Trasplante de cara: Carme ya puede volver a sonreír tras 20 horas, 100 médicos y la eutanasia de su ángel de la guarda
Carme recibe el primer trasplante de cara del mundo gracias a una donante fallecida por eutanasia.
Otro éxito en la sanidad española: el primer trasplante facial del mundo de un donante en parada cardiaca
Carme se encontraba de vacaciones en Canarias en julio de 2024 cuando la picadura de un insecto le provocó una infección, tras la que desarrolló una sepsis que hizo que tuviera que "luchar por su vida" durante dos meses y que, a su vez, terminó en necrosis en varios tejidos del cuerpo, entre los cuales la cara, la boca, la lengua y varios músculos faciales. “No podía comer porque mi boca no se abría, me faltaba medio trozo de nariz y no respiraba bien; físicamente era bastante desagradable y no podía hacer vida normal para nada”, cuenta Carme, que ahora dice que "ahora salir a la calle no me importa, vuelvo a comer, puedo tomar café. Vuelvo a hacer vida normal", explica Carme.
Todo se debe a dos ángeles de la guarda en la vida de Carme, porque tras una tragedia a veces suceden los milagros. La mala suerte se cebó con Carmen tras la picadura de un insecto, sí, pero el jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados, Joan-Pere Barret se cruzó en su vida junto con otro ángel de la guarda: esa mujer que pidió la eutanasia pero quiso donar todo lo que fuera posible de su cuerpo, incluida su cara, para ayudar a vivir a otros.
El ángel de la guarda que donó su cuerpo tras pedir la eutanasia
Ella misma habló con el equipo trasplantador. "No hay palabras para expresar la intensidad emocional y magnitud del momento. Lo único que quería la donante era saber si podía dar la cara", explican los profesionales. De hecho, aparte de la cara, también dio los pulmones, el hígado, los riñones y todo tipo de tejidos para personas que los necesitaban. "A veces encuentras una luz que te permite salir adelante", dice Carme, que insiste en dar las gracias a todo el equipo del Vall d'Hebron y, sobre todo, a la donante y su familia.
El suyo es el primer trasplante de cara del mundo gracias a una donante fallecida por eutanasia.Donante y receptor tienen que compartir sexo y grupo sanguíneo; también tener medidas antropométricas de la cabeza más o menos similares.
En todo el mundo se han realizado 54 trasplantes de cara, y sólo una veintena de centros tienen capacidad para ser trasplantadores faciales. En la operación de Carme participaron un centenar de profesionales de diferentes especialidades. Se trasplanta piel, tejido adiposo, nervios periféricos, musculatura facial y hueso de la cara: la cirugía es de máxima complejidad, ya que las estructuras a reconstruir son pequeñas y tienen una estructura tridimensional compleja. La operación puede durar entre 15 y 24 horas en total. En su caso duró 20. "No se trata sólo de colocar tejidos blandos para dar una apariencia normal. Esto sería un fracaso de trasplante. Esta operación se realiza para dar función y sensibilidad", explica el jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados, Joan-Pere Barret
Barret también ha explicado que se trata del primer trasplante de cara con planificación 3D con guías de corte de la receptora y la donante simultáneamente, lo que ha sido posible gracias a que esta última iba a recibir la eutanasia, lo que permitió planificar con antelación y detalle el trasplante y crear los modelos tridimensionales.
También ha sido el primer trasplante de cara del mundo con control contínuo neurofisiológico con el Servicio de Neurofisiología Clínica; el primero con control de perfusión intraoperatorio con fluorescencia NIR (Near-Infrared) con el sistema SPY-PHI, y el primero de cara en el mundo con control posoperatorio de oximetría somática regional con infrarrojos.
Carme pasó por tres unidades de cuidados intensivos (UCI) diferentes sin ninguna alternativa hasta que conoció a Joan-Pere Barret, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados del Hospital Vall d'Hebron, que le propuso realizar un trasplante de cara. "Era la única solución para llegar a hacer vida normal; el doctor Barret es mi ángel de la guarda", dice emocionada la paciente cuatro meses después de la operación.
