Subir el salario mínimo eleva la probabilidad de que las empresas 'contraten' robots

Subir el salario mínimo un 10% eleva la probabilidad de que las empresas 'contraten' robots
El impacto de la subida del SMI en la contratación de robots por parte de las empresas, a estudio. Cuatro
  • El estudio de Stanford llega en pleno 'boom' de la IA y mientras los gobiernos apuestan por políticas de subida del SMI

  • Un estudio estima que subir un 10% el SMI eleva un 8% la probabilidad de robotización en EEUU.

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El Boletín Oficial del Estado (BOE) ha publicado este jueves el Real Decreto para la subida del salario mínimo interprofesional (SMI) en un 3,1% desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre de 2026, hasta situarse en 1.221 euros mensuales por catorce pagas.

La nueva cuantía del SMI, que no tributará en el IRPF, supera en 37 euros al mes ó en 518 euros al año el importe vigente en 2025 (1.184 euros al mes/16.576 euros anuales). Con la subida del SMI en un 3,1%, aprobada el pasado martes por el Consejo de Ministros, el salario mínimo de 2026 queda fijado en 17.094 euros brutos al año y en 40,70 euros brutos al día, con carácter general.

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Para los eventuales y temporeros, el SMI se establece por jornada legal en la actividad en 57,82 euros, en tanto que los empleados de hogar no podrán cobrar menos de 9,55 euros por hora efectivamente trabajada.

El incremento del SMI, que se aplicará con efectos retroactivos desde el 1 de enero de este año y que beneficiará a unos 2,5 millones de trabajadores, es fruto del acuerdo alcanzado a finales de enero por el Ministerio de Trabajo y CCOO y UGT y al que no se sumaron los empresarios.

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Es el sexto año consecutivo en el que Trabajo pacta en solitario con los sindicatos la subida del SMI. Como en años anteriores, la actualización del SMI no afecta a la estructura ni a la cuantía de los salarios profesionales que viniesen percibiendo los trabajadores cuando tales salarios en su conjunto y en cómputo anual fuesen superiores al SMI.

No obstante, deberán ser modificados los salarios establecidos en contratos o pactos de naturaleza privada inferiores en su conjunto y en cómputo anual al importe del SMI de 2026 en la cuantía necesaria para asegurar su percepción, de acuerdo con las reglas de absorción y compensación vigentes.

En este sentido, aunque el Gobierno y los sindicatos han acordado, como parte de su pacto para subir el SMI de 2026, reformar las reglas de absorción y compensación para que la subida del SMI no se diluya alterando los pluses que pueden cobrar los trabajadores, esta reforma se hará en otro Real Decreto distinto, aprovechando la transposición al ordenamiento jurídico español de la directiva europea de salarios mínimos.

El BOE ha publicado también este jueves la actualización de la deducción vigente en el Impuesto de la Renta Sobre las Personas Físicas (IRPF) para adaptarla a la subida del SMI.

En concreto, se pone en marcha una deducción de hasta 590,89 euros a personas con salarios por debajo de los 20.048,45 euros anuales. A pesar de que el salario mínimo interprofesional será desde el 1 de enero de 17.094 euros anuales, para evitar un error de salto se baja la deducción a los 590,89 euros a personas cuyos salarios estén por debajo de 20.048,45 euros brutos al año. En el caso de una persona que cobre el salario mínimo interprofesional en 2026, Hacienda estima que pagará 356 euros menos de IRPF que el año pasado.

Un estudio alerta del impacto del SMI y la robotización

En estos años de incrementos se ha debatido mucho sobre su impacto en el mercado laboral, pero un informe lo relaciona ahora con la robotización del trabajo. El estudio, firmado por los investigadores Erik Brynjolfsson y Andrew Wang, de la Universidad de Stanford, J. Frank, de la Universidad de Columbia Británica, Javier Miranda, de la Universidad Friedrich Schiller y Robert Seamans, de la Universidad de Nueva York, arroja una contundente conclusión: por cada 10% de subida del salario mínimo se eleva en un 8% la posibilidad de adopción de robots.

Y dice que por cada 10% que sube el salario mínimo aumentan un 8% las probabildiades de instalñar robots que hagan el trabajo industrial. El estudio se ha hecho sobre 24.000 empresas de Estados Unidos y ofrece resultados de esa relación entre el SMI y la robotización que se había observado también en China, Alemania, Canadá o Turquía. Dice que las politicas salariales pueden acelerar la instalación de robots en las fábricas. Y destaca cómo la adopcción de esta tecnología se está disparando.

