El ahorro sostenible no depende de ganar más dinero, sino de organizar mejor los ingresos, anticiparse a imprevistos y eliminar gastos innecesarios
Hucha de emergencia: cuánto dinero necesitas tener ahorrado de verdad y dónde guardarlo para que no pierda valor
Ahorrar sigue siendo una asignatura pendiente para muchas familias. No porque falten ganas, sino porque la idea de ahorrar continúa asociada a renuncias, recortes y una pérdida directa de calidad de vida. No obstante, cada vez más expertos en finanzas personales coinciden en un mensaje claro: ahorrar no debería doler. De hecho, cuando está bien planteado es todo lo contrario: alivia el estrés, aporta tranquilidad y mejora la relación con el dinero.
De esta manera lo explica el coach financiero especializado en economía, Luis Pita, quien ha compartido desde Youtube algunos consejos sencillos pero enormemente efectivos para reducir gastos. No se trata de vivir peor, sino de organizar mejor lo que ya se tiene.
No ahorrar al final de mes, hay que “preahorrar”
El primer gran error que comete la mayoría de personas es intentar ahorrar lo que sobra. Pero hay un problema: no suele sobrar nada. Según explica este experto, el ahorro no puede ser una consecuencia del gasto, sino que debe ser una prioridad. A este enfoque lo llama “preahorrar”.
Preahorrar simplemente consiste en separar una parte del dinero justo cuando se recibe el ingreso, antes siquiera de pagar las facturas, ocio o compras cotidianas. Es el mismo principio que usan muchas empresas cuando apartan sus impuestos o costes fijos antes de calcular beneficios. En el ámbito personal, funciona igual: si el ahorro no se aparta al principio, termina desapareciendo.
La clave está en automatizarlo. Se puede programar una transferencia automática a una cuenta de ahorro el mismo día que entra la nómina, de esta manera se elimina la tentación de gastar ese dinero. No importa la cantidad, se puede comenzar por 50, 100 o 150 euros. Lo importante es que se cree ese hábito y se trate ese ahorro como un gasto fijo más.
Construir un buen colchón de emergencias
El segundo pilar del ahorro inteligente es el colchón de emergencias. Sin él, cualquier imprevisto puede descuadrar por completo las finanzas y empujar al endeudamiento.
Pita lo tiene claro: el objetivo razonable para la mayoría de hogares es contar con un colchón equivalente a tres sueldos mensuales. Esto no es una cifra arbitraria. Es el margen mínimo que permite ganar tiempo ante una situación complicada sin llegar a entrar en pánico financiero.
Este fondo no está pensado para invertir ni para gastar en ocio. Debe estar en un producto seguro y líquido. Accesible en cualquier momento. Su función no es generar rentabilidad, sino proteger la estabilidad económica y mental.
Pequeños cambios diarios con un gran impacto financiero
Ahorrar no siempre implica grandes decisiones. De hecho, muchos de los mayores agujeros financieros están en hábitos cotidianos que pasan desapercibidos. Este experto insiste en que los pequeños ajustes diarios pueden generar un impacto muy significativo a final de año.
Algunos ejemplos claros:
- Usar la tarjeta de débito en vez de crédito: el crédito difumina la percepción del gasto y facilita consumir más de lo que se tiene.
- Reducir los gastos hormiga: cafés diarios, snacks, compras impulsivas. No se trata de eliminarlos, sino de ser consciente de su frecuencia.
- Cambiar refrescos por agua fuera de casa: puede parecer un detalle menor, pero a largo plazo supone cientos de euros al año.
Estos cambios no afectan a la calidad de vida, pero no eliminan el disfrute, solo lo ordenan. El ahorro no viene de vivir peor, sino de evitar gastos automáticos que no aportan un valor real proporcional a su coste.
Aprovechar todas las oportunidades de ahorro en el hogar
El hogar es uno de los grandes focos de gasto, pero también uno de los mayores espacios de oportunidad para ahorrar sin renunciar al confort. Según Luis Pita, muchas familias pierden dinero cada mes simplemente por ineficiencias invisibles.
Entre las medidas de mayor impacto destacan:
- Mejorar el aislamiento térmico, ya que va a reducir notablemente el gasto en calefacción y aire acondicionado.
- Sustituir bombillas tradicionales por luces LED, las cuales tienen un consumo muy inferior y mayor durabilidad.
- Instalar placas solares para reducir la dependencia energética a largo plazo, cuando sea posible.
Estas decisiones no son inmediatas ni gratuitas pero funcionan como una inversión. A medio y largo plazo, el ahorro acumulado supera con creces el desembolso inicial. Por otro lado, mejoran el confort del hogar y reducen la volatilidad de las facturas energéticas.
Hacer el “día de las facturas” una vez al año
El último truco es tan fácil como poderoso: se recomienda dedicar tan sólo una hora al año (o cada seis meses) para revisar todas las facturas y gastos recurrentes. Este experto recomienda hacerlo en enero o septiembre, los meses ideales para reorganizar rutinas. En este día se recomienda: revisar los suministros (luz, agua, gas e internet), analizar seguros, detectar suscripciones innecesarias o comparar tarifas y renegociar condiciones.
Muchas personas pagan de más simplemente por inercia. No revisan contratos desde hace años y asumen que no hay más opciones. No obstante, una sola hora de revisión puede suponer cientos de euros de ahorro anual, sin cambiar absolutamente nada del estilo de vida.


