España será la economía europea que más crezca este año, pero el miedo es la inflación

España será la economía europea que más crezca este año, pero el miedo es la inflación
España será la economía europea que más crezca este año. Cuatro
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La OCDE ha mejorado las previsiones de crecimiento de España. Estima que será la gran economía que más crezca. La organización prevé que el PIB avance este año un 2,2%, una décima de lo que se pensaba en marzo, mientras que la inflación llegará al 3,3% este año. Ese crecimiento será gracias a la inversión derivada de los fondos europeos y al consumo privado que se basa en un aumento del empleo, en el que la OCDE sí ha reconocido la contribución de los inmmigrantes y de la regularización, aunque recordando que se necesitan polítcias para integrarse en el mercado laboral.

La economía española crecerá más del triple este año que sus grandes socios europeos para los que se siguen rebajando las previsiones, al 0,7% para Francia y Alemania por el impacto de la guerra, que provocará una desaceleración de la economía mundial. La guerra está afectando a muchas materias primas, no solo energéticas, y también al comercio. De este modo, España se mantiene como la gran economía avanzada con mejor desempeño esperado por la OCDE este año, superando el 0,8% previsto para la zona euro y también el crecimiento del 2% proyectado para Estados Unidos.

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Respecto a la energía, España aparece como el país de la organización que más medidas fiscales ha tomado para hacer frente a las subidas. Una docena, pero muchas van dirigidas, en contra de lo que recomienda, al público en general y no a hogares o empresas específicas que más lo necesitan. Y a pesar de estás medidas, se prevé que la inflación aumente hasta un 3,3% de media este año, frente al 2,7 del pasado. Está muy por encima de las de Francia, Alemania o Italia... y se prevé un nivel parecido para el año que viene.

Las recomendaciones de la OCDE

Para la OCDE las autoridades españolas deben aprovechar el actual dinamismo del crecimiento económico para reconstruir el margen fiscal e impulsar el crecimiento de la productividad mediante la creación de un entorno empresarial más favorable, mejorando el acceso a la financiación y reduciendo la carga administrativa.

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"Lograr una sólida reducción de la deuda requerirá una consolidación sostenida junto con reformas estructurales", afirma la institución, para la que asegurar la consolidación fiscal, al tiempo que se acelera la reducción del déficit, ayudaría a reconstruir las reservas fiscales ante el aumento del gasto relacionado con el envejecimiento de la población.

Asimismo, plantea que las medidas para mitigar los altos precios de la energía deberían dirigirse mejor hacia grupos sociales vulnerables y ser temporales para mitigar el impacto social de los precios más altos de la energía, limitando al mismo tiempo los costes fiscales.

Por último, si bien considera que España está bien posicionada para aprovechar su fuerte expansión de las energías renovables, la OCDE considera que para materializar plenamente estos beneficios será necesario simplificar los procesos de concesión de permisos, acelerar la inversión en infraestructura de red y apoyar la inversión en almacenamiento.

En cualquier caso, la OCDE estima que España es un país de gran interés en este caso también debido a la diversificación energética y la menor dependencia de los combustibles fósiles, lo que representa uno de los factores que ha permitido que la economía española resista a esta crisis energética quizás mejor que otros países europeos.

A nivel global, la OCDE constatan que la evolución del conflicto en Oriente Próximo será el factor dominante en sus proyecciones, por lo que en un escenario de duración limitada, que permitiera reducir gradualmente a partir de mediados de 2026 los precios de la energía, prevé que el crecimiento económico mundial será del 2,8% en 2026, antes de recuperarse hasta el 3,1% en 2027, frente al 2,9% y el 3%, respectivamente, que anticipó en marzo.

En este contexto, espera que la inflación anual en los países del G20 aumente al 4% en 2026, desde el 3,4% en 2025, antes de disminuir al 3,1% en 2027 a medida que disminuyan las presiones sobre los precios de la energía y los alimentos.

Sin embargo, alerta de que si las perturbaciones persisten hasta bien entrado 2027, el crecimiento global se desacelerará significativamente, hasta apenas un 2,1% en 2026 y un 1,8% en 2027, "lo que podría llevar a algunas economías a una recesión o cerca de ella", lo que provocaría un aumento del desempleo y podría debilitar considerablemente las inversiones, incluida la relacionada con la IA, alimentando el riesgo de reajuste en los mercados financieros.

En tal escenario, si bien las consecuencias serían globales, el economista jefe de la OCDE advierte de que podrían resultar especialmente graves para las economías en desarrollo, con reservas energéticas limitadas, una mayor proporción de energía y alimentos en el consumo doméstico, una capacidad fiscal restringida, redes de protección social débiles, bajos niveles de ahorro privado y monedas más frágiles.

Por otro lado, la OCDE sostiene que mantener la reciente resiliencia y adaptabilidad a las perturbaciones mostrada por el sector empresarial, junto con una mayor visibilidad de las posibles ganancias de productividad derivadas de las tecnologías de IA, podrían impulsar el crecimiento, especialmente en 2027, añadiendo que los cambios en los aranceles estadounidenses podrían aumentar o disminuir el comercio, la incertidumbre política y el crecimiento.

Ante este panorama, la organización subraya que los responsables políticos se enfrentan a decisiones difíciles, apuntando que los bancos centrales "pueden ignorar el aumento de precios impulsado por la oferta siempre que las expectativas de inflación se mantengan bien ancladas y se contengan los efectos de segunda ronda", aunque reconoce que podría ser necesaria una respuesta si se intensifican las presiones inflacionarias o si el crecimiento se debilita significativamente.