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Pedro Botía, el niño pobre de Mula que vio a Jesucristo y acabó como confesor de Juan José de Austria

Pedro Botía, el niño pobre de Mula que vio a Jesucristo y acabó como confesor de Juan José de Austria. cuatro.com
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Pedro Botía nació en Mula, en Murcia, en febrero de 1633. Hijo de Ginés Botía y María Artero, quedó huérfano a los 15 años de edad a causa de la peste que asoló Murcia en 1648. Pedro, que era prácticamente un niño, se refugió en un paraje cercano a Mula y fue allí donde un día, mientras pastoreaba unas ovejas, se apareció ante él un niño que le dijo ser el hijo del Todopoderoso.

Esa presencia que aseguraba ser el Niño de Belén le pidió que tomara su cruz y le siguiera para luego desaparecer. Sin mediar palabra, Pedro abandonó la hacienda en la que se encontraba e ingresó en el Convento de los Franciscanos de Orihuela emitiendo los votos un años después con el nombre de Fray Pedro de Jesús Botía.

Vivió varios años en el convento y después comenzó su viaje por el mundo para visitar los Santos Lugares de la Cristiandad: Roma, la ciudad de Asís, Basílica de Santa María de los Ángeles (Porciúncula), y la Basílica de San Francisco.

El “encargo” del Niño Jesús a Pedro Botía

Cuando Pedro estaba en uno de estos conventos, se le apareció por segunda vez el niño Jesús pidiéndole que no prosiguiese su viaje y pusiera de nuevo rumbo a España “porque tenía algo importante que hacer allí”. Una vez más, Pedro obedeció y embarco en Génova con destino a España.

En esa misma nave viajaba el conde de Lemos, quien regresaba a España tras haber finalizado su tarea como Virrey y Capitán General del Reyno de Nápoles. El conde y Pedro entablaron casi de inmediato una amistad y el murciano acabó en la Corte presentándole a las Señoras y Señores de la Grandeza de España, quienes no dudaban en pedirle sus servicios como consejero y como director espiritual.

Con el paso del tiempo, Pedro Botía acabó convirtiéndose en el confesor de Juan José de Austria, el hijo extramatrimonial del rey Felipe IV y la actriz María Calderón, y con quien pasaría sus días hasta la muerte del militar.