¿Conducir un coche eléctrico te expone a más radiación? Esto dice la ciencia
Lo que preocupa son los campos electromagnéticos de baja frecuencia que se generan cuando circula corriente eléctrica
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Hoy día, cambiar a un coche eléctrico es un movimiento que puede venir acompañado de muchas preguntas: autonomía, infraestructura, costes de mantenimiento… pero una que también suele ser habitual es: ¿me expongo más a radiación o campos electromagnéticos por conducir un vehículo eléctrico? Para poder responderla con rigor, hay que repasar los más recientes estudios científicos, los límites internacionales y las mediciones más fiables.
¿Qué entendemos por “radiación” en un vehículo eléctrico?
Cuando se habla de “radiación” en el contexto de los vehículos eléctricos no se refiere a rayos X, ni a radiación ionizante, sino a los campos electromagnéticos de baja frecuencia que se generan cuando circula corriente eléctrica por cables, motores, inversores y sistemas de carga. Según la OMS estos campos se producen siempre que circula corriente eléctrica.
Estos campos son no ionizantes, es decir, no tienen la energía para romper el ADN o generar daño por radiación como los rayos X o gamma.
¿Qué miden los estudios más recientes sobre vehículos eléctricos?
Una de las investigaciones más relevantes fue realizada por la Bundesamt für Strahlenschutz, la Oficina Alemana de Protección Radiológica. En ella se analizaron 14 vehículos, de los cuales 11 eran totalmente eléctricos, 2 híbridos enchufables y 1 de combustión, a través de casi un millón de mediciones (975.000) para evaluar los campos magnéticos inducidos en el cuerpo.
La conclusión fue clara, apuntando que todos los coches eléctricos analizados cumplían las recomendaciones de protección contra los efectos sobre la salud de los campos electromagnéticos. También se recogió que las personas no están expuestas en los coches eléctricos a campos magnéticos más intensos que en los de combustión.
Las mediciones indicaron que los valores más elevados se encontraban en la zona de los pies y piernas, debido a la proximidad de los cables de alta tensión e inversores, mientras que cabeza y torso presentaron niveles mucho menores. Otros estudios publicados confirman que, aunque los vehículos eléctricos presentan campos magnéticos más altos que algunos de combustión, estos valores siguen muy por debajo de los límites recomendados por las organizaciones pertinentes.
¿Cuál es el riesgo para la salud?
Según la OMS, para los campos electromagnéticos de muy baja frecuencia no se conoce ningún mecanismo por el cual puedan dañar el ADN.
La exposición media dentro de vehículos eléctricos, dentro de los estudios, está en niveles comparables a los que ya experimentamos en otros entornos eléctricos o de transporte. En un informe reciente se deja claro que no hay evidencia de que los coches eléctricos supongan un riesgo para la salud por sus campos electromagnéticos.
Eso sí, algunas publicaciones señalan que aunque las medias están bajo los límites, podrían existir “picos transitorios” durante aceleraciones o frenadas que aún requieren de una observación más profunda.
¿Entonces debo preocuparme o no?
Para el conductor medio, la respuesta es sencilla: no deberías preocuparte, a juzgar por las evidencias científicas disponibles. Pero conviene matizar:
- Los valores medidos están muy por debajo de los umbrales considerados potencialmente peligrosos.
- La exposición real depende del modelo de vehículo, de cómo esté construido, del cableado, de los sistemas de protección. Un diseño moderno puede reducir esos campos.
- Si tienes dispositivos implantados (marcapasos) o condiciones especiales, conviene revisar las especificaciones del fabricante del vehículo y consultar con tu médico, ya que esos casos no se exploran con la misma profundidad en todos los estudios.
Investigar más allá no está de más, ya que, por ejemplo, las estaciones de carga rápida generan campos magnéticos mayores, aunque un estudio reciente concluye que estas tampoco representan un riesgo para la salud.
En resumen, se puede decir que conducir un coche eléctrico no te expone a radiación peligrosa según los análisis más completos hasta la fecha. Si te cuestionan este punto, las argumentaciones que puedes dar empiezan por afirmar que los campos producidos son de baja frecuencia y no ionizantes. Además, los estudios más rigurosos documentan que los niveles están por debajo de lo considerado seguro. Sin embargo, hay que reconocer que el riesgo no es cero, pero sí “muy bajo” comparativamente y gestionable.
Por tanto, si te planteas cambiar a un vehículo eléctrico, puedes hacerlo sin que ese factor (la radiación) sea un motivo de preocupación principal, al menos con lo que hoy sabemos.
