Carlos León, arqueólogo marino: “Yo creo que Colón ya había estado en América antes”

Carlos León, arqueólogo marino: “Yo creo que Colón ya había estado en América antes”
Carlos León en su entrevista con Manso. Realización: Gabriel Pérez Iglesias
  • El especialista publica ‘Hundidos: la historia de España y América que emerge de las profundidades marinas’

  • Más allá del oro y los piratas, el autor cuenta la cruda realidad de los mil naufragios españoles en América

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La historia naval de la monarquía hispánica suele reducirse, en el imaginario colectivo, a una visión romántica de galeones cargados de oro y enfrentamientos con piratas. Sin embargo, el arqueólogo subacuático Carlos León Amores propone en su reciente obra, ‘Hundidos’ (Alianza), una mirada radicalmente distinta: contar la historia de España y América desde sus fracasos y viajes truncados.  

A través de un recorrido cronológico que abarca cuatro siglos -desde el encallamiento de la Santa María en 1492 hasta el hundimiento de la escuadra de Cervera en 1898-, el autor desvela la escala humana y técnica de un imperio marítimo sin precedentes.  

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A lo largo de este periodo, se estima que más de mil barcos españoles naufragaron en aguas americanas. Estos pecios no son meros "tesoros" para el autor, sino fuentes históricas de primer orden y auténticas cápsulas del tiempo que conservan testimonios de la vida a bordo, la alimentación, la jerarquía social y el contrabando que la burocracia oficial a menudo ocultaba. La arqueología subacuática permite descubrir que, en muchos casos, el cargamento no declarado superaba el 30% del peso del barco, una realidad que solo sale a la luz cuando la nave se hunde. 

Uno de los párrafos más ilustrativos se encuentra en el primer capítulo, donde el autor describe a Cristóbal Colón como un "marino excepcional" que, a lo largo de su travesía, demostró una "capacidad innata para interpretar el mar, el cielo, las nubes, las estrellas, la luna, los vientos, las calmas y las tormentas". A pesar de que su tripulación no confiaba plenamente en él, Colón sabía interpretar cuestiones técnicas fundamentales, como la necesidad de buscar otra latitud para el viaje de vuelta debido a la constancia de los vientos alisios.  

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Carlos León lanza una hipótesis en una entrevista con Noticias Cuatro: “Yo creo que Colón ya había estado en América antes, porque los marinos que le acompañan confiesan que navegaba por esas aguas como si las conociera”. Explica que Colón parecía conocer perfectamente la ruta de regreso a la península, algo inusual para alguien que supuestamente realizaba el viaje por primera vez. El autor menciona que, mientras cruzaba el Atlántico, Colón sabía que debía buscar otra latitud para el tornaviaje debido a la constancia de los vientos alisios. 

Uno de los mitos que este estudio busca desterrar es el papel de la piratería en las pérdidas navales. Según las fuentes, las tempestades y los huracanes fueron los verdaderos enemigos, causando aproximadamente el 95% de los naufragios, mientras que los combates o la piratería apenas representaron entre el 0,8% y el 5% de las naves perdidas. Navegar en convoy ofrecía protección contra ataques, pero se convertía en una trampa mortal ante fenómenos climáticos extremos en zonas peligrosas como el canal de las Bahamas o los cayos de Florida. 

El libro también analiza episodios de enorme trascendencia estratégica, como el hundimiento en 1724 de los navíos Guadalupe y Tolosa. Estos transportaban azogue (mercurio), un material vital para la minería de plata en Nueva España que procedía de las minas de Almadén. Su pérdida no solo fue una tragedia humana con más de seiscientos fallecidos, sino un golpe económico que reveló las carencias y riesgos del transporte de metales líquidos en la época. 

Carlos León Amores aprovecha su investigación para lanzar una denuncia clara contra el expolio del patrimonio subacuático. Denomina a los cazatesoros modernos como los "nuevos piratas", quienes, equipados con tecnología avanzada, pero sin metodología científica, destruyen contextos arqueológicos irreparables para lucrarse con la venta de objetos en subastas. Frente a esta "veta madre" de codicia, el autor defiende que los naufragios pertenecen a la historia compartida de las naciones y deben ser conservados para futuras generaciones. 

En definitiva, ‘Hundidos’ invita a una reflexión objetiva sobre cómo España "hispanizó" un continente entero, enfrentándose a un mar que, en palabras de cronistas de la época, era una "mina donde muchos se hacen ricos y un cementerio donde infinitos yacen enterrados". Bajo las aguas del Caribe y el Atlántico, la historia y la arqueología confluyen para ofrecer una lectura mucho más enriquecedora de nuestro pasado común.