Turismo

Los lugares más impresionantes de España que se parecen a otros destinos del mundo

Playa de Rodas, en las Islas Cíes. Cortesía de Islascies.eu
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En España hay paisajes que obligan a frotarse los ojos. No porque sean fotogénicos, que lo son, sino porque la mente intenta colocarlos en otro lugar del mapa: el Caribe, los Alpes, un desierto africano, incluso un decorado de Disney. Y, sin embargo, están aquí al lado, a unas horas de coche o a un vuelo doméstico de distancia.

El Caribe sin salir de la península: Cíes y Formentera

Si hay un lugar que ha ganado fama global por su parecido con el Caribe es la playa de Rodas, en las islas Cíes (Pontevedra). En 2025 volvió a colarse en el ranking internacional The World’s 50 Best Beaches, como única representante española y en el puesto 18. Ese listado la describe literalmente como “un paraíso caribeño escondido en Europa”, subrayando su arena blanca, sus aguas cristalinas y el acceso restringido únicamente en barco. 

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Se trata de una lengua de unos 700 metros que une dos de las islas del archipiélago, y se compara sin complejos con “los paisajes más idílicos del Caribe”, con la particularidad de que, en lugar de palmeras, el telón de fondo son pinares atlánticos y dunas protegidas.

Más al sur, y cambiando de archipiélago, en Formentera, la imagen se repite: aguas turquesas, arena clara y esa sensación de estar muy lejos de Europa aunque el DNI siga vigente. Ya hay nombres míticos como Ses Illetes o Cala Saona. Sus playas incluso se han utilizado como “doble” del Caribe en anuncios de televisión, aprovechando ese look tropical en pleno Mediterráneo.

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Desiertos, lunas y otros planetas: Bardenas, Torcal y La Geria

El viaje a “otro mundo” no es solo cuestión de playa. En el norte, Bardenas Reales (Navarra) ofrecen un desierto monumental a apenas 70 kilómetros de los Pirineos. Se trata de un terreno casi desértico, con cañones y cabezos de arcilla y yeso, que parece sacado de otro planeta. La combinación de erosión, colores ocres y silencio ha convertido la zona en escenario frecuente de rodajes que buscan la estética de Arizona o del Sáhara sin salir de Europa.

En Andalucía, el Torcal de Antequera lleva años alimentando titulares parecidos. Se le reconoce como uno de los paisajes kársticos más espectaculares y accesibles de Europa, un laberinto de roca caliza esculpido durante millones de años cuya apariencia se define una y otra vez como “paisaje casi lunar” o directamente “de otro planeta”.

Algo similar ocurre en La Geria, en Lanzarote, donde el viñedo se planta sobre ceniza volcánica negra, protegido por pequeños muros de piedra en forma de cráter. Se trata de un alucinante paisaje cuasi lunar y una de las orografías más curiosas de España.

Suiza, los Alpes y un castillo de cuento… en versión española

El valle de Benasque (Huesca) encaja en otra categoría: la de los paisajes que parecen sacados de los Alpes. Para muchos, este valle del Pirineo aragonés es “como estar en Suiza”. Destaca por sus picos de más de 3.000 metros, los pueblos de piedra como Anciles o Cerler y las praderas verdes que evocan “un cuento alpino”, con la ventaja de estar a unas horas por carretera de muchas capitales españolas.

Y si de cuentos se trata, es difícil competir con el Alcázar de Segovia. La silueta triangular del castillo, encaramada sobre un cerro rocoso, no solo figura hoy entre los castillos más impresionantes de Europa, sino que, además, el Alcázar sirvió de inspiración para el castillo de Blancanieves y los siete enanitos, tal y como ha confirmado Walt Disney Company.

La “Toscana” que está entre el Miño y el Sil

La comparación con la Toscana italiana se ha convertido casi en etiqueta oficial de la Ribeira Sacra, en Galicia. Se la considera “la Toscana española”, por sus viñedos en terrazas, colinas suaves y ríos encajados en los que un simple filtro de Instagram podría hacer dudar a cualquiera de si la foto está tomada en Italia o en Ourense y Lugo.

Más allá del apodo, los datos desmontan la idea de que es solo marketing: la Ribeira Sacra ocupa el entorno de los ríos Miño, Sil y Cabe, con laderas tan empinadas que obligan a practicar una viticultura “heroica” sobre pendientes espectaculares. El resultado es un paisaje que mezcla nieblas de mañana, bancales de viña que se tiñen de oro en otoño y curvas de río que recuerdan a los meandros de la Toscana, pero con acento gallego, vino godello y caldo en la mesa.

La “Capadocia alcarreña” a una hora de Madrid

En plena Alcarria, a poco más de una hora de Madrid, hay una aldea excavada en la roca que muchos conocen ya como la “Capadocia alcarreña”. Se llama Cívica y está tallada en un paredón kárstico junto al río Tajuña, con pasadizos, cuevas, terrazas y manantiales que trepan por la ladera como si fueran un decorado de fantasía.

El propio Camilo José Cela la comparó con “una aldea tibetana o el decorado de una ópera de Wagner”. Hoy es propiedad privada y solo se puede visitar con permiso, pero su fachada de piedra horadada se contempla desde la carretera como si fuera una versión concentrada de las chimeneas de hadas turcas.

Caribe, Suiza, lunas volcánicas, escenarios Disney: muchos de estos paralelismos nacen de la necesidad de encontrar referencias conocidas para explicar la sorpresa que provocan ciertos paisajes. Las comparaciones no sustituyen al viaje, pero ayudan a entender que, dentro de las fronteras españolas, hay playas catalogadas entre las mejores del mundo, desiertos reconocidos como Reserva de la Biosfera o monumentos que han inspirado directamente el imaginario de Hollywood