Los sectores más afectados por la robotización

Los sectores más afectados son el del automóvil y el aeroespacial, también la producción de maquinaria industrial y la fabricación de chips. En esto hay un supercampeón, China, esta semana los veíamos bailar en una escenario los datos más recientes dicen que instaló más de 276.000 robosts en las fábricas en 2023. En España fueron poco más de 5.000.

Según la OCDE, aumentar un 10% el stock de robots industriales tiene un impacto muy limitado en la subida de la tasa de desempleo, pero afecta desproporcionadamente a trabajadores con menor nivel educativo. El informe de Estados Unidos advierte que si bien los robots pueden mejorar la productividad, también pueden alterar la estructura del empleo, especialmente en sectores con salarios bajos.

¿Es bueno subir el SMI en todos los casos? ¿Cómo afecta al empleo?

No son pocos los economistas en nuestro país que defienden que la subida del salario mínimo contribuye a mejorar la productividad de la economía, ya que reduce la dependencia de los puestos de menor cualificación y anima a las empresas a invertir en tecnología y trabajadores mejor formados, que son los que atraen ahora el capital humano. Como apunta este estudio, esto es positivo si se traduce en mayores ganancias que permiten elevar los salarios. 

El responsable de Análisis Económico de BBVA y catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Valencia, Rafael Doménech, ha afirmado este jueves en Guadalajara que la productividad de España en estos momentos sigue siendo la misma en términos reales que la que tenía a finales del 2019, y ha añadido que "esto es lo que hoy en día impide un mayor crecimiento de los salarios reales y, por lo tanto, una mejora más perceptible de la calidad de vida.

El economista ha matizado que el actual patrón de crecimiento es "muy extensivo", basado en la acumulación de empleo, lo que limita el avance de la productividad agregada: si el empleo se concentra en actividades con productividad inferior a la media, el promedio nacional permanece estancado, aunque pueda haber mejoras individuales.

A ello, ha sumado el retraso de la inversión privada en la recuperación pospandemia, que ha sido --según ha indicado-- "el componente de la demanda agregada que más ha tardado en recuperarse", pese a ser "fundamental para el crecimiento de la productividad".

Doménech ha identificado también la vivienda como uno de los principales "cuellos de botella" de la economía. Ha señalado que su encarecimiento por encima del IPC contribuye a la percepción social de que el salario real "llega para menos", aun cuando los salarios nominales hayan aumentado. "Son momentos en los que crecemos y tenemos que aprovechar ese crecimiento para poder abordar muchos de los retos que tenemos", ha resumido, aludiendo igualmente a la necesidad de consolidar las cuentas públicas y de no quedar rezagados en la carrera tecnológica.

En relación con el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), Doménech ha defendido que sus subidas tienen que venir acompañadas de crecimiento de la productividad. A su juicio, deben mejorar las condiciones de vida de quienes lo perciben, pero "tampoco tienen que ser un límite o un impedimento a la empleabilidad de aquellos sectores de la población más vulnerables".

El economista ha insistido en la necesidad de profundizar en la evidencia empírica: ha aconsejado que "se realicen estudios en profundidad sobre cuál es el impacto no solo macroeconómico, sino también microeconómico" de las subidas del SMI sobre la empleabilidad. Asimismo, ha recordado que, pese a la intensa creación de empleo, España mantiene una tasa de desempleo desestacionalizada y una tasa de empleo "bastantes puntos por debajo del promedio europeo", por lo que ha considerado un reto "acompasar las subidas del salario mínimo" con las mejoras de productividad y con el objetivo de reducir esa brecha respecto a los países europeos con los que España aspira a converger en renta per cápita y bienestar.

Hay que tener en cuenta todos los factores. Si el SMI sube demasiado rápido y de manera general, como ha ocurrido en España, las empresas no puedena daptar su ritmo de innovación, con lo cual la productividad y la mejora de márgenes se logran exclusivamente vía reducción y contención de costes laborales.

Por el contrario, si la tecnología avanza demasiado rápido para que los trabajadores se adapten, la productividad y los márgenes crecen, pero tampoco se crea empleo porque falta mano de obra 'no automatizable'. Son los retos que nos plantea el futuro.