Guardianes de la “carretera de la muerte”: el peligroso trabajo de quienes protegen las rutas logísticas que conectan el frente ucraniano

Guardianes de la “carretera de la muerte”. LARA ESCUDERO
  • Así es la ruta que conecta la ciudad de Druzhkivka y la primera línea del frente de Kostiantynivka

  • Los drones rusos vigilan este tramo, convirtiendo todo vehículo en objetivo

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Esta es la llamada carretera de la muerte. “Donde termina la vida”, expresa Hatab, capitán de defensa antiaérea del ejército de Ucrania. A partir de este punto, ni siquiera los blindados pueden continuar. Es la ruta que conecta la ciudad de Druzhkivka y la primera línea del frente de Kostiantynivka (Donetsk). Ese frente está a dos kilómetros desde este punto, pero ahora esta carretera hay que cruzarla andando precisamente por seguridad.

El intercambio de artillerías no cesa. Pero el verdadero peligro está en el cielo. Los drones rusos vigilan, convirtiendo todo vehículo en objetivo. Civil. Sanitario. Militar. Los más letales son los FPV. Ni el radar de la antiaérea los detecta. Por eso, ellos son la única esperanza. Son los guardianes de la carretera.

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Entre ramajes y zanjas, agudizan sentidos para neutralizar cualquier amenaza. El área está invadida. Y deben batirse casi en cuerpo a cuerpo con los drones. De ellos depende que toda misión logística se complete con éxito y sin bajas humanas. “Es una ruta muy importante, donde hacemos cambios de pelotón, trasladamos munición y comida o evacuamos heridos”, explica Hatab.

Kilómetros a pie y evacuaciones en patinetes eléctricos bajo la lluvia de los drones

Los guardianes tienen hoy una labor importante, optimizar la estructura de las trincheras desde las que trabajan para proteger a la infantería que cruza la carretera para entrar y salir del frente. La situación es tan comprometida, que las brigadas hacen ya los traslados a pie, usando carritos de la compra, robots terrestres o patinetes eléctricos para evacuar heridos. “Cuando usas un vehículo motorizado, se produce mucho ruido. Cuando empleamos una bici eléctrica, o caminas, todo es más silencioso. Nos da más margen para observar lo que ocurre a nuestro alrededor”, añade Hatab. La paradoja de una guerra altamente tecnologizada, en la que los soldados vuelven a la esencia primitiva de marchar andando ante peligros inminentes durante kilómetros.

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Su labor es arriesgada. Y dura. Loha escolta esta posición desde hace dos meses. Su galería de fotos, confiesa, le sirve de refugio, para recordar a los suyos.

El trayecto de vuelta es otra misión. Ni ellos saben si regresarán a casa. La escena es apocalíptica. La carretera se extiende como una cicatriz infinita. A ambos lados, tan solo persisten los esqueletos de casas que un día fueron hogar. El asfalto presenta heridas de cráteres profundos por los impactos de proyectil. Entre los escombros, aún se intuyen restos de enseres personales o peluches deshilachados, que merodean gatos y perros ahora huérfanos.

El peligro acecha cada tramo. El vehículo blindado que trasladó a la unidad esta mañana recibió un ataque de dron. Ahora yace en la cuneta. En la zona de la muerte, un segundo puede cambiarlo todo.