La duración de la guerra contra Irán, clave en las secuelas en la economía mundial

Funcas prevé un impacto de dos décimas en el PIB y un repunte del IPC por encima del 3% hasta verano por Irán
La guerra en Irán y sus efectos económicos estarían llevando ya a algunos países del Golfo Pérsico a replantearse sus inversiones internacionales. Y eso son palabras mayores.
Estamos ya acostrumbrados a ver los nombres aerolíneas de Emiratos o de Qatar en las camisetas de los clubs de futbol europeos, o dando nombre a estadios, como en Madrid. En los últimos años esos países acogen y patrocinan grandes eventos deportivos, pero también comprometen mucho dinero para empresas europeas y americanas.
El ministro de energía de Catar, Saad al-Kaabi, quien también es presidente y consejero delegado de QatarEnergy, ha advertido de que la guerra desatada en Oriente Próximo tras el ataque a Irán de Israel y Estados Unidos podría llevar a que todos los exportadores de energía de la región suspendan la producción en cuestión de semanas, lo que llevaría el precio del petróleo a 150 dólares por barril y podría "hundir las economías mundiales".
El precio del crudo de calidad Brent, de referencia para Europa, llegaba a cotizar este viernes en 89,52 dólares, el precio más alto desde abril de 2024, con una subida ligeramente inferior al 5% respecto del cierre de ayer, lo que amplía al 23% el encarecimiento acumulado desde el pasado viernes en su semana más alcista desde 2020.
En declaraciones al diario británico 'Financial Times', Saad al-Kaabi advierte de que, incluso si la guerra terminara de inmediato, su país tardaría "semanas o meses" en normalizar el ciclo de suministro tras el ataque con drones iraníes a su mayor planta de gas natural licuado (GNL), lo que obligó a QatarEnergy a declarar fuerza mayor esta semana.
Si bien Catar solo exporta una pequeña proporción de su gas a Europa, el ministro de energía considera que el Viejo Continente sufriría significativamente, ya que los compradores asiáticos superarían las ofertas de los europeos en la puja por el gas disponible en el mercado, y otros países del Golfo se verían incapaces de cumplir con sus obligaciones contractuales. "Esperamos que todos los que no han declarado fuerza mayor lo hagan en los próximos días si esto continúa. Todos los exportadores de la región del Golfo tendrán que declarar fuerza mayor", señala Kaabi, para quien "si no lo hacen, en algún momento tendrán que afrontar la responsabilidad legal, y es su decisión", añade.
En opinión del ministro de Energía catarí, si la guerra en la región se prolonga durante algunas semanas, el crecimiento del PIB mundial se verá afectado, ya que el precio de la energía subirá para todos, mientras que habrá escasez de algunos productos y se producirá una reacción en cadena en las fábricas que no podrán abastecerse. "Esto derrumbará las economías del mundo", declaró. "Esto hundirá las economías del mundo", ha sentenciado.
De su lado, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, advertía este viernes de que una subida sostenida en el tiempo del 10% del precio de la energía se traduciría en un aumento de la inflación de cuatro décimas, mientras que restaría entre una y dos décimas al crecimiento. "Si se produce un aumento del 10% en los precios de la energía y este se mantiene durante un año, la inflación subiría 40 puntos básicos y el crecimiento se desaceleraría entre 0,1 o 0,2 (puntos porcentuales)", ha estimado la economista búlgara durante una entrevista con BloombergTV.
En este sentido, ante la crisis abierta por los ataques a Irán de Estados Unidos e Israel, la directora del FMI ha subrayado la importancia de cuánto se prolongará la situación, que ya ha provocado un alza de los precios energéticos, erosionado la confianza y provocado interrupciones del turismo y el comercio.
Ante este escenario, para Georgieva es necesario que los bancos centrales permanezcan alerta respecto de lo que sucede tanto en el ámbito de los precios como en el de las divisas, mientras que ha reiterado el llamamiento a las autoridades fiscales para que "tengan mucho cuidado con cómo utilizan sus reservas" y aprovechen las épocas de bonanza para reconstruirlas.
Y es que el Golfo se ha convertido en un nodo de la economía global, centro de finanzas, aviación, tecnología y turismo que ahora está amenazado por la guerra. Las tensiones, dice el diario Finacial Times, estaría llevando ya a los gobiernos a revisar sus compromisos de inversión en el extranjero porque sus ingresos por la venta de petróleo y gas van a reducirse.
El tiempo, clave
La clave de todo es el tiempo. El tiempo que dure esta guerra. Aquí en España dice Funcas que si el conflicto se limita a tres meses, el IPC podría irse por encima del 3% para el verano, ahora está en 2,3. Pero si dura más o se agrava, con las destrucción de infraestructiras energéticas clave del escenarios sería mucho más negativo.
El centro de análisis ha publicado este viernes un primer documento sobre el impacto en la economía española del inicio de los ataques a Irán y del cierre prácticamente total del estrecho de Ormuz, por el que transita la quinta parte del comercio mundial de hidrocarburos. Según se desprende del informe, el contexto actual ha provocado el tensionamiento "abrupto" de los precios energéticos, amenazando con desencadenar una espiral inflacionaria similar a la que surgió a raíz de la guerra en Ucrania.
