Bienestar

Beber agua nada más despertarse: lo que dicen los expertos sobre este hábito cada vez más popular

Es esencial para corregir el equilibrio interno después del descanso. Freepik
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Beber un vaso de agua nada más despertarse se ha convertido en uno de esos gestos cotidianos que parecen pequeños, pero que han ganado protagonismo. En redes sociales, se pueden ver rutinas matinales donde éste hábito aparece una y otra vez para activar el metabolismo o eliminar toxinas.

Sin embargo, detrás de esta tendencia hay una base fisiológica que tiene sentido. Durante la noche, el cuerpo permanece varias horas sin ingerir líquidos mientras sigue funcionando. Al despertar, por tanto, el organismo se encuentra en un estado de ligera deshidratación que necesita ser corregida para recuperar el equilibrio interno. Más que un gesto milagroso, se trata de una respuesta lógica a una necesidad básica.

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Lo primero que ocurre al despertar: ligera deshidratación

Aunque no siempre se perciba de manera evidente, el cuerpo amanece en un estado de ligera deshidratación. Durante la noche pueden pasar entre seis y ocho horas sin ingerir líquidos, mientras que el organismo sigue funcionando con múltiples procesos metabólicos que implican una pérdida constante de agua, aunque sea en pequeñas cantidades.

Esta situación no suele ser grave, pero sí lo suficientemente relevante como para que el cuerpo tenga que reequilibrarse. De hecho, algunos de los síntomas más comunes al despertarse como son la boca seca, la sensación de cansancio o cierta lentitud mental, pueden estar relacionados con este leve déficit de líquidos. Beber agua nada más despertarse permite precisamente eso: rehidratar las células y facilitar que los órganos vuelvan a trabajar en condiciones óptimas después de las horas de descanso.

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Más allá de la deshidratación: cómo influye en el cuerpo

Beber agua nada más despertarse no solo sirve para rehidratar el organismo, sino que puede tener un efecto global en cómo el cuerpo y la mente arrancan el día. A pesar de que muchos de los beneficios que se le atribuyen están realmente sobredimensionados, la evidencia científica sí que apunta a que este gesto puede influir, de manera moderada, en procesos clave como el metabolismo, la función cognitiva, la digestión o incluso el estado de ánimo.

Uno de los efectos más comentados es su capacidad para “activar el metabolismo”. En este sentido, algunos estudios han observado que el consumo de agua puede generar un ligero aumento del gasto energético, lo que se conoce como efecto termogénico. Además, después de varias horas de reposo, beber agua puede ayudar a poner en marcha ciertos procesos metabólicos.

No obstante, es importante matizar que este impacto es limitado, no va a suponer un cambio significativo por sí solo ni puede sustituir hábitos como una buena alimentación o el ejercicio físico. Puede ser considerado como un pequeño empujón, pero no una solución. Donde sí suele notarse de manera más directa es en el funcionamiento del cerebro. Incluso niveles leves de deshidratación pueden afectar a la concentración, la memoria y la sensación de energía mental.

Por eso, comenzar el día con una hidratación adecuada puede ayudar a mejorar la claridad mental y reducir esa sensación de arranque lento que muchas personas experimentan por la mañana. No se trata de un efecto inmediato y espectacular, pero sí lo suficientemente relevante como para influir en el rendimiento cognitivo a lo largo del día.

Por otro lado, el sistema digestivo y los órganos encargados de filtrar sustancias también participan de este proceso de puesta en marcha. Beber agua al despertarse puede estimular el tránsito intestinal y favorecer la digestión, además de facilitar el trabajo de los riñones en la eliminación de desechos. Conviene aclarar que el agua no desintoxica por sí misma, como en muchas ocasiones se ha podido afirmar, sino que ayuda a que los mecanismos naturales del cuerpo funcionen correctamente.

Otro de los aspectos más debatidos es su relación con el peso. Beber agua a primera hora puede ayudar a generar una ligera sensación de saciedad y, en ciertos casos, ayudar a regular el apetito a lo largo del día. Sin embargo, la evidencia es clara en este punto: por sí solo, este hábito no provoca una pérdida de peso significativa. Puede ser un aliado dentro de un estilo de vida saludable, pero no va a ser un factor determinante en este sentido.

Por último, también existe un efecto indirecto sobre el estado de ánimo y la energía. La deshidratación se ha relacionado con el cansancio, irritabilidad y menor capacidad de concentración, por lo que, empezar el día hidratado puede favorecer una sensación general de bienestar. Este beneficio no va a depender únicamente de este primer vaso de agua, sino del conjunto de hábitos diarios que se tengan, pero sí que puede marcar la diferencia en cómo se percibe el inicio del día.

Lo que realmente aporta este hábito

Beber agua nada más despertarse es un gesto saludable, pero conviene ponerlo en su justa medida. La evidencia científica no respalda muchas de las afirmaciones que circulan en torno a este hábito: no elimina toxinas por sí solo, tampoco quema grasa de forma directa ni tiene efectos milagrosos sobre la salud. El cuerpo ya cuenta con sistemas propios como son los riñones o el hígado para depurar sustancias. El agua simplemente ayuda a que puedan funcionar correctamente.

Aunque tenga sentido incorporar este hábito y comenzar a beber agua nada más levantarse, la realidad es que no es imprescindible hacerlo justo al abrir los ojos, pero sí es recomendable comenzar el día con un vaso de agua, a temperatura ambiente o templada, sin necesidad de añadir ingredientes como limón o vinagre, salvo por preferencia personal.