Los obstáculos para el fútbol femenino: recorre 600 kilómetros cada semana para ser futbolista profesional

Los obstáculos para el fútbol femenino: recorre 600 kilómetros cada semana para ser futbolista profesional
cuatro.com
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Aitana empezó a jugar al fútbol a los 8 años. Lo hacía en un equipo mixto en un pequeño pueblo de Ávila, pero el año pasado, con 14, cuando separaron a los chicos de las chicas tuvo que dejarlo. La solución estaba a 100 kilómetros de su casa.

“Sí que es un sacrificio para todos. Para su madre, para mí… Tienes que sopesar muchas cosas, sobre todo el desplazamiento, el trabajo, el bar que tenemos… En fines de semana es un poco complicado, pero luego todo va rodado”, cuenta su padre. Y todo va rodado gracias al Club Deportivo Tacón. Con cuatro años de vida, cuenta con 125 jugadores de todas las edades, desde las categorías inferiores al primer equipo, que milita en Segunda femenina. Es el empeño de Ana Rossell, una exfutbolista del Atlético de Madrid.

“Una vez que decidí colgar las botas me apetecía intentar que las nuevas generaciones no tuviesen las mismas barreras o los mismos obstáculos que tuve yo en su día. Entonces, decidimos fundar un club para que ellas fueran las verdaderas protagonistas y, sobre todo, que pudieran sentirse verdaderas profesionales del fútbol”.

“Yo creo que lo único que se necesita es que la gente crea en nosotras”, explica Mireia del Val, de 15 años, jugadora del juvenil B del CD Tacón.

Y ayudando a ganar ese partido están hitos como el de la selección española de sub17, recientes campeonas del mundo; o estadios llenos, como en los cuartos de final entre el Athletic de Bilbao y el Atlético de Madrid de la Copa de la Reina. Más de 48.000 personas disfrutando del buen fútbol.

“Es algo que a todas las jugadoras nos orgullece, porque vemos como poco a poco el fútbol femenino va creciendo”. “Hay futuro para el fútbol femenino aquí en España”, aseguran las jugadoras del CD Tacón. Pero ese futuro pasa por meterle un gol a la desigualdad...

“Si quieres llegar a ser profesional, un chico a nuestra edad ya puede empezar a vivir de esto y nosotras no tenemos esta posibilidad, ni siquiera aun siendo profesionales, de vivir de esto”, subrayan.

Sin embargo, no desfallecen. Saben que pueden conseguirlo. Lo saben ellas, y también sus padres.

“Hace unos años era impensable esto, pero se va desarrollando, y la veo feliz”, cuenta Javier González Peinado, padre de Aitana. Aunque eso cueste ahora para él y su hija hacer 600 kilómetros a la semana.