Sin embargo, la nota de Funcas recoge varios factores que apuntan a que, en esta ocasión, la contienda podría ser acotada en el tiempo y su severidad moderada para la capacidad de producción de hidrocarburos de la zona.
En el supuesto de un conflicto limitado a tres meses, y en base a un análisis de los canales de transmisión de los precios de mercado a la economía española, se estima que el IPC podría elevarse por encima del 3% de aquí al verano, antes de retroceder y acercarse al 2,5% previsto antes del conflicto para finales de año.
La cesta de la compra puede verse afectada
Según los expertos de Funcas, el encarecimiento de los productos energéticos se traslada a la cesta de la compra de forma directa e inmediata a través de su impacto sobre los precios de los combustibles y de la electricidad. Supone, además, un aumento en los costes de producción, que serían trasladados a lo largo de la cadena de producción hacia el consumidor final.
De acuerdo con las proyecciones del 'think tank', el encarecimiento de la cesta de la compra retraería el avance del consumo privado, principal motor de crecimiento en el corto plazo. También las exportaciones se verían afectadas por el impacto negativo sobre la actividad económica en el resto de países. Otra vía de transmisión sería el turismo, que se resentiría del encarecimiento de los viajes en avión y del impacto general de la inflación sobre la capacidad adquisitiva de los visitantes --aunque es posible que este efecto fuera compensado, parcialmente, por el aumento del atractivo de España frente a otros destinos competidores cercanos a Oriente Medio, que podrían ser percibidos como más inseguros--.
Una posible última vía de transmisión sería la inversión, ya que muchas decisiones podrían paralizarse o posponerse como resultado de la incertidumbre.
La suma de todos estos efectos --teniendo también en cuenta un pequeño efecto compensatorio por el menor crecimiento de las importaciones-- podría restar al PIB unas dos décimas de crecimiento en 2026. "El impacto sería, por tanto, limitado", apuntan los autores del informe. No obstante, Funcas ha alertado de que si la contienda se prolongara por más tiempo, o si se destruyeran instalaciones e infraestructuras clave dando lugar a disrupciones importantes en los flujos de productos energéticos, el escenario sería significativamente más negativo.
Repostar ya cuesta 10 céntimos más que la pasada semana
De acuerdo con el análisis de Funcas, repostar combustible cuesta ya 10 céntimos más que la semana pasada, una variación todavía limitada. En cuanto a la electricidad, el Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor de electricidad (PVPC) se sitúa en lo que va de mes un 13% por encima de la media del mes pasado, sin que se pueda todavía determinar si ese incremento se debe a las fluctuaciones recientes de los mercados internacionales, o a otros factores, como la climatología. En todo caso, se observa una correlación entre la variación del precio del gas y el PVPC.
De manera general, el incremento del precio del petróleo impacta en el IPC a través de su efecto sobre el precio de los combustibles (gasolina y gasóleo de automoción), mientras que el precio del gas natural, tomando como mercado de referencia el Mibgas, repercute en dos componentes del IPC: el gas natural para uso doméstico y la electricidad. Así, teniendo en cuenta las correlaciones históricas, se puede estimar que un incremento del 10% del precio del petróleo añade una décima de IPC, y una subida del 10% del precio del gas redunda en una subida del índice de precios de igual magnitud.
Desde Funcas han apuntado que la economía mundial dispone de colchones para aguantar el cierre del estrecho de Ormuz durante un tiempo limitado: el volumen de hidrocarburos almacenados en los países importadores, o la disponibilidad de una capacidad productiva rápidamente movilizable en los países productores alejados de la zona de conflicto, permiten amortiguar los efectos de una interrupción transitoria del abastecimiento.
Una conflagración prolongada, sin embargo, agotaría esos colchones y entrañaría una desorganización de la cadena productiva, con importantes consecuencias sobre los precios, como ha sido el caso de la guerra de Ucrania.
Los expertos han señalado que varios argumentos apuntan a que, en esta ocasión, la contienda estará acotada en el tiempo. En primer lugar, el arsenal militar de Irán se ha visto fuertemente debilitado por la magnitud de los ataques, si bien todavía dispone de una importante reserva de drones con una capacidad de destrucción significativa (y un bajo coste, cercano a 30.000 dólares por unidad).
En segundo lugar, es probable que el apoyo de la ciudadanía norteamericana vaya disminuyendo a medida que se prolonga el conflicto, y que su impacto se vaya percibiendo en el día a día.
Esta semana, el precio de un galón de gasolina ha superado el umbral psicológico de los 3 dólares, lo cual no puede más que acrecentar el descontento, a pocos meses de las elecciones de medio mandato. A ello se añade el impacto presupuestario de la guerra, como lo evidencia el hecho de que cada misil utilizado para interceptar un dron costaría cerca de 4 millones de dólares.
