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David Muñoz: "Fui a un psicólogo para controlar la parte obsesiva de mi profesión"

El chef David Muñoz, dueño del restaurante Diverxo, premiado con tres estrellas michelín, ha viajado con Jesús Calleja hasta Perú para poner al límite su fortaleza física y mental, superar su vértigo y demostrar su destreza en los fogones con ingredientes improvisados.

El éxito no es fácil de llevar y eso lo sabe David Muñoz. Diverxo, su restaurante, ya cuenta con tres estrellas Michelín, pero no ha sido fácil alcalzar el éxito. "Tuve que vender mi casa, mi coche e hipotequé a mi familia para poder abrir Diverxo", ha contado el cocinero. Además, ha contado que le costó mucho asimilar su fama: "Antes de conseguir la tercera estrella me encontraba fatal, tenía ansiedad", ha dicho David, y ha añadido: "No podía seguir así y cambié mis hábitos, comencé a hacer mucho deporte, cambié cosas de mi vida, fui a un psicólogo para que me ayudase a entender la parte más creativa y obsesiva de mi profesión porque pasas el día dando vueltas a las cosas".
Amante de los tacos bien utilizados, David ha afirmado que se siente muy cómodo consigo mismo: "Me miro al espejo y me dijo: ¡Joder, cómo molo!". También ha declarado que ha aprendido a escuchar a la gente que tiene cerca porque es algo que tiene beneficios. "En mi vida no existe la soberbia. Hablar con la verdad por delante no está bien visto pero me ha generado más alegrías. Si algo me caracteriza es que siempre dicho la verdad", ha explicado
David Muñoz se ha enfrentado a su primer descenso por las cataratas con tensión y algo de miedo. "Estás temblando", le ha dicho Jesús Calleja mientras descendían. "No digas que estoy temblando con la televisión delante", ha respondido él. David ha conseguido pasar la primera etapa sintiéndose orgulloso de su mérito: "Me he cagado pero lo he bajado, eso es lo importante".
Un mes después de la vuelta de su viaje, David se ha reencontrado con Jesús Calleja en su restaurante de Madrid, Diverxo. Como bien dijo el chef, "la venganza se sirve en un plato frío". Eso es lo que ha intentado conseguir cuando ha pedido al aventurero que rellenara gulas, algo imposible.