La legendaria brigada de los topos mexicanos ya trabaja en Venezuela: no se detienen ante nada
“¡Somos rescatistas mexicanos, si hay alguien vivo, hagan ruido, o griten. ¡Ahora!”, grita un rescatista de los topos mexicanos.
Los topos: rescatistas con un trabajo entre la vida y la muerte en Venezuela
“¡Somos rescatistas mexicanos, si hay alguien vivo, hagan ruido, o griten. ¡Ahora!”, grita un rescatista de los topos mexicanos mientras buscaba entre las ruinas de un edificio colapsado en La Guaira. El gesto indica una orden de silencio total, una técnica de búsqueda que surgió durante el terremoto de 1985 en Ciudad de México y que más tarde fue formalizada por los Topos. La señal se extiende al instante por la zona del desastre. Rescatistas, soldados, voluntarios y periodistas tienen que dejar de hablar. Durante varios segundos, lo único que se oye es el silencio.
Luego, los rescatistas esperan con atención cualquier indicio de vida, usando micrófonos sensibles, cámaras telescópicas o simplemente pegando el oído a los escombros, con la esperanza de detectar una voz, un golpe o el más leve movimiento.
El 19 de septiembre de 1985, el terremoto de la Ciudad de México registró una magnitud de 8.1 en la escala Richter, lo cual sorprendió a la población, que iniciaba a esas horas sus labores diarias. A raíz de este evento, surgió un grupo de rescate que por iniciativa propia empezaría las labores de ayuda a las personas afectadas. Este grupo sería llamado por la prensa como Los Topos y o los topos de Tlatelolco así fue reconocido en 1985. Posteriormente, por problemas internos, deciden separarse los principales fundadores de los Topos, y cada uno crea su propia asociación. Todas tienen un mismo fin, y es el ayudar a las personas en situaciones de desastre
Los Topos se movilizan con sus propios recursos y no dependen de nadie. En este caso la ONU les ha asignado las zonas en las que trabajar. La ayuda que pueden requerir suele ser logística: algún traslado o materiales que necesiten en el momento. El nombre Topos nació durante las labores de rescate tras el terremoto en México de 1985. Los voluntarios se abrían paso por túneles estrechos entre los escombros para llegar hasta las personas atrapadas. La prensa comenzó a compararlos con los topos, el animal que vive bajo tierra y excava túneles, y el apodo terminó convirtiéndose en el nombre con el que estas brigadas son reconocidas internacionalmente.
A lo largo de las últimas cuatro décadas han participado en operaciones de rescate en Haití, Chile, Japón, Indonesia, Ecuador, Guatemala, Italia, Turquía, Nueva Zelanda, Perú y ahora Venezuela, además de responder a múltiples emergencias dentro de México. Suelen estar en el lugar del desastre entre 7 y 10 días. No dejan de ser voluntarios. Los mejores, sí, pero voluntarios.
