La regulación de la temperatura corporal está relacionada con el metabolismo, las hormonas, la circulación sanguínea, la masa muscular o el porcentaje de grasa corporal
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Mientras que algunos buscan desesperadamente sombra, ventiladores o aire acondicionado cuando llegan los meses más calurosos del año, otras siguen durmiendo con manta, llevan chaquetas ligeras en pleno verano o sienten frío incluso cuando el termómetro supera los 30 grados. Muchas veces, esto se toma como una simple curiosidad personal, pero los médicos explican que la sensación constante de frío puede tener diversas explicaciones fisiológicas, a veces relacionadas con problemas de salud que conviene revisar.
La temperatura corporal depende de un sistema muy complejo en el que intervienen metabolismo, circulación sanguínea, hormonas, masa muscular, porcentaje de grasa corporal, sistema nervioso y estado general de salud. Cuando alguno de estos mecanismos cambia, también puede hacerlo la forma en la que el cuerpo percibe el frío y el calor.
No todas las personas regulan de la misma forma la temperatura
Uno de los aspectos más relevantes es que la temperatura corporal no funciona exactamente igual en todas las personas. Aunque el organismo humano intenta mantener un equilibrio térmico relativamente estable, alrededor de los 36-37 grados, la forma en que cada cuerpo produce, conserva y pierde calor puede variar muchísimo.
La sensación de frío o calor depende de una combinación muy compleja de factores como el metabolismo, la circulación sanguínea, la actividad hormonal, la masa muscular, el porcentaje de grasa corporal, la edad, el sexo e incluso la genética.
Por eso, hay personas que toleran perfectamente ambientes fríos mientras otras necesitan mantas o ropa de abrigo incluso en verano o en lugares con aire acondicionado. Además, el cuerpo está constantemente adaptándose al entorno. Cuando hace calor, intenta liberar temperatura a través de mecanismos como la sudoración y la dilatación de los vasos sanguíneos. Cuando hace frío, ocurre lo contrario: el organismo intenta conservar calor reduciendo el flujo sanguíneo hacia ciertas zonas del cuerpo como las manos y los pies.
El problema es que algunas personas tienen sistemas de regulación térmica más sensibles o menos eficientes, lo que hace que perciban el frío de manera mucho más intensa aunque objetivamente la temperatura no sea baja. Es por eso que, dos personas sentadas en la misma habitación y sentir temperaturas completamente diferentes.
Los especialistas también explican que esta sensibilidad puede cambiar a lo largo de la vida. Factores como el envejecimiento, los cambios hormonales, la pérdida de masa muscular, el estrés o determinadas alteraciones metabólicas modifican la manera en la que el cuerpo gestiona el calor corporal. Por eso, muchas personas notan que se vuelven más frioleras o más sensibles a los cambios de temperatura.
Factores que pueden influir
El metabolismo
Uno de los factores más relacionados con la sensación constante de frío es el metabolismo. El cuerpo genera calor a través de múltiples procesos metabólicos. Cuando estos procesos funcionan más lentamente, la producción de calor corporal también puede disminuir.
Es por eso que algunas personas con metabolismo más bajo suelen sentir manos y pies fríos, sensación constante de frío, menor tolerancia a temperaturas frescas o necesidad de abrigarse más que otras personas.
Tener poca masa muscular
La masa muscular juega un papel esencial en la producción de calor. Los músculos consumen energía constantemente, incluso en reposo, y generan parte del calor corporal que ayuda a mantener estable la temperatura interna. Por ello, las personas con menor cantidad de músculo suelen tener más dificultades para conservar calor.
Además, con el envejecimiento se produce una pérdida progresiva de masa muscular, lo que explica parcialmente por qué muchas personas mayores se vuelven más sensibles al frío.
La grasa corporal
Aunque muchas veces se demoniza la grasa corporal, los especialistas recuerdan que cumple con funciones fisiológicas importantes. Entre ellas, actúa como un aislante térmico. Las personas con porcentajes de grasa muy bajos pueden perder calor de forma más rápida y percibir el frío con más intensidad.
El hipotiroidismo
Cuando la sensación de frío aparece de forma persistente y llamativa, los médicos suelen valorar también posibles alteraciones hormonales. Una de las más conocidas es el hipotiroidismo. La glándula tiroides regula gran parte del metabolismo corporal. Cuando produce menos hormonas de las necesarias, el organismo funciona más lentamente.
Eso puede provocar cansancio, somnolencia, aumento de peso, piel seca, estreñimiento y sensación constante de frío.
La anemia
La anemia relacionada con el déficit de hierro también es otra causa frecuente. Los glóbulos rojos son los encargados de transportar oxígeno por el organismo. Cuando existe anemia, los tejidos reciben menos oxígeno del necesario y pueden aparecer síntomas como fatiga, debilidad, mareos, palidez y sensación constante de frío.
La circulación sanguínea
El sistema circulatorio también tiene un papel esencial. La sangre distribuye calor por todo el cuerpo. Cuando la circulación no funciona de forma correcta, algunas zonas reciben menos flujo sanguíneo y pueden enfriarse más fácilmente. Por eso, muchas personas refieren, sobre todo, manos frías, pies fríos o sensación de extremidades heladas incluso cuando el resto del cuerpo está bien.


