El reportero Andrés Mourenza, testigo de la desesperación de los iraníes que huyen del país tras la represión de los ayatolás: "Temen represalias"

'Noticias Cuatro' ha sido testigo de la desesperación de los iraníes que huyen del país tras la represión de los ayatolás
La imagen de las protestas en Irán: Fotografías de mujeres prendiendo un cigarrillo con la imagen del líder supremo, Ali Jamenei
Kapiköy, TurquíaLa situación en Irán sigue marcada por la tensión y la incertidumbre tras las recientes revueltas que han sacudido el país y que han dejado miles de muertos. Mientras en el plano internacional se observa con atención cualquier movimiento de Estados Unidos, el expresidente Donald Trump se ha referido en las últimas horas a sus planes respecto a Irán, dando a entender que un posible ataque contra el régimen de los ayatolás habría quedado, al menos de momento, aplazado.
Sobre el terreno, la realidad es mucho más cruda. En los últimos días, numerosos ciudadanos iraníes han comenzado a cruzar la frontera hacia Turquía en busca de seguridad, información y contacto con el exterior. Uno de los puntos clave de este éxodo es el paso fronterizo de Kapiköy, donde se concentran personas que huyen del país tras la dura represión de las protestas, como ha comprobado el reportero de 'Noticias Cuatro' Andrés Mourenza.
La situación en Irán, según los ciudadanos que han huido del país
Según los testimonios recogidos por el reportero de 'Noticias Cuatro' entre quienes han logrado salir de Irán, el régimen ha conseguido retomar el control de la situación mediante una respuesta extremadamente violenta.
Todos coinciden en que las protestas han sido sofocadas “a sangre y fuego” por las fuerzas de seguridad, lo que ha provocado un clima de miedo generalizado entre la población.
Andrés Mourenza explica que la mayoría de las personas que cruzan la frontera se niegan a mostrar su rostro ante las cámaras o a dar su nombre real. El temor a posibles represalias contra ellos o sus familiares es constante. Muchos aseguran haber sido testigos directos de la brutalidad policial durante las manifestaciones.
Uno de los refugiados, vecino de Teherán, ha explicado cómo presenció disparos efectuados por la Policía con escopetas a bocajarro contra los manifestantes que protestaban en las calles.
Otros testimonios apuntan a una represión aún más grave. Una mujer iraní ha explicado que su hermano trabaja en uno de los hospitales que han recibido a decenas de heridos durante los disturbios. Según su relato, muchas de las heridas atendidas indican que los disparos se realizaron directamente contra órganos vitales, lo que refuerza la idea de que las fuerzas de seguridad actuaron con la intención de causar el mayor daño posible.
Además del miedo y la violencia, el aislamiento informativo se ha convertido en otro de los grandes problemas para la población iraní. El acceso a internet lleva cortado alrededor de 10 días dentro del país, lo que ha dejado incomunicadas a millones de personas. Por este motivo, algunos ciudadanos se acercan hasta la frontera con Turquía simplemente para poder conectarse a la red y avisar a sus familiares en el extranjero de que siguen con vida y se encuentran a salvo.
A pesar de que el régimen haya logrado, por ahora, imponer el orden y frenar las protestas, entre quienes huyen existe una percepción común: el poder ha perdido toda legitimidad. La represión violenta, el elevado número de víctimas mortales y la falta de libertades han provocado una ruptura definitiva entre el gobierno y buena parte de la sociedad.
Muchos consideran que, aunque esta vez las autoridades hayan ganado la batalla en las calles, el coste ha sido demasiado alto y difícilmente reparable. La desconfianza hacia el régimen es absoluta y el miedo se mezcla con una profunda sensación de injusticia.

