Consumo

La temperatura ideal de noche y de día para ahorrar hasta un 30% en gas o electricidad

Pequeñas acciones pueden multiplicar el efecto de este ajuste de temperatura
Pequeñas acciones pueden multiplicar el efecto de este ajuste de temperatura. Freepik
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Cada invierno, con la llegada del frío, se modifica levemente la temperatura de la calefacción. Tan solo un par de grados. En verano, ocurre lo mismo, con el calor hace falta bajar un par de grados más. A final de mes, llega la sorpresa: la factura del gas o la luz no parece tener relación con el consumo real, es mucho más alta.

La energía, más que un recurso, se ha convertido en una decisión estratégica del hogar. La temperatura que se escoge, tanto de día como de noche, es uno de los factores que más influyen en lo que se paga y uno de los más infravalorados.

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En España, donde más del 40% del gasto energético doméstico está destinado a climatización, los pequeños ajustes de 1 o 2 grados pueden traducirse en ahorros muy relevantes. Esto no es un mito: cada grado de diferencia puede suponer entre un 7% y un 10% de ahorro, y una programación inteligente puede aumentar ese porcentaje hasta el 25-30% en ciertos hogares.

Pero, no solo son números, también es confort, salud y eficiencia. ¿De verdad se necesitan 23ºC para estar bien de día y tiene sentido mantener la calefacción encendida toda la noche?

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¿Cuál es la temperatura “ideal” recomendada?

Según la OCU hay una temperatura ideal que permite estar cómodo en casa sin desperdiciar energía: entre 19ºC y 21ºC durante el día. Poner el termómetro más alto no solo es innecesario, sino que puede aumentar el consumo hasta un 7% por cada grado adicional.

Por la noche debería reducirse entre 15ºC y 17ºC. El cuerpo no necesita el mismo calor mientras se duerme, por lo que bajar las temperaturas no solo va a hacer que se ahorre sino que también va a beneficiar el descanso.

Por otro lado, la OCU también recomienda revisar la caldera una vez al año, ya que si está en mal estado puede consumir hasta un 15% más de energía.

Cómo ahorrar hasta un 30% en gas o electricidad

Conseguir un ahorro del 25-30% en climatización es el resultado de la combinación de varias medidas pequeñas que, juntas, marcan la diferencia. La primera, y se podría decir que la más importante, es mantener la temperatura en el rango recomendado.

En invierno, expertos del IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía) y compañías energéticas coinciden en que 20-21ºC durante el día son suficientes para estar cómodo en casa, mientras que 15-17ºC por la noche permiten mantener una temperatura saludable sin que el sistema de climatización tenga que estar trabajando continuamente. Solo por ajustar un par de grados, muchos estudios señalan que hay un ahorro de entre el 7% y el 16%, dependiendo de la eficiencia del sistema y del aislamiento del hogar.

Otra de las claves está en programar el termostato y olvidarse de hacerlo manualmente. Cuando se deja que la calefacción y el aire acondicionado funcionen “a demanda”, se acaba gastando más sin ni siquiera darse cuenta: se enciende con prisas y con frío por lo que se sube demasiado la temperatura, se deja funcionando un rato hasta que se caliente la casa.

Sin embargo, un termostato programable o inteligente evitaría estos picos. Si, además, se automatizan los horarios, dejando que la calefacción se encienda antes de levantarse, ajustando los grados al salir de casa y reduciendo su uso por la noche, se estará aprovechando mucho más los momentos en los que la casa realmente necesita climatización y reduciendo el consumo cuando no aporta ningún beneficio. Teniendo una planificación como esta se puede ahorrar otro 10-12% más de ahorro.

Asimismo, el ahorro crece cuando se suman pequeños hábitos que reduzcan la fuga de calor o la necesidad de refrigeración. En invierno, cerrar las puertas de las habitaciones que no se usan, bajar las persianas por la noche para evitar pérdidas térmicas o dejar que entre el sol durante el día ayudan a que el sistema de climatización trabaje menor.

En verano, bajar las persianas durante las horas de más calor, ventilar de madrugada y utilizar ventiladores como apoyo puede reducir la necesidad de bajar el aire acondicionado de forma agresiva. No son solo soluciones técnicas, se trata de hábitos cotidianos que aporten eficiencia sin renunciar al confort.

Tampoco hay que olvidarse del mantenimiento. Un sistema de calefacción con filtros sucios, una caldera sin revisar o un aire acondicionado con fugas de gas puede aumentar el consumo entre un 10% y un 20%.

El mantenimiento anual, que suele costar bastante menos de lo que la gente piensa, puede mejorar el rendimiento térmico, evitar averías y prolongar la vida útil del equipo. Por otro lado, hay que tener en cuenta el aislamiento: ventanas con doble acristalamiento, burletes en puertas o alfombras en invierno pueden reducir de manera notable las pérdidas, evitando que el termostato tenga que compensar continuamente la temperatura interior.

Cuando se suman todos estos elementos es totalmente factible acercarse a ese ahorro del 30%. No es un cambio de un día para otro, ni tampoco un truco único, sino una suma de pequeñas decisiones que al mantenerse en el tiempo pueden conseguir que las facturas no se disparen.