Las promociones 3x2 pueden parecer un chollo pero a menudo esconden subidas de precio o fomentan compras compulsivas que acaban en despilfarro
Más de la mitad de los españoles aún paga con dinero efectivo: “Estoy acostumbrada a llevar siempre dinero”
Hay una escena que se suele repetir en los supermercados: se recorre el pasillo de los cereales, y se avista un cartel amarillo con letras enormes que grita un 3x2 irresistible. Mientras se acerca al llamativo letrero, se va haciendo un cálculo mental rápido y con cara de satisfacción, se introducen las 3 cajas en el carrito. “Total, me lo voy a comer” y con esas palabras de satisfacción, se continúa el camino hacia la caja.
Lo que suele pasar después de este momento es que cuando llega final de mes, se revisan los tickets de la compra, y este supuesto chollo irresistible se convierte en sospecha: ¿de verdad hay un ahorro importante o simplemente se ha gastado más en cosas que no se necesitaban?
En un momento en el que la inflación se resiste a bajar del todo, los hogares españoles continúan en la búsqueda de fórmulas para estirar cada euro en la cesta de la compra. Las promociones de los supermercados, desde el clásico “paga 2 y llévate 3” hasta la “segunda unidad al 50%”, se han convertido en ganchos habituales para atraer al consumidor, que ve en ellas una oportunidad de alivio frente a la subida generalizada de precios. Lo que no sabe es que detrás de muchas de estas ofertas se esconden estrategias de marketing milimétricamente diseñadas para aumentar el gasto total del cliente sin pensar en su ahorro real.
Las organizaciones de consumidores llevan años advirtiendo de que estas técnicas pueden distorsionar la percepción del precio del cliente fomentando compras compulsivas. Según la OCU, los descuentos tipo 3x2 o los packs ahorro solo son rentables si el precio por unidad es efectivamente menor y si el consumidor necesita realmente esa cantidad. En caso contrario, lo que parece a primera vista una ganga acaba saliendo caro.
Las ofertas en los supermercados no son bajadas de precio inocentes. Se apoyan en principios psicológicos bien estudiados, como puede ser el “efecto gancho” o la llamada “economía de la percepción” y así empujar a los consumidores a llenar más el carro. No hay que fijarse mucho para ver carteles en colores llamativos, productos estratégicamente colocados o frases como “edición limitada” u “oferta exclusiva”.
Estos son estímulos diseñados para activar un clic emocional más que racional. Juegan con que la sensación de estar aprovechando una oportunidad, aunque realmente no lo sea, genera una pequeña dosis de dopamina que nos hace sentir inteligentes, aunque el resultado sea justo el contrario.
Debido a esto, antes de dejarse seducir por la conocida pegatina fluorescente o la sensación de “me lo llevo porque está barato”, conviene aprender a descifrar cuál es el código real de estas conocidas promociones. Saber cuándo un 3x2 es una auténtica ventaja y cuándo es una trampa de marketing no solo va a proteger el presupuesto familiar, sino que ayuda a que se consuma de manera más responsable.
El precio por unidad es nuestro mejor amigo
En España y en la Unión Europea la clave está en un sencillo principio: debe mostrarse el precio por unidad de medida (€/kg, €/L, €/ud.) para hacer más fácil el comparar productos. Lo exige la Directiva 98/6/CE y su transposición al ordenamiento español mediante el Real Decreto 3423/2000.
Durante las promociones, esta regla se sigue aplicando: el consumidor debe poder saber cuánto paga por kilo o litro para comparar entre formatos y ofertas. Si el establecimiento no lo muestra correctamente, puede reclamarse ante Consumo.
Se recomienda mirar siempre el precio por unidad. Éste es el antídoto más eficaz contra los falsos descuentos: a menudo el “pack ahorro” sale más caro por kilo que el formato normal o el “3x2” oculta subidas previas de precio.
3x2, 2ª unidad al 50%, packs y “+20% gratis”: cómo calcular si compensa
El famoso 3x2 sigue siendo el rey de las promociones, pero no quiere decir siempre ahorro. Sobre el papel, pagar dos y llevarse tres implica un descuento del 33%, aunque solo va a compensar realmente si se van a consumir las tres unidades antes de que caduquen y si el precio por unidad baja respecto al habitual. Muchas veces el supermercado ha subido el precio base justo antes de lanzar la oferta o aplica la promoción sobre envases más pequeños. Una regla rápida: dividir el precio total entre tres y multiplicarlo por dos; si el resultado es peor que el formato normal o la marca blanca, no hay rastro del “chollo”.
Las ofertas de segunda unidad al 50% también suelen confundir: el ahorro real no es del 50%, sino del 25%, ya que hay que pagar una unidad completa y la mitad de la siguiente. Son útiles si se consume el artículo con frecuencia o si el precio medio mejora el de otras marcas. Si se compra por impulso, lo más probable es que se gaste más y se llene la despensa de duplicados.
En el caso de los packs ahorro y los envases con “+20% gratis”, la clave está en mirar el precio por kilo o litro. A menudo el pack grande resulta más caro por unidad de medida que el formato individual, o el “20% gratis” encarece el litro sin que se note. Estas promociones juegan con el “efecto volumen”: cuanto más grande parece el envase, más se piensa que se ahorra, aunque los números digan todo lo contrario.
Las ofertas solo van a valer la pena si el precio por unidad realmente baja y si el producto se ajusta a tu consumo habitual. La mejor calculadora no está en el móvil, sino en la etiqueta del lineal. Antes de meter nada en el carrito hay que asegurarse del precio por kilo o por litro. Si lo que se compra se acabaría caducando o si la rebaja apenas mejora la marca blanca, no se está ahorrando; solo se está cayendo en un truco de marketing muy bien diseñado.


