El Mossad hackeó las cámaras de tráfico de Teherán para acabar con Jameneí

Así fue la operación de precisión para acabar con Jameneí. Cuatro
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Hoy tenemos más detalles sobre la operación para asesinar al líder supremo Jamenei. Los analiza José Luis Fuentecilla, subdirector de Noticias Cuatro.

Fuentes de la CIA y del Mosad hablan de un ataque de precisión. El lugar clave fue la calle Pasteur, en el corazón de Teherán. Ahí se encontraba la sede de la presidencia iraní, del líder supremo y del consejo de seguridad nacional. Los misiles de EEUU e Israel lo dejaron arrasado. Entre las ruinas se encontraban el líder Supremo, el ayatolá Jamenei y altos jefes militares iraníes. La CIA y los israelíes sabían que todos estarían allí reunidos el sábado por la mañana. Lo que no sabían los iraníes es que los israelíes les estaban siguiendo e incluso viendo.

Los servicios de inteligencia sabían de esa reunión porque hace años que el Mosad hackeo las cámaras de tráfico de Teherán. Esto les ha servido para elaborar dosieres minuto a minuto con las direcciones de los guardaespaldas, de los conductores, sus turnos, las rutas que hacían y, sobre todo, a quién protegían. "Conocemos las calles de Teherán como si fueran las de Jerusalén", ha desvelado una fuente del Mosad. Además los israelíes han utilizado algoritmos para automatizar el análisis de miles de datos de todo tipo sobre objetivos individuales que antes llevaba mucho tiempo analizar.

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La tecnología fue clave. Un objetivo de alto valor como Jamenei exigía la máxima confirmación y vino del espionaje de siempre, del analógico, de un agente de la CIA incrustado en los más altos niveles de liderazgo iraní. Los líderes iraníes se confiaron. El bombardeo del complejo tenían que ser el primer ataque. Antes no hubo nada. Nada que pudiera alertar a los iraníes. Tuvieron que ajustar el plan de ataque al conocer la reunión. No solo eso. Los israelíes hackearon varios repetidores de móviles cercanos al complejo presidencial para que nadie les pudiera alertar. Si les llamaban, parecería que estaban comunicando. Querían evitar que se refugiaran en sus búnkeres, donde serían inalcanzables.

Tras recibir el ok, los aviones israelíes que ya estaban en el aire volaron hacia Teherán. Dos horas y cinco minutos después alcanzaron su objetivo. Les lanzaron 30 bombas de precisión, misiles Sparrow, capaces de acertar en una mesa de comedor desde 1.000 kilómetros de distancia. Eran las 9:40 de la mañana en Teherán. Nadie esperaba un ataque a plena luz del día. Y tal vez nadie esparaba que Israel y EEUU se atreverían a asesinar al líder de una potencia extranjera.