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El error económico más común al comprar coche, según expertos en inversión

Hay que tener en cuenta la rápida depreciación y el coste total de mantenerlo
Hay que tener en cuenta la rápida depreciación y el coste total de mantenerlo. Freepik
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Comprar un coche es una de las decisiones económicas más significativas para una persona o una familia. Más allá de escoger el modelo o el color, la adquisición de un vehículo suele representar un desembolso considerable, y si no se hace con criterio puede convertirse en un lastre para las finanzas personales.

Cada año, miles de compradores salen de los concesionarios convencidos de haber hecho una gran compra. Pero, según advierten dos expertos en inversión, ese momento inicial de satisfacción suele ocultar una realidad menos amable: el coche empieza a perder valor desde el primer kilómetro y arrastra consigo una cadena de gastos que no se suelen calcular antes de firmar.

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El error de fondo: comprar un coche sin considerar la depreciación y el coste total

El error económico más común, según los expertos de inversión consultados para la referencia, no está tanto en elegir mal el modelo o la marca, sino en no tener en cuenta el impacto real que tiene en el patrimonio que el vehículo vaya perdiendo valor con el tiempo y el coste total que está asociado a dicho coche.

Mientras que muchas personas piensan únicamente en el precio de compra, los expertos señalan que lo realmente caro es la pérdida de valor del coche, que comienza desde el mismo momento en que sale del concesionario. Los vehículos nuevos pueden perder entre el 15% y el 35% de su valor en el primer año y más del 50% en tres o cuatro años, lo que convierte esa compra en una inversión pobre si se compara con otras alternativas que preservan mejor el capital.

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¿Por qué es un problema financiero?

La depreciación es una realidad brutal en el mercado automovilístico: el valor de un coche se va erosionando rápidamente con el uso y el paso del tiempo. Aunque esta realidad es conocida en términos generales, pocos compradores lo tienen en cuenta antes de firmar el contrato.

Este sesgo ocurre por varias razones: la primera es que se pone foco en la emoción de comprar un coche nuevo más que en los números. Muchas compras se impulsan por el deseo de estrenar o por la atracción de la estética, y se pasa por alto que el coche es un activo que se deprecia con cada kilómetro.

Por otro lado, muchos ignoran el coste total de la propiedad, más allá del precio de compra, hay que considerar mantenimiento, seguros, combustible, impuestos, financiación y reparaciones. Un coche que, en principio, puede ser barato, si no se tienen en cuenta estos costes puede resultar caro.

Por último, no hay que confundir financiación con ahorro, ya que las ofertas de financiación con pagos mensuales bajos pueden tener ocultos intereses altos, plazos largos y productos vinculados que inflan el coste final. La OCU ha alertado que la financiación a través del concesionario puede añadir varios miles de euros al precio final frente a otro tipo de préstamo bancario más transparente.

¿Cuánto se deprecia un coche y por qué importa?

Para entender el impacto financiero, basta con recordar que el valor de mercado de un coche nuevo baja casi inmediatamente después de su compra. Este fenómeno, conocido como depreciación acelerada, significa que el comprador pierde dinero incluso antes de usar el vehículo.

Por ejemplo, según expertos, un coche que cuesta 30.000 euros puede valer tan solo: 24.000 euros durante el primer año, y 15.000 euros después de tres años. Estas cifras son aproximadas, pero muestran un punto clave: la mayor parte del coste de un coche no está en lo que se paga al principio, sino en el valor que dejas de recuperar con el tiempo.

Este concepto es crucial para cualquier persona que piense en la compra de un coche como una inversión y debería formar parte del cálculo de la rentabilidad personal de la operación.

Coste total: más que precio de compra

Hay que saber que comprar un coche no termina cuando se firman los papeles. De hecho, el precio de compra suele ser la menor parte del coste total de tener un vehículo. Si nos centramos únicamente en este número puede dar una sensación falsa de ahorro.

Los elementos que componen el coste total de propiedad incluyen:

  • Seguros: que suelen variar considerablemente según el modelo, la edad del conductor y el historial.
  • Impuestos y tasas: que pueden influir significativamente especialmente en vehículos más caros o contaminantes.
  • Financiación: los intereses y comisiones pueden añadir miles de euros al coste total si se elige una financiación poco favorable.
  • Mantenimiento y reparaciones: los vehículos más completos o de mayor gama tienden a costar más en mantenimiento.
  • Combustible (o coste energético).

Teniendo un enfoque integral es más sencillo evitar la trampa de pensar solo en la cuota mensual o en el precio de entrada.

¿Cuáles son las alternativas?

La realidad es que en términos estrictos, un coche nunca es una buena inversión porque no genera retornos como pueden hacerlo las acciones o inmuebles, pero, sí que puede tener más sentido, financieramente hablando en ciertas situaciones, otras alternativas.

Por un lado, se puede comprar coches con unos años y buena historia, ya que se puede reducir significativamente el impacto de la caída de valor. En otros casos, comparar alternativas de alquiler o movilidad compartida puede ser una solución, ya que suelen ser más económicos que comprar, mantener y asegurar un coche propio.

Evidentemente, cuando el coche es fundamental para ir a trabajar y no hay una alternativa viable de transporte público, la compra está justificada con criterios más racionales. De todos modos, siempre hay que valorar con perspectiva cuáles serán los datos sobre valor, costes futuros y necesidades reales.