Algunos ceutíes, en contra de los puestos de acogida de migrantes cerca de escuelas: "Ceuta no es un CETI"

Algunos ceutíes, en contra de los puestos de acogida de migrantes cerca de escuelas: "Ceuta no es un CETI"
Algunos ceutíes, en contra de los puestos de acogida de migrantes cerca de escuelas. Noticias Cuatro
  • El Gobierno está levantando otros dos campamentos, entre ellos uno en la zona de Los Rosales

  • Los operarios trabajan contrarreloj para instalar las carpas, pero el nuevo emplazamiento ha provocado el rechazo de los vecinos

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CeutaLa dimensión de la crisis tras la llegada masiva de migrantes a Ceuta sigue sin encontrar una solución. Las imágenes muestran cómo la playa de El Trampolín se ha convertido en una auténtica ciudad de chabolas, levantada con los pocos materiales que tienen a su alcance quienes permanecen allí.

A ras de suelo están las historias de quienes llevan más de un mes viviendo en estas condiciones. Entre ellos está Abdel, de 24 años, uno de los primeros migrantes en llegar a la ciudad autónoma. Lleva 37 días en la playa y asegura que las condiciones de higiene o la falta de comida no son lo más difícil de soportar. Lo que más pesa, dice, es el miedo y la incertidumbre sobre qué ocurrirá con ellos.

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Las organizaciones humanitarias intentan cubrir algunas de sus necesidades básicas. Reparten alimentos y también facilitan electricidad para que puedan cargar sus teléfonos móviles. .

El Gobierno trata de sacar de las calles

Mientras tanto, el Gobierno trata de sacar de las calles a quienes todavía permanecen fuera de los centros de acogida. Se están levantando otros dos campamentos, entre ellos uno en la zona de Los Rosales.

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Los operarios trabajan contrarreloj para instalar las carpas, pero el nuevo emplazamiento ha provocado el rechazo de los vecinos. A pocos metros se encuentra una escuela infantil y los residentes han mostrado su indignación por la ubicación elegida. La tensión ha llegado hasta el punto de que la Policía ha impedido que algunos de ellos se aproximaran a la zona para evitar que pudieran bloquear los trabajos.

Una situación que refleja la presión que soporta una ciudad que, más de un mes después de la llegada masiva, continúa a la espera de una respuesta capaz de aliviar la situación tanto de los migrantes como de los propios ceutíes.