Sin tener que hacer inversiones o reformas, este hábito ayuda a conservar el calor acumulado en casa reduciendo las pérdidas térmicas y el consumo energético
La temperatura ideal de noche y de día para ahorrar hasta un 30% en gas o electricidad
El frío no solo se cuela por las ventanas. También está bien presente en la factura. Cada invierno, son muchos los hogares que comprueban cómo el gasto en calefacción se dispara sin que, en muchos casos, aumente el confort en casa. Con la energía convertida en una de las principales preocupaciones económicas de las familias, cualquier gesto que pueda reducir el consumo sin perder calor se convierte en un pequeño salvavidas doméstico.
En este sentido, ha ganado popularidad un consejo tan sencillo como efectivo: la llamada “regla de las 4 de la tarde” que ha sido popularizada por Martin Lewis, uno de los divulgadores financieros más influyentes del Reino Unido. Esta idea ha sido difundida en medios europeos por su simplicidad: aprovechar el calor natural del sol durante el día y conservarlo dentro de casa a partir del atardecer. No necesita inversión, tampoco reformas ni conocimientos técnicos, solo cambiar un hábito cotidiano.
Quién es Martin Lewis y qué tiene que ver con el ahorro
Antes de entrar en la regla, hay que entender por qué este consejo ha tenido tanta repercusión. Martin Lewis es un experto en finanzas personales y consumo conocido por traducir conceptos económicos en acciones prácticas para el día a día. En Reino Unido, sus recomendaciones sobre energía, hipotecas o consumo responsable se siguen de manera masiva, sobre todo en periodos de inflación y crisis energética.
Durante los últimos inviernos, Lewis ha estado insistiendo en que no todo el ahorro pasa por bajar el termostato de manera drástica o pasar directamente frío. Consiste en gestionar mejor el calor que ya se genera. De ahí nace esta famosa regla de las 4 de la tarde.
En qué consiste la regla de las 4 de la tarde
La regla es simple y se basa en dos momentos clave del día: durante las horas de sol (mañana y primeras horas de la tarde), se recomienda mantener las cortinas y persianas abiertas para que la radiación social entre en la vivienda y caliente de manera natural el interior de la misma, sobre todo las estancias que están orientadas al sur o al oeste. Cuando llegan las 4 de la tarde (o empieza a caer el sol), hay que cerrar cortinas y persianas para evitar que el calor acumulado se escape hacia el exterior cuando la temperatura exterior baja.
Este gesto convierte las ventanas y cortinas en una especie de barrera térmica pasiva, aprovechando el sol como fuente gratuita de calor y reduciendo las pérdidas térmicas al anochecer.
Aunque puede parecer un truco sin importancia, tiene una base física clara. Durante el día, el sol calienta superficies interiores como suelos, paredes o muebles. Estos elementos actúan como masa térmica, acumulando calor que se libera lentamente cuando la temperatura exterior baja.
El problema llega cuando las ventanas quedan “desprotegidas” al caer la tarde, ya que ese calor se pierde rápidamente por transmisión hacia el exterior. El cristal, incluso en ventanas relativamente modernas, sigue siendo uno de los principales puntos de fuga térmica de una vivienda.
Cerrar cortinas y persianas a tiempo reduce ese intercambio térmico, haciendo que el calor se mantenga más tiempo en el interior y que la calefacción tenga que trabajar menos para mantener una temperatura más agradable.
Cuánto se puede ahorrar realmente
Martin Lewis no ha presentado esta regla como una solución milagrosa. No va a reducir la factura a la mitad por sí sola. Pero, si se aplica de manera constante, sí que puede contribuir a un ahorro acumulado apreciable, sobre todo en viviendas con ventanas antiguas o aislamiento limitado, viviendas orientadas al sol durante el invierno y con un uso intensivo de calefacción por la tarde y noche.
Según expertos en eficiencia energética citados por medios británicos y españoles, combinar el aprovechamiento del calor solar con una mejor conservación del calor puede reducir el consumo de calefacción entre un 5% y un 10%, dependiendo del tipo de vivienda y del clima.
En un invierno completo, ese porcentaje puede traducirse en decenas o incluso cientos de euros, en especial en hogares que dependen de gas o electricidad para calefacción.
Otro de los mensajes más recurrentes de Lewis es que ahorrar no siempre significa generar más calor, sino evitar perder el que ya existe. Por lo que, la regla de las 4 se alinea con otras recomendaciones habituales como: no subir el termostato más de lo necesario, evitar ventilar en exceso cuando hace frío y reducir corrientes de aire.
La diferencia es que la regla de las 4 no implica renunciar al confort, sino usar mejor los recursos naturales de los que se disponen.
Este truco funciona mucho mejor cuando se acompaña con ciertos elementos como son:
- Cortinas gruesas o térmicas: las cortinas pesadas crean una capa de aire que actúa como aislante adicional. No es imprescindible cambiarlas, pero sí cerrarlas correctamente al anochecer.
- Persianas bajadas por la noche: bajar las persianas reduce aún más la pérdida de calor. En viviendas con persianas tradicionales, este gesto puede marcar una diferencia notable.
- Aprovechar la orientación y estancias: no todas las habitaciones reciben el mismo sol. Priorizar el uso de estancias más soleadas durante el día y cerrar las menos utilizadas por la noche también ayuda a concentrar el calor donde es necesario.


