Los problemas más comunes en el desarrollo de los niños por el uso excesivo de pantallas
Un uso excesivo de pantallas durante la infancia ya muestra efectos preocupantes en áreas clave del desarrollo según la evidencia científica más reciente
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Ahora mismo es muy complicado imaginar una infancia sin pantallas: tablets, móviles, televisiones, consolas… todo ello forma parte del paisaje educativo y lúdico de muchos hogares. Pero cuando se dispara su uso porque no hay límites claros, supervisión ni tampoco pausas, crece también la preocupación en pediatría, psicología y educación. Muchos estudios recientes advierten de efectos negativos para el desarrollo cognitivo, emocional, social y físico de los niños.
En España, un sondeo reciente reveló que el 81% de los profesionales sanitarios ha detectado un aumento de problemas en el desarrollo infantil asociados al uso excesivo de pantallas. En este sentido, conviene conocer cuáles son esos riesgos, cómo se manifiestan y qué pueden hacer las familias o las escuelas para reducirlo.
Problemas más comunes
Desarrollo cognitivo, lenguaje y funciones ejecutivas
Varios estudios señalan que un tiempo muy largo frente a pantallas, sobre todo en edades tempranas, se relaciona con retrasos en el desarrollo del lenguaje, en la comunicación, en la resolución de problemas, la memoria o la concentración.
Por ejemplo, una investigación reciente encontró que niños de 1 año con muchas horas de exposición a pantallas presentaban más retrasos en comunicación y habilidades de resolución a los 2 y 4 años. Además, apuntan a que esta sobreexposición puede alterar la maduración de áreas cerebrales vinculadas a las funciones ejecutivas: memoria de trabajo, autocontrol o atención sostenida.
En consecuencia, estos niños suelen tener más dificultades en el aprendizaje escolar, sobre todo en asignaturas que requieren lenguaje, razonamiento, comprensión y esfuerzo mental prolongado.
Afectación del desarrollo emocional y social
Un uso intensivo de pantallas reduce el tiempo que los niños dedican a juegos reales, interacción con familiares o amigos, actividades al aire libre, comunicación cara a cara. Al socializar menos y no practicar tanto las habilidades sociales puede hacer una interferencia en su desarrollo emocional afectando a su empatía, regulación de emociones o tolerancia a la frustración.
Un nuevo estudio de 2025 asocia un mayor tiempo de pantalla con un aumento de problemas emocionales y de conducta en niños pequeños: mayor irritabilidad, impulsividad, dificultad para esperar y una baja tolerancia al aburrimiento entre otros.
Asimismo, hay evidencias crecientes de que el abuso de pantallas se relaciona con peores indicadores de salud mental en infancia y adolescencia: ansiedad, depresiones leves, conducta disruptiva y problemas de control emocional.
Sueño alterado, salud física y hábitos sedentarios
Uno de los efectos más documentados es el impacto en el sueño. La luz azul de las pantallas, la estimulación constante y los horarios alterados interfieren con el ritmo natural del descanso, perjudicando la producción de melatonina y provocando dificultades para conciliar o mantener el sueño.
Este sueño insuficiente, además, se relaciona con un bajo rendimiento escolar, alteraciones emocionales, irritabilidad y problemas de concentración. Por otro lado, pasar muchas horas sentado delante de una pantalla reduce significativamente la actividad física, lo que favorece hábitos sedentarios, sobrepeso u obesidad. También problemas posturales, salud visual alterada e incluso riesgos metabólicos en el largo plazo.
Riesgos en funciones cerebrales y desarrollo neurológico
Más allá de lo visible, es decir, el lenguaje, sueño o conducta, hay estudios que señalan impactos más profundos: un desarrollo cerebral alterado, con posibles modificaciones en la estructura y conectividad de ciertas áreas cerebrales, principalmente cuando la exposición ocurre en edades muy tempranas.
Estas alteraciones podrían afectar las funciones ejecutivas: control de impulsos, regulación emocional, toma de decisiones y flexibilidad cognitiva, las cuales son capacidades fundamentales para la vida adulta.
Por qué los niños pequeños son especialmente vulnerables
La infancia, sobre todo en los primeros años, es una etapa de alta plasticidad cerebral. Es cuando se configuran muchas de las bases del desarrollo cognitivo, lingüístico, emocional y social. Cuando en ese período predominan las pantallas y no el juego, la interacción humana o la exploración activa, el cerebro puede “privarse” de experiencias fundamentales.
No todo es blanco o negro: las pantallas no son negativas si se utilizan bien
Es importante destacar que los efectos dañinos aparecen con un uso excesivo, descontrolado y prolongado. Un uso moderado, supervisado, con un contenido adecuado y acompañado por adultos no tiene efectos graves, de hecho, en ciertos casos como cuando se utilizan contenidos educativos o lúdicos compartidos, puede aportar a los niños beneficios tanto sociales como cognitivos.
La clave está en equilibrar: combinar pantallas con momentos de juego libre, socialización, actividad física, descanso y estímulos reales.
Para proteger el desarrollo infantil frente al uso excesivo de pantallas, los expertos recomiendan limitar el tiempo según su edad, evitar dispositivos antes de dormir, fomentar alternativas como el juego físico, la lectura, la creatividad y el contacto social real. También se aconseja acompañar siempre el consumo digital para que sea educativo y no un “canguro” tecnológico. También es fundamental equilibrar lo digital con experiencias reales, así como vigilar las señales de alerta que puedan indicar que la pantalla esté ocupando un espacio excesivo en su vida.
