Escuchar sin juzgar, identificar las causas reales y evitar que se tomen decisiones precipitadas son fundamentales para acompañar a los jóvenes en esta situación
En España uno de cada 5 estudiantes deja la carrera en el primer año: el coste es de 1.000 millones de euros al año
Como padre, escuchar a un hijo decir que quiere dejar la carrera es uno de los momentos más delicados de la vida familiar. Para muchos padres puede ser un golpe inesperado: después de años de apoyo académico, económicamente planificado y emocionalmente invertido, la idea de abandonar la universidad puede parecer un error grave o incluso un retroceso.
No obstante, esta situación es más común de lo que puede parecer. En España, al igual que en otros países, una parte significativa de los estudiantes cambia de rumbo o reflexiona sobre sus estudios universitarios durante la carrera replanteándose sus opciones. En la mayoría de los casos no es un capricho, es algo mucho más profundo.
Más allá del impacto emocional, lo que más importa es cómo se puede acompañar la decisión de un hijo o hija para que pueda tomar una decisión madura, informada y sobre todo, libre de presiones.
Escuchar primero, juzgar después
La primera reacción de muchos padres cuando se enteran de que su hijo quiere dejar la carrera es sorpresa, preocupación o incluso rechazo. Los expertos coinciden en que el primer paso debe ser escuchar sin interrumpir ni tampoco imponer juicios.
Ese deseo de abandonar puede estar desencadenado por diversos factores:
- Fatiga académica o falta de adaptación a la universidad.
- Elección de estudios que no coinciden con sus intereses reales, vocaciones o habilidades. Esto es muy común, sobre todo, cuando el alumno tiene unas notas excelentes, se le suele convencer para entrar en carreras universitarias con difícil acceso como medicina o alguna ingeniería sin escuchar lo que realmente quiere.
- Problemas emocionales, ansiedad o inseguridad, que pueden acompañar al paso a la vida independiente.
- Crisis existenciales propias de la edad adulta temprana: replantearse el sentido, identidad o propósito vital.
Escuchar con atención no quiere decir que se tenga que estar de acuerdo con su decisión, por lo menos inmediatamente. Se debe abrir un espacio donde el joven pueda expresar lo que siente, sin miedo a los juicios, el rechazo o la presión. Esa conversación debe ser calmada y empática para poder ampliar la perspectiva de ambos.
Identificar las causas profundas
En muchas ocasiones, dejar la carrera no quiere decir que se quiera dejar de estudiar ni tampoco renunciar a un proyecto vital, lo que puede haber detrás es:
- Agobio por el ritmo académico: entrar a la universidad implica una mayor carga de estudio y menos estructura que en el instituto. Este cambio puede ser difícil de gestionar, sobre todo en ciertas carreras donde hay muchos contenidos teóricos o en entornos menos acompañados.
- Falta de motivación por la elección realizada: hasta un 33% de los universitarios abandonan o cambian de estudios en algún momento porque se dio cuenta de que la elección que habían hecho no encajaba con sus intereses o expectativas. Es importante diferenciar entre falta de gusto por la carrera en cuestión o no querer estudiar en general.
Sugerir un tiempo de reflexión antes de tomar una decisión
Tomar una decisión tan grande de manera impulsiva puede tener consecuencias a largo plazo. Por eso, se recomienda que se evite tomar decisiones precipitadas y proponer un período de reflexión estructurado.
Esto no quiere decir que la decisión se tenga que bloquear, sino que se puede pedir que describa sus razones por escrito, que se establezca un calendario de pasos a seguir o que se exploren alternativas juntos como buscar otra universidad, otra carrera o apoyo académico.
Informarse y explorar opciones realistas
En ocasiones, abandonar no es la única alternativa. Antes de tomar decisiones definitivas es muy útil conocer opciones intermedias. Las universidades suelen tener a disposición de los alumnos servicios de orientación educativa o asesoramiento profesional. Esto puede ayudar a los estudiantes a reflexionar sobre su decisión y poder tomar la más acertada.
Otras veces, el problema no es la carrera en sí, sino que puede haber dificultades con una asignatura o un área específica, que puede resolverse en tutorías o con metodologías de estudio diferentes.
Por último, hay que considerar un cambio de enfoque, ya que, un hijo puede descubrir que otra rama del conocimiento encaja mejor con su vocación, o que se pueden escoger otros programas intermedios como la formación profesional o cursos técnicos que se acercan más a lo que quiere hacer.
Acompañar emocionalmente sin asumir sus decisiones por él
Esto es muy importante. Muchos padres confunden apoyo con control, y es uno de los mayores desafíos para las familias. Los expertos recomiendan validar las emociones de su hijo, escuchar su frustración, cansancio o miedo sin minimizarlos.
Hay que separar el miedo de los padres de su realidad. Es normal sentirse preocupado por el futuro de los hijos, pero esa ansiedad no debe convertirse en presión sobre su decisión como estudiante.
Lo que sí les puede ayudar es animarles a que piensen sobre sus intereses reales, valores y objetivos personales. Lo esencial es mantener la calma y el diálogo abierto, ya que favorece la confianza y permite que el hijo sienta que tiene un espacio seguro para reflexionar sin sentirse forzado.


