Trump, finalmente, fue más TACO que 'loco': el uranio sigue ahí y el control del Estrecho de Ormuz es iraní

Trump se dejó arrastrar por Israel a una guerra contra Irán y cayó en la trampa del estrecho de Ormuz.. Cuatro
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Trump always chickens out, Trump siempre se raja. Lo acuñó un periodista del Financial Times por sus vaivenes y amenazas con los aranceles. Lanza amenazas terribles y luego las rebaja, las aplaza o se olvida de ellas. Es su táctica negociadora. En Irán hay muchos que piensan que Trump ha vuelto ser un TACO.

La realidad suele ser más compleja. Trump se dejó arrastrar por Israel a una guerra contra Irán y cayó en la trampa del estrecho de Ormuz. Le prometieron que caería el régimen islámico en cuestión de días y subestimó el impacto económico que iba a tener el cierre de esta vía petrolera.

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Ese cierre ha sido el arma más potente de Irán. A partir de ahí, Trump ha estado buscando una rampa de salida y ha querido encontrarla en la oferta de alto el fuego a cambio de la reapertura del estrecho.

El presidente de EEUU puede haber alcanzado sus objetivos militares, pero poco más. Es cierto que Trump ha degradado la capacidad militar de Irán y ha decapitado a su antiguo liderazgo. No lo mes menos que el Gobierno de los ayatolás sigue en pie y Trump acepta negociar sobre sus exigencias.

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El uranio enriquecido iraní sigue intacto y el control del Estrecho de Ormuz sigue estando de facto en manos iraníes. El impacto sobre la economía tampoco favorece a Trump ante sus votantes y la opinión pública americana. No en vano, la inestabilidad energética ha provocado un episodio inflacionario de duración incierta.

Y en el plano político, la guerra de Irán ha tensionado las relaciones con los aliados de la OTAN, ha deteriorado la imagen de estabilidad y prosperidad de los estados del Golfo y puede costarle caro al presidente en las elecciones de medio mandato.