La temperatura ideal dentro del coche durante el invierno suele situarse entre los 19 °C y los 22 °C
Cómo preparar tu coche para el invierno: consejos de la DGT para evitar multas y accidentes
En invierno, las condiciones de la carretera cambian drásticamente debido a que el frío reduce la adherencia, la nieve y el hielo pueden aparecer súbitamente, e incluso importa la temperatura dentro del coche, ya que influye tanto en tu confort como en tu capacidad de conducir con seguridad. Pero, ¿existe una temperatura ideal que la DGT considera adecuada para conducir en invierno?
Lo primero que hay que tener claro es que no existe una “temperatura legal obligatoria” concreta, pero sí hay una franja recomendada de confort térmico que ayuda a mejorar la atención y los reflejos del conductor, evitando los posibles riesgos que provoca el frío dentro del habitáculo.
De esta forma, la temperatura ideal dentro del coche durante el invierno suele situarse entre los 19 °C y los 22 °C. Se considera que por debajo de esos 19 °C, el frío puede provocar entumecimiento de manos y pies, dificultando la tarea de realizar maniobras finas como girar el volante o cambiar de marcha. A su vez, por encima de los 22 °C, el exceso de calor puede causar fatiga, somnolencia o pérdida de concentración, reduciendo también la seguridad al volante.
Este rango de temperatura equilibra confort y seguridad, permitiendo que los conductores mantengan libertad de movimiento sin tener que llevar prendas voluminosas que puedan interferir con el manejo del cinturón o los controles del vehículo.
¿Por qué es importante la temperatura interior?
Conducir con el coche demasiado frío no solo incomoda, sino que puede afectar directamente a tu capacidad de reacción y control del vehículo. Algunos de sus efectos son notables, como el hecho de que el conductor pueda sentir rigidez en manos y pies, lo que afecta la precisión de movimientos finos y aumenta el tiempo de reacción ante imprevistos.
Por otra parte, si se conduce con abrigo o prendas voluminosas para soportar el frío, pueden llegar a entorpecer el ajuste del cinturón o la movilidad de los brazos, y esto supone un peligro, además de riesgo de multa, que quedaría a interpretación de los agentes si fuera necesario.
En el extremo opuesto, las temperaturas interiores por encima del rango recomendado pueden inducir a somnolencia y falta de atención. Por eso, el objetivo no es “tener calor”, sino tener un clima controlado dentro del habitáculo y que este favorezca la concentración y el confort sin perjudicar nuestra capacidad para mantener el control del vehículo.

Recomendaciones prácticas de temperatura
La DGT recomienda una serie de pautas para regular la temperatura interior durante la conducción invernal:
- No arrancar con la calefacción al máximo: Encender la calefacción al máximo justo al arrancar el coche no es eficaz porque el motor y el sistema de climatización aún no han alcanzado su temperatura de funcionamiento. Es mejor aumentar gradualmente la calefacción conforme el motor entra en calor.
- Ajusta el habitáculo a entre 19 °C y 22 °C: Mantener el coche en este rango evita distracciones causadas por frío o calor excesivo, y fomenta una postura de conducción más natural y segura.
- Evita usar abrigos voluminosos al volante: la DGT y asociaciones vinculadas advierten de que ropa muy gruesa limita la movilidad y la efectividad del cinturón de seguridad; por eso es mejor climatizar el habitáculo en lugar de compensar el frío vistiendo prendas demasiado pesadas.
Más allá de la calefacción: condiciones exteriores y seguridad invernal
La correcta temperatura interior es solo una parte de la seguridad invernal. La DGT también ofrece recomendaciones específicas para condiciones de frío extremo. Así, cuando la temperatura exterior baja de 3 °C, pueden aparecer placas de hielo muy deslizantes en la carretera, aumentando el riesgo de accidente.
En presencia de hielo/nieve hay que reducir la velocidad y aumentar la distancia de seguridad, además de adaptar la conducción con suavidad en aceleración, freno y dirección. Las nevadas y heladas pueden requerir equipamiento obligatorio como cadenas o neumáticos de invierno en función de la zona y el estado de la carretera. Preparar correctamente el coche para el invierno —incluyendo la temperatura interior, la estabilidad de los neumáticos y la visibilidad— es fundamental para evitar accidentes.


