Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Vinette:"Estudiar es un lujo que me puedo permitir gracias a la prostitución"

Este curso las tasas universitarias han aumentado hasta un 50% en algunas Comunidades Autónomas, lo que supone unos 540 euros más por la misma matrícula. "Estudiar es un lujo que me puedo permitir gracias a la prostitución",  asegura Vinette, estudiante de segundo de Traducción e Interpretación, que lleva poco más de un año alquilando su cuerpo en un local de Barcelona muy próximo a la zona universitaria. "Necesito dinero para vivir y en las prácticas de farmacia no me pagan", añade Anastasia, una compañera del mismo club.

España tiene el índice de desempleo juvenil más alto de la Unión Europea. Pedro estudia primero de Ciencias Ambientales en Murcia y este mes se ha desplazado a Madrid para prostituirse con hombres tras llevar más de un año en paro. "Cuando tienes que hacer ciertas cosas para estar aquí, es algo que valoras", asegura Pedro, que ha pagado 1200 euros por su matrícula, 300 euros más que el año anterior. El paro también ha acercado a Sandra, estudiante de Enfermería, a esta profesión. Lleva mes y medio prostituyéndose: "Mis padres no lo aceptan y yo tampoco lo aceptaría, pero no pueden hacerse cargo de mis estudios".

La prostitución universitaria tiene otros nombres propios. Claudia estudia Empresariales y Héctor económicas, ofrecen sexo en pareja a partir de doscientos euros la hora. "No somos pareja sentimental, sólo profesional" confiesa Héctor, quién piensa dejar la profesión cuando acabe los estudios. "La mayoría de universitarias no lo hacen por necesidad", reflexiona Valeria, modelo que ha asistido a fiestas como acompañante de caballeros por 10.000 euros la noche, junto con otras universitarias. "Sus padres se lo pagan todo, pero quieren asistir a fiestas y tener bolsos y zapatos de hasta 3.000 euros".
A sus 22 años, Itziar gana 1.000 euros semanales. "No quiero que piensen que la matrícula me cuesta tanto y por eso me prostituyo. Yo lo hago porque quiero", especifica. "Empezé a flirtear con la prostitución, cansada de echar currículums y de cobrar 5 euros la hora". Ahora cobra más de 150 euros por servicio.
Como Itziar, muchos jóvenes se inician en el sector tras recibir proposiciones en lugares de ocio y fiesta o cuando están trabajando como azafatas e imagen de ferias y congresos. Blanca supo decir "no" cuando se le acercó una chica joven que había unido dos conceptos: chicas jóvenes que necesitan dinero y señores mayores que buscan compañía. "Ella me lo vendió como una agencia de modelos y azafatas, pero no lo era", razona Blanca, sorprendida todavía por la proposición.
Además de ser una realidad, el fetiche universitario es una herramienta de marketing que utilizan los profesionales del sexo para captar clientes. La mayoría de anuncios de internet y clasificados de periódicos son falsos. Ángel se publicita como gigoló para mujeres con estudios universitarios, "para dar más pena"  y Laia se "hacía pasar por diferentes universitarias, obligada por la agencia para la que trabajaba". Ambos se retractan.

Pero hay quienes llevan su mentira hasta límites insospechados. En un Club de Valencia, Sara nos  muestra sus libros, tras asegurar que estudia primero de psicología. Su guión se desmorona al enseñarnos un manual de autoayuda sin subrayar y un cuaderno en blanco. En otra casa particular valenciana, Eva, Silvia, Lissi y Vicky se hacen pasar por cuatro estudiantes, de cuatro materias diferentes. No llegan tan lejos y confiesan con humor  "a veces nos lo inventamos por el morbo que da a los clientes, pero las fotos son reales".