Luis García Jambrina: “A Unamuno le podían haber fusilado, pero tras Lorca no querían otro escándalo”

Luis García Jambrina: “A Unamuno le podían haber fusilado, pero tras Lorca no querían otro escándalo”
Una imagen de Luis García Jambrina en su entrevista con Manso. Realización: Gabriel Pérez Iglesias
  • El profesor y escritor zamorano presenta ‘El último caso de Unamuno’, donde sondea en la sospechosa muerte del intelectual vasco.

  • Sitúa a Unamuno como detective y víctima en la Salamanca de 1936, convertida en cuartel general de las tropas franquistas.

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‘El último caso de Unamuno’ es la culminación de un proyecto narrativo y de investigación que Luis García Jambrina ha gestado durante cuatro décadas. En esta novela, publicada por Alfaguara, el autor traslada al lector a la Salamanca de finales de 1936 para cuestionar la versión oficial sobre el fallecimiento de Miguel de Unamuno el 31 de diciembre de ese mismo año. “A Unamuno le podían haber fusilado, pero los sublevados no querían otro escándalo tras la muerte de Federico García Lorca”, explica en una entrevista con Noticias Cuatro.

La obra destaca por una estructura narrativa en la que el intelectual bilbaíno actúa simultáneamente como pesquisidor y como centro del misterio. La trama se divide en dos líneas temporales y narrativas que se entrelazan: Unamuno como detective y como víctima.

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Antes de su muerte, el rector investiga el presunto suicidio de Daniel Carbajo, un catedrático jubilado de Derecho de la Universidad de Salamanca. Tras el fallecimiento del filósofo, sus colaboradores habituales -el abogado Manuel Rivera Jambrina y la anarquista Teresa Maragall- asumen el rol de investigadores para descubrir qué ocurrió realmente en su despacho.

Jambrina utiliza la ficción para exponer una hipótesis inquietante: la posibilidad de que Unamuno no muriera de forma repentina frente a un brasero, sino que fuera víctima de un crimen oculto. El autor sugiere que en la época era común encubrir asesinatos bajo la apariencia de causas naturales. Según sus propias palabras, Unamuno no murió "en" 1936, sino que "murió de 1936", debido a la presión y el aislamiento tras su enfrentamiento con el general Millán-Astray.

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Pese a ser una novela de género negro, el 90 % de las situaciones y personajes son históricos. Jambrina describe una Salamanca ocupada por el cuartel general de Franco, donde el filósofo era visto como una "bomba de relojería" por los militares sublevados.

Esta obra no solo cierra un círculo literario iniciado con El primer caso de Unamuno (2024), sino que también sirve de altavoz para la petición real de exhumación de los restos del autor, con el fin de determinar científicamente si fue envenenado.