piedras en el boquete en el que está metido y que tiene sed
Además del silencio, la luz es importante. Lo demuestra una señora de 80 años que dice: "Ay, qué bello", al ver ver un rayo de luz de la linterna, que sabe, es el primer paso para acabar saliendo de esa prisión formada por cemento y piedras. Por eso hay brigadas que intentan hacer llegar la luz a zonas imposibles de acceder, donde solo hay oscuridad en el interior y en el exterior que sólo con generadores permiten continuar el trabajo. Brigadas de todo el mundo trabajan sin descanso, o con muy poco, pero no dan a basto. 2.300 rescatistas de 25 paises, entre ellos España, lo están dando a todo. A ellos se suman familiares y civiles desesperados. El tiempo corre en su contra y la cantidad de posibles víctimas supera la capacidad de los equipos internacionales